viernes, 27 de febrero de 2015

JUGUEMOS AL ESCONDITE



@lecorbusier2



No sé porqué desde que cayó el Muro de Berlín la izquierda ha entrado en una dinámica clandestina a la hora de esconder el nombre de las organizaciones que marcaban nuestro estilo y nuestra forma de hacer política.
Empezamos con la coalición de IZQUIERDA UNIDA que aprovechando la lucha anti-OTAN de varios colectivos sociales y políticos, y donde el PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA cedió sedes y estructuras renunciando a poder presentarse  cualquier contienda electoral. De esta manera desaparecía el nombre de comunismo tan dañino parece ser, a todo el mundo.
Aceptamos esa decisión de nuestros mayores porque por lo menos aparecía la palabra IZQUIERDA cosa que nos seguía en cierta manera diciendo lo que somos y lo que queremos. Pero en estas municipales se está volviendo a este asunto otra vez ya que en estos nuevos colectivos que se están creando de cara a los municipios la palabra IZQUIERDA ha desaparecido en beneficio de la confluencia (que yo pensaba que los que confluíamos éramos de izquierdas) y por no dar esa imagen del pasado o de radicales de cara a la galería o de cara al ex votante del PP entre otros, que jamás no va a votar.
Y yo desde mi desconocimiento no lo entiendo, y no lo entiendo porque es precisamente ahora cuando el capitalismo mas aplica sus políticas desgarradoras hay que tener referentes claros que enseñen los dientes. Si el comunismo existe es porque ha existido explotación, siendo este el contrapoder de los poderosos y de los privilegiados.
A cada paso que se da en ese camino de esconder lo que somos o camuflar lo que sentimos nos hemos dejado pelillos por el camino, y me refiero a pelillos ideológicos. Nos hemos modernizado tanto que muchas veces nos cuesta distinguir el polvo de la paja y cualquiera puede militar cómodamente en las organizaciones de izquierdas porque no le significa ningún cortocircuito en sus neuronas. Nos hemos modernizando tanto queridos lectores que ya no nos conoce ni la madre que nos parió porque ha cada movimiento realizado hemos perdido nuestra alma digamos revolucionaria. Tanto es así que cuando se defienden posturas de la izquierda clásica como puede ser la planificación económica o la nacionalización de los sectores económicos estratégicos nos miran, desde dentro incluso, como si fuéramos dinosaurios resucitados de museo de ciencias naturales.

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