jueves, 26 de febrero de 2015

Una historia política italiana


El PC de Italia quería evitar la visita de sus jugadores en protesta a la dictadura de Pinochet. Los jugadores italianos deseaban jugar, con críticas en su país, especialmente a Panatta, identificado con el PCI.
MARIANO ASENJO PAJARES  14/02/2015

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“Autocontenido como un oriental, se movía con la seguridad que emplean los bajitos que se saben altos…” 
M. Vázquez Montalban, sobre ‘Il marquesino’ Enrico Berlinguer

Un 18 de diciembre de 1976, en países tan alejados geográficamente como Italia y Chile, coincidían en un mismo tema las portadas de sus periódicos: el tenis, aunque bien es cierto que el tono y la actitud de los planteamientos eran contrapuestos. En Italia se llamaba a festejar su triunfo en ‘Copa Davis’, la más prestigiosa competición del mundo por equipos nacionales, en la final disputada ante Chile, en Santiago. Los anfitriones, mientras tanto, apenas si podían camuflar la frustración que siempre acompaña a la derrota, tras el consuelo de una entrega apasionada en medio de un ambiente enfervorizado, donde los jugadores andinos Patricio Cornejo y Jaime Fillol se vaciaron frente al equipo italiano, y el escrutinio de los generales de Pinochet.

Entre los componentes de aquella ‘Escuadra azzurra', se encontraban dos grandes jugadores, Paolo Bertolucci y, en especial, Adriano Panatta. Este último –que concitará más adelante la atención de nuestro relato- llegaría en 1976 al cénit de su carrera, alcanzando su mejor posición en el tablero de los grandes del tenis al encaramarse al puesto Nº4 de lo que hoy sería la clasificación ATP. Eran los tiempos de Ilie Nastase, Jimmy Connors, Manuel Orantes, John McEnroe, Björn Borg …

Bien, hasta aquí la muy esquemática síntesis de aquel torneo. Pero en los anales de la‘Ensaladera de Plata’, aún hoy se considera la ‘Copa Davis-76’ como una de las más polémicas de la historia. En sus crónicas, los periódicos de aquel tiempo destacan el hecho de que los italianos ni siquiera acudieran al banquete oficial en honor de los campeones. En un titular con ínfulas de trascendencia ‘Il Giornale’ señaló: “Italia ganó dos veces la ‘Copa Davis’, primero logrando ir a jugar la final, y la segunda, ganando en el propio terreno de los chilenos”.

Ciertamente, el contexto político que vivía Italia en esa época estuvo a punto de echar por tierra aquel duelo, principalmente debido a la férrea oposición planteada por el Partido Comunista de Italia (PCI), que quería evitar a toda costa la visita de sus jugadores a Santiago, en señal de protesta y condena a la dictadura de Augusto Pinochet. Al mismo tiempo, los jugadores italianos manifestaban su deseo de jugar la final, lo que fue motivo de críticas en su país, especialmente a Panatta, identificado con el Partido Comunista. Un grupo de jóvenes llegó a ocupar las instalaciones de la Federación de tenis al grito de, "no jueguen con el verdugo Pinochet”.

Precisamente, sería a raíz del aniquilamiento del Frente Popular en Chile y el asesinato de Salvador Allende, en 1973, cuando Enrico Berlinguer, el mítico Secretario General del PCI, en una serie de artículos aparecidos en Rinascità, la revista de debate y cultura del PCI, expuso como mejor solución para su país y evitar tentaciones de autoritarismo, una propuesta política orgánica y de largo alcance que se dio en llamar el compromiso histórico. En las elecciones italianas de 1976 el PCI, el partido comunista más importante de occidente, llegó al 34% de los votos.

En medio de este estado de cosas, el tira y afloja de la participación del equipo italiano en la gran final de la ‘Copa Davis’ duró más de un mes. La situación era compleja, pero de pronto algo pasó…, aunque pasaron años antes de que el secreto fuera desvelado por el realizador Domenico Calopresti en el documental "La Maglietta Rossa" (La Camiseta Roja, 2009), donde se relatan todos los secretos de aquel episodio deportivo/político.

Faltando muy pocos días para la fecha, a través de Ignatius Pirastu, jefe de la Comisión de deportes de PCI, llegaron noticias de Berlinguer (sardo de pocas palabras, elegante y tenaz negociador), quien a su vez había intercambiado mensajes con el entorno de Luis Corvalán, secretario general del Partido Comunista de Chile, preso de la dictadura pinochetista que por esos días era liberado en Zurich gracias a la presión de la URSS.

La vía para jugar la final estaba despejada, eso sí, Adriano Panatta saltó a la pista con una indumentaria especial, una camiseta roja y, a su vez, convenció a su compañero de doble, Paolo Bertolucci, para que hiciera lo mismo...

En cierta ocasión, mucho más reciente en el tiempo, le preguntaron a Adriano por aquella camiseta roja, “¡quién sabe dónde estará –respondió-, quién sabe si la perdimos, lo importante, creo yo, son los buenos recuerdos!”.

Publicado en el Nº 281 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2015

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