miércoles, 26 de diciembre de 2018

De Salvini a Bolsonaro y Vox. ¿Qué hay detrás de la ultraderecha?


El triunfo del capitán Jaïr Bolsonaro en las elecciones de Brasil es el último proyecto ultrareaccionario que llega al poder con un programa xenófobo, machista, autoritario y neoliberal. La lista es cada vez más larga: Donald Trump en los Estados Unidos, Matteo Salvini en Italia, Recep Tayip Erdogan en Turquía, Víktor Orban en Hungría, Rodrigo Duterte en Filipinas, Heinz- Christian Strache en la vicepre- sidencia de Austria.... En otros países la ultraderecha no ha llegado a tocar poder, pero tiene suficiente peso para marcar la agenda política: el UKIP en el Reino Unido, el Frente Nacional en Francia (11 millones de votos en la segunda vuelta de las presidenciales del año pasado) o Alternativa por Alemania (92 diputados en el Bundestag). Los ritmos y las características del avance de la ultraderecha dependen de la situación de la lucha de clases en cada país, pero es evidente que más allá de las particularidades nacionales hay una dinámica global que tenemos que saber analizar y comprender.

Un capitalismo en crisis

El auge de la ultraderecha hoy se explica en primer lugar por otra dinámica global: la crisis sistémica del capitalismo. Diez años después del estallido de la crisis de 2008, la clase trabajadora y los sectores populares sólo han visto hundirse sus condiciones de vida. Y desde los gobiernos, los grandes partidos –socialdemócratas o conservadores- han respondido con privatizaciones al servicio del capital financiero, recortes de los servicios públicos y de la protección social, y con más represión.

El problema no es nuevo, es un sistema agotado en el sentido que sólo puede crecer en base a una gran destrucción, y que lo hace con la rapiña de los recursos del planeta, al dictado de los intereses del capital financiero. Lenin ya definía la fase actual como una época de «guerras y revoluciones», y justamente esto es lo que estamos viendo, también con el consecuente desplazamiento forzado de poblaciones que la ultraderecha convierte en argumento para atizar el miedo al inmigrante.
Esta crisis ha dejado al descubierto los límites de la democracia burguesa y sus instituciones, que a los ojos de todo el mundo no gobiernan para la mayoría sino en defensa de los intereses del capital financiero. Se mire por donde se mire, desde los rescates de la banca, hasta las políticas de austeridad para salvar el sacrosanto pago de la deuda de los estados, hasta la privatización de la sanidad, los gobiernos –socialdemócratas y conservadores- gobiernan para los bancos. Son ellos quienes dictan las políticas y no por casualidad sino porque todo el sistema económico, hoy, depende de ellos, por encima de otros componentes del capital.
Esto también trae emparejado el problema de la corrupción, que no es sino que la otra cara de este capitalismo podrido. Esto ha supuesto una inmensa deslegitimación de las instituciones de la democracia burguesa: en estos años se ha visto claro como de nada servía el principio «de una persona un voto», ni los grandes partidos tradicionales, ni siquiera los grandes aparatos sindicales. Crece el rechazo a los grandes partidos y las instituciones a través de las cuales se han aplicado las políticas neoliberales y que han servido para vehicular la corrupción.

Todo este malestar de abajo no encuentra respuesta en una «nueva izquierda», que se empantana con políticas imposibles de moderación que tratan de paliar la situación evitando una ruptura para no enfrentarse con los capitalistas y las instituciones del estado. La extrema derecha aprovecha el hecho que no hay una alternativa de la izquierda a la desesperación obrera y popular, para denunciar demagógicamente a banqueros y políticos, a la burocracia de la UE, a alentar el miedo con la xenofobia y haciendo renacer el gran nacionalismo opresor... Un discurso amplificado por las redes sociales, con mensajes simples y rápidos, en un momento en que los viejos medios de comunicación están tan desacreditados como los partidos y las instituciones porque, en manos de los bancos, también han tapado las vergüenzas del sistema.
El capital financiero y los gobiernos abren la puerta

Con todas las condiciones a favor, los proyectos de ultraderecha necesitan aún otra cosa para salir de la marginalidad: el dinero de sectores del capital financiero que se preparan esta carta por si un día no tienen bastante con los aparatos de control tradicional. Es cuando defienden la necesidad de un liderazgo fuerte ante el caos, la corrupción, la inseguridad, la depauperación de las clases medianas y la crisis institucional. Es el que en la teoría marxista se denomina bonapartización: un endurecimiento del estado, y el recorte de libertades democráticas -derechos de reunión, manifestación, expresión, organización- para aplicar los planes de choque que tienen que venir.
Y no tenemos que olvidar que son los mismos gobiernos (tanto socialdemócratas como de derecha) los que aceleran esta deriva reaccionaria con sus políticas. Las leyes de extranjería, las medidas de excepción justificadas en el antiterrorismo, la exaltación de la unidad nacional, las privatizaciones, los recortes.... normalizan un discurso y una lógica política que después la ultraderecha sólo tiene que llevar hasta las últimas consecuencias, dentro de un marco que se ha creado desde los partidos tradicionales.

¿Volvemos al fascismo?

Todas nos referimos coloquialmente a la ultraderecha como fascista, porque queremos aislarla y dejar claro nuestro rechazo. ¿Pero realmente estamos hablando de un regreso al fascismo como el de los años 20 y 30? Es un debate abierto dentro de la izquierda y es importante precisar los conceptos, porque no podremos ganar si no sabemos a qué nos enfrentamos. El fascismo es una forma particular de autoritarismo que no se distingue por su brutalidad (hay dictaduras militares igualmente sanguinarias y represoras) sino porque es un régimen de combate al que la burguesía recurre cuando se ve acorralada por una amenaza revolucionaria. Y tiene básicamente dos características que lo distinguen: su capacidad de movilización de las masas pequeñoburguesas y el hecho de que impone un método de guerra civil contra las organizaciones de la clase trabajadora. Es lo que Trotsky definió como «la extirpación de todos los elementos de la democracia proletaria dentro de la sociedad burguesa». No es la opción preferente de la burguesía, precisamente porque esta necesidad permanente de movilización lo con vierte en un régimen de choque que no puede perdurar muchos años: el fascismo es un movimiento con cierta autonomía al cual las burguesías recurrieron mientras no podían reconducir la situación a formas de dominación más estables de tipo dictatorial.

No creemos que el fascismo esté a la orden del día, sino que vamos a regímenes cada vez más duros, de tipo bonapartista, y por eso preferimos hablar de extrema derecha o de fascistización del discurso político.

La radiografía europea

Desde hace unos veinte años la ultraderecha en Europa vive un auge electoral sin precedentes desde los años 30. En las últimas elecciones al Parlamento Europeo, en 2014, la extrema derecha se impuso en el Reino Unido (con el UKIP), Dinamarca (el Partido del Pueblo Danés) y Francia (Frente Nacional). En 2016 el Partido de la Libertad de Austria estuvo a punto de ganar las presidenciales y después de las legislativas de 2017 entró al gobierno junto con la derecha. En septiembre del mismo año, Alternativa por Alemania colocó 92 diputados en el Bundestag. En Francia Marine Le Pen perdió las presidenciales ante Macron, pero con 11 millones de votos en la segunda vuelta, el doble que su padre en 2002. La lista de los que tocan ya poder se completa con Matteo Salvini, ministro de Interior y hombre fuerte de Italia, y Víctor Orbán, que ganó las elecciones de abril en Hungría.

Más allá de las particularidades de cada país, todos ellos comparten elementos clave de su discurso: la crítica a unas élites corruptas, traidoras y parásitas; la denuncia a estructuras de la democracia burguesa; el gran nacionalismo, o un discurso étnico o identitario; el fundamentalismo religioso (se habla mucho del radicalismo islámico pero menos del ultracatólico como el Tea Party, del apoyo de la iglesia evangélica a Bolsonaro, o del sionismo de los ultraortodoxos en el gobierno israelí); la glorificación del pueblo como un todo homogéneo, borrando las diferencias de clase; la construcción del enemigo exterior (ya sea el inmigrante, el musulmán, el judío). En muchos casos también hay machismo, homofobia, exaltación de la familia tradicional y rechazo al derecho al aborto. Todo ello envuelto tras un gran líder salvador.

La particularidad española

En el estado español todavía no tenemos grupos de ultraderecha con un impacto electoral tan significativo. Lo que hemos visto es un giro ultra del PP y de Ciudadanos, sobre todo en cuanto a la cuestión catalana y a la inmigración. Esta excepción española se explica por la impunidad con que se cerró la transición al régimen del 78. Nunca hubo una ruptura con el franquismo, que nació como un movimiento fascista (con la Falange como instrumento de movilización de masas) y que se consolidó en el poder como una dictadura burocrática-militar bonapartista. La monarquía fue la línea de continuidad que preservó el aparato del estado y Alianza Popular (y después el PP) la línea de continuidad política para blanquear el Movimiento. A diferencia de otros estados europeos, a excepción de pequeños grupos (Democracia Nacional, España 2000, Falange...), la ultraderecha no se organiza por fuera sino como un ala del PP. No ha sido hasta ahora, con la crisis y el inicio del proceso de descomposición del PP, que surge VOX. Su mitin con miles de asistentes en Vista Alegre (Madrid) es toda una señal de alarma.

Combatirla en la calle y en los barrios

Hay un sector de la izquierda que nos dice que ante el giro hacia la extrema derecha lo que tenemos que hacer es aferrarnos a las instituciones burguesas. Esta explicación confunde los términos históricos y la secuencia causa-efecto. El giro hacia la extrema derecha surge porque estas instituciones burguesas han sido el instrumento para el empobrecimiento y la represión. La polarización social que impone la crisis y el rechazo popular a gobiernos e instituciones son la base de su intento de canalizar el odio popular fuera de estas instituciones. Es por eso que defenderlas, con el argumento de que lo que viene es peor sería un error. Otra cosa es la defensa de todas y cada una de las libertades democráticas: aquí es donde hace falta un frente común y unidad de acción. Pero para hacer frente a la ultraderecha hay que levantar otro camino por la ruptura popular con unas instituciones caducas.

El otro debate tiene que ver con quien situamos como enemigo: ¿son fundamentalmente los grupos fascistas? Es lo que nos planteamos por ejemplo cada 12 de Octubre en Barcelona donde cada año convocan su concentración. Pero mientras unos centenares de neonazis se manifiestan allá, hace años que PP, Ciudadanos, Sociedad Civil Catalana y otras plataformas arrastran miles de personas en movilizaciones por la Hispanidad en el centro de la ciudad. Pensamos que son los estados y las políticas de los gobiernos quienes allanan el camino para la irrupción de la extrema derecha y finalmente del fascismo. La ley de extranjería y las expulsiones en caliente, sentencias como la de la Manada o el discurso contra Catalunya del PP, Ciutadans y el PSOE generan el espacio sobre el cual la ultraderecha se construye, y sólo tiene que presentarse como el que de verdad está dispuesto a aplicar la misma política hasta el final. Por eso, la tarea central hoy es luchar contra estas políticas y los gobiernos de turno responsables, por el derecho de autodeterminación y el resto de libertades democráticas, contra la monarquía, por los plenos derechos de los trabajadores y trabajadoras migrantes. Parando estas políticas paramos a la ultraderecha.

Y esto sólo se puede hacer planteando políticas que den respuestas reales a los problemas de la gente y necesariamente tienen que ser de ruptura: porque no se pueden satisfacer las necesidades sociales mientras se continúe pagando la deuda de los bancos, no se puede acabar el paro sin recortar el tiempo de trabajo sin reducción de sueldo, no se puede salir de la crisis sin nacionalizar la banca y no se puede resolver el problema de la corrupción y de los derechos de los pueblos sin romper con el régimen del 78.

Queda todavía un cuarto problema en la acción transformadora y es a quien nos dirigimos y dónde trabajamos. La mayoría de la izquierda ha abandonado el trabajo en las fábricas, en los barrios obreros, que muchos dan por perdidos ante la oleada naranja. ¡No! Sin ir a la base, a trabajar cada día codo con codo buscando respuestas de fondos a los problemas reales no se puede combatir una ultraderecha que, si nadie la para, se traga nuestra gente.

Cristina Mas




sábado, 22 de diciembre de 2018

Un plan de lucha y un giro a la izquierda para parar la represión y hacer posible la República catalana


Los bramidos de la derecha, del PP, de Ciudadanos y de Vox no pueden hacer “buena y amable” la cara de Sánchez y de su gobierno, que garantiza la represión e impide el derecho de autodeterminación de Cataluña. Y es por eso, por la fecha escogida, porque hay presos/as exiliados/adas, porque hay centenares de perseguidos y porque empiezan los juicios por el 1 de octubre... que el Consejo de Ministros se reúna a Barcelona, acompañado del despliegue de 1.300 policías y guardias civiles, es una provocación y hace del todo imprescindible la respuesta con la movilización como se ha dado esta mañana.

Ayer Pedro Sánchez y QuimTorra escenificaban un gesto “por el diálogo”. ¿Pero qué diálogo con los y las presas y asegurando por activa y por pasiva que el gobierno del PSOE no reconocerá el derecho de autodeterminación? Solo faltaron Ada Colau - que da cobertura a Sánchez - y la Patronal de Fomento, haciendo de anfitriones. Una foto que intenta borrar el octubre del año pasado.

La famosa división de poderes que esgrimen para dejar manos libres a los tribunales y justificar que el Gobierno “no puede hacer nada”, es tan falsa como lo explicaba el tweet de Cosidó, portavoz del senado del PP. La burguesía asegura bajo tres claves su poder de clase - que está muy ligado, no sea que en ocasiones pueda fallar una de las patas. Y hoy la realidad es que el poder judicial es quien quiere vengar la humillación que el pueblo catalán impuso al Estado el 1 y el 3 de octubre. No solo porque las imágenes de la represión recorrieron el mundo, sino porque además todo el aparato del estado y un costoso dispositivo fueron incapaces de impedir el referéndum. Y esto no lo perdonan y están dispuestos a imponer sanciones y sentencias ejemplares. El Estado no afloja, esta es la realidad a la cual tenemos que hacer frente.

Pero este estado monárquico feroz no puede esconder que está herido. El poder judicial que dictará sentencias ejemplares por los dirigentes catalanes, es el mismo que rectificaba en una acción sin precedentes los impuestos de las hipotecas en beneficio de los bancos, el mismo que unos meses atrás era señalado, por la actual ministra de Justicia, de aprovechar viajes oficiales al extranjero para abusar de menores, el mismo poder que dicta resoluciones escandalosas como las de la Mandada o de Altsasua. No es solo la justicia la que pierde toda credibilidad, lo son las otras instituciones, incluida la Corona. Y crecen los referéndums populares para cuestionar la Monarquía, como los de las universidades y los barrios de Madrid.

Pero tampoco nos engañamos con lo que pasa en la dirección del movimiento por la República catalana. La parálisis de Puigdemont/Torra y de ERC es más que notable. Pueden vender humo de la construcción virtual republicana, pero la realidad autonómica del Gobierno surgido de las elecciones de hace un año, es incuestionable. La misma formalización de la reunión de ayer con Sánchez es un nuevo intento de esta normalización. Pero el pueblo no afloja, y como lo hicimos el mismo 1 de octubre y el 3, la determinación desborda la política de las direcciones de PdCAT y ERC. Parar la represión, liberar los y las presas, avanzar más allá exige urgentemente construir una nueva referencia política y un plan de lucha para hacer efectiva la ruptura.
Y desde Lucha Internacionalista (dentro del acuerdo CUP-CC) afirmamos que esta nueva referencia y el plan de lucha necesitan un giro a la izquierda del proceso hacia la República catalana:

1) Una defensa sin fisuras de la libertad de todos y todas las encausadas. No puede haber ninguna condena: hay que preparar un nuevo octubre. Hay que organizar una nueva huelga general. Los y las presas están en Cataluña y hay que exigir que, en un acto de soberanía, sean liberados y liberadas.

2) Un giro a la izquierda porque república tiene que significar una solución a los graves problemas que tiene el pueblo trabajador catalán: desahucios, salarios y pensiones que caen, deficiencias graves en sanidad y enseñanza públicos... Los beneficios patronales ya han remontado la crisis: nuestras condiciones de trabajo y nuestros servicios públicos, no. Por eso hay que exigir al Gobierno desde la movilización respondida a las demandas sociales. Solo con este componente social, sectores de la clase obrera verán un futuro en la república catalana.

3) Hay que coordinar una campaña con el País Valenciano y las Islas, con el pueblo vasco, con el resto de pueblos del Estado español contra la Monarquía, contra el régimen del 78, por una ruptura con el franquismo que nos negaron en la transición.


21 de diciembre de 2018

Lucha Internacionalista

domingo, 16 de diciembre de 2018

Bolivia: paro nacional contra la reelección de Evo Morales


El gobierno de Evo Morales en 2016 perdió un referéndum para modificar la Constitución y permitir su cuarta reelección. Tuvo 51,4% de votos válidos en contra y 48,6% a favor. Pese a eso, en 2017 forzó una sentencia del Tribunal Constitucional y hace pocos días el Tribunal Electoral autorizó la reelección por cuarta vez de Evo Morales y Álvaro García Linera.

Ambos tribunales son casi totalmente dependientes del gobierno del MAS, que fue quien nombró a sus integrantes. Además un año antes de las elecciones nacionales (diciembre 2019) hizo una ley que establece elecciones "primarias" con requisitos totalmente anti-democráticos, ya que impiden en los hechos que se presenten partidos de izquierda o de los trabajadores.

En repudio a esta sentencia violatoria del referéndum de 2016 y a la ley de partidos, el 6 de diciembre se cumplió un paro nacional convocado por los Comités Cívicos y por algunas federaciones de maestros, la Central Obrera Departamental de Chuquisaca y otras organizaciones. La dirección burocrática de la Central Obrera Boliviana, que apoya a Evo Morales, se opuso al paro. Este tuvo un cumplimiento bastante importante, pero irregular, ya que no se hizo efectivo en gran parte de los sectores productivos, aunque sí hubo bloqueos que paralizaron el transporte en las ciudades y manifestaciones de decenas de miles de personas.

Según las encuestas, el 75% de la población se opone a la reelección. Y sólo la falta de alternativas populares frena que esto crezca aún más. El principal oponente electoral a Evo Morales es el ex presidente (2003 a 2005) Carlos Mesa, aquel que en su momento había caído producto de la rebelión popular.

La cuestión de fondo, como sucede con otros gobiernos llamados del "socialismo del siglo XXI" (Venezuela, Nicaragua, Ecuador), es que no se ha resuelto ninguno de los principales problemas del pueblo trabajador. La insurrección popular de 2003 contra el gobierno de Sánchez de Losada exigía la llamada "agenda de octubre", cuyo punto principal era la nacionalización y expulsión de las multinacionales del gas y que con ese excedente económico se crearan fuentes de trabajo. Hoy las transnacionales siguen dueñas del gas y de los minerales. Y también de las grandes extensiones de tierras destinadas a la agroindustria. Continúan la desocupación, la precarización laboral y la miseria en el campo, que obligan a migraciones masivas. Aunque hubo algunas mejoras en estos años, fue gracias a los altos precios de minerales y gas. Pero ahora bajaron y la economía capitalista exige un ajuste económico antipopular que el gobierno comenzó a aplicar gradualmente. Esto generó la ruptura de gran parte de los trabajadores con el gobierno de Evo Morales.

Está planteada una situación que hace posible incluso un fraude electoral masivo del gobierno para lograr ganar las elecciones (como Maduro en Venezuela) y una agudización de la crisis política con levantamientos populares.

Miguel Lamas







domingo, 9 de diciembre de 2018

¡Todos juntos por el paro general para echar a Macron!


En el editorial del Internacionalista 180 afirmábamos: "¡Reaccionarios y represivos, este régimen y este gobierno son ilegítimos! La política de la administración Macron-Philippe-Collomb no tiene nada de original. En efecto, el programa electoral de Macron no era ni más ni menos que la recuperación del 'pliego de reivindicaciones' de la burguesía, de los capitalistas.

¿Qué tendría de 'innovador' querer aplicar el programa que fue impuesto a los trabajadores, a los jóvenes y a los pueblos oprimidos de Europa a través de tratados dictados por los capitalistas? Nada. Hemos visto el resultado de la elección presidencial del año pasado: 24% de votantes, 18% de los inscriptos en el padrón votaron por Macron en primera vuelta. Tal es el voto de adhesión a su política a la cual se unieron sectores que habían votado a Fillon en primera vuelta. Todo eso no hace al 50% de los votantes, todavía menos inscritos a la segunda vuelta.

Es necesario recordar por qué este gobierno es ilegítimo. Lo es porque extrae su legitimidad de una estafa política: los que votaron a Macron, no por adhesión sino contra Le Pen, se encontraron en la tarde de la segunda vuelta contabilizados entre los apoyos a Macron. 'Las cosas repetidas agradan' dice el refrán latino, ¿luego de 2002 con Chirac, 2017 con Macron? ¡Tanto en 2002 como en 2017, cuando llamamos a votar en blanco en segunda vuelta, tuvimos razón!

Por otro lado, los porcentajes de voto en blanco entre los obreros y la juventud demostraron que la lección del 2002 fue comprendida por los principales interesados, aquellos que tienen más para perder con la aplicación de proyectos capitalistas para toda Europa y para cada país".

¿De dónde viene el movimiento de los chalecos amarillos?

Hoy vemos que entre los chalecos amarillos muchos de ellos votaron en blanco o en contra de Le Pen. La cuestión de la legitimidad del gobierno planteada por el voto en blanco obrero y activo – habida cuenta de la cantidad de paros – vino a agravar la crisis institucional y de los partidos pilares de la Quinta República, haciéndolos implosionar uno por uno.

De este modo, desde la entrada en funciones del primer gobierno de Philippe, ocho ministros dejaron sus cargos, ya sea renunciando o viéndose empujados a la salida: Richard Ferrand, Sylvie Goulard, Marielle de Sarnez, François Bayrou, Nicolas Hulot, Laura Flessel, Gérard Collomb et Françoise Nyssen.

Los chalecos amarillos percibieron el aspecto altamente antidemocrático y minoritario de este régimen y este gobierno, y no dudan en hablar de la dictadura de Macron, en particular como consecuencia de la represión de la que han sido víctimas.

Es entonces la población en su conjunto la que cuestiona hoy la política antidemocrática del garrote del gobierno de Macron-Philippe-Castaner. La exigencia de renuncia de Macron y Castaner es también una expresión de esto.

Esta explosión de cólera legítima de los jóvenes y los trabajadores surge – entre otras cosas – contra el encarecimiento de la vida, la suba de impuestos sobre el gasoil, y se generaliza alrededor de la cuestión de la defensa de los servicios públicos (en particular de los transportes) y del poder adquisitivo.

Surge en contrapunto a la política de colaboración de clase de las burocracias sindicales y políticas, que se niegan a organizar y llamar a la huelga general para parar y echar a Macron.

De este modo, no es por nada que cuando los chalecos amarillos se ponen en movimiento, es la burocracia sindical una de las más hostiles y desconfiadas – y la que grita conspiración y manipulación de la extrema derecha.

La inercia de las burocracias sindicales y políticas que practican la colaboración de clase con Macron paramantener la paz social, preparó el camino a tales explosiones de bronca que pueden muy rápido, en este contexto de crisis, transformarse en rebelión popular. La simpatía y el apoyo de que gozan los chalecos amarillos están allí para demostrarlo.

En La Réunion [isla del archipiélago ubicado al este de Madagascar, con estatus de departamento de ultramar de Francia- NdT] la situación toma un giro más radical, los chalecos amarillos allí denuncian la suba de los precios de los combustibles y el encarecimiento de los costos de vida. El 19 de noviembre la isla estuvo totalmente paralizada. Una treintena de barricadas se pusieron en pie. Las escuelas, administraciones, comercios y estaciones de servicio cerraron. Los accesos estratégicos y económicos de la isla fueron bloqueados por los chalecos amarillos.

Al cuarto día de bloqueos en la isla, el martes 20 de noviembre, el prefecto de La Réunion [representante del Estado Francés en el departamento -NdT], Amaury de Saint-Quentin, ordena el establecimiento de un toque de queda de 21 a 6 horas en catorce municipios de la isla hasta el viernes.
Evidentemente, una organización obrera digna de ese nombre no puede quedar indiferente y no procurar dar las perspectivas de clase a esta verdadera rebelión popular. Sin lugar a dudas, la situación en la isla tuvo un impacto determinante en la radicalización del movimiento en Francia, abriendo perspectivas de unión con el movimiento sindical.

Esto es lo que explica que desde muy temprano las llamadas del movimiento sindical a hacer unión con los chalecos amarillos se hayan multiplicado. FO-Transporte se distingue llamando a reunir el movimiento el 27; pero... no a la huelga.

¡Sí a la independencia de clase!

En la editorial del Internacionalista 180 planteábamos la cuestión: "¿De dónde saca entonces este gobierno su legitimidad? ¿De los dirigentes de las sociedades financieras de la City de Londres que cantan sus alabanzas y se aprestan a instalarse en París para no tener que sufrir las consecuencias delvoto de los trabajadores británicos? ¿Los dirigentes de la Unión Europea, los patrones del CAC 40 [índice bursátil francés – NdT] (...)".

No se puede comprender y combatir la política de división de las burocracias sindicales y políticas en Francia, sin comprender y combatir la unión europea capitalista y sus instituciones.

Una política de independencia de clase exige entonces romper con todas las instituciones europeas, en primer lugarcon la Confederación Europea de los Sindicatos (CES), a la cual adhieren la CGT y FO [Fuerza Obrera -NdT], y que participa activamente en la elaboración y la aplicación de la política de destrucción de todos los derechos de los trabajadores y la privatización de todos los servicios públicos.

Desde una perspectiva colaboracionista, el 11 de julio, el conjunto de las organizaciones representativas de los asalariados y el empresariado se reunieron a puertas cerradas en los locales del Consejo Económico Social y Medioambiental. Lo que denunciamos en nuestro comunicado: ¡Sí a la independencia de clase! ¡No a la convergencia de sindicatos, empresariado y gobierno!

Nosotros afirmábamos: "de esta manera, en lugar de trabajar para movilizar y construir el paro general, en lugar de construir la relación de fuerza contra el gobierno y el empresariado para doblegarlos; las direcciones confederales de las organizaciones sindicales se alían a la patronal para reclamar su participación en la creación de contra-reformas para supuestamente modernizar el país.
Debilitado, minoritario, rechazado masivamente por los trabajadores y los jóvenes, el gobierno de Macron-Philippe-Pénicaud-Collomb pretende continuar con su política de destrucción-privatización de los servicios públicos y las conquistas sociales. Y ahora puede contar con la colaboración de las direcciones sindicales confederales".

¡No a la suba de los impuestos y el precio del combustible, no al aumento de los costos de vida!

Los chalecos amarillos ponen al descubierto la crisis del gobierno, de las instituciones; así como el callejón sin salida donde nos lleva la política de colaboración de clase de las direcciones sindicales burocráticas. Lo que explica el silencio ensordecedor de estas últimas, y su negativa a organizar la unión del movimiento obrero organizado con los chalecos amarillos.

El gobierno, debilitado por la lucha de clases y la resistencia de los trabajadores y los jóvenes, particularmente desde la ley de trabajo, no se sostiene más que gracias a la inercia de las direcciones sindicales que rechazan organizar la unificación de las luchas y el paro.

Es por eso que debemos recordar, denunciar y exigir permanentemente que las direcciones sindicales burocráticas rompan con su política colaboracionista de clase (con la CES, el gobierno y la patronal) y que organicen el paro.

La retirada del gobierno acorralado, que viene de anunciar una moratoria de seis meses a la suba de impuestos y los precios del gas y de la electricidad, abre la vía para la profundización y la generalización del enfrentamiento con el gobierno, y pone a las direcciones sindicales frente a su responsabilidad. ¡Ellas deben organizar el paro general para detener y echar a Macron!

Nosotros pensamos también que la cuestión de la re-nacionalización, sin indemnización ni reembolso, de todos los servicios públicos, está en agenda. Es lo que implica posicionarse claramente por la derogación de todos los acuerdos europeos capitalistas.

De la misma manera, exigir el aumento general de los salarios y del salario mínimo a la altura de las necesidades sociales, impone posicionarse claramente contra el dogma del "3% de déficit público" y por la anulación de la deuda ilegítima.

Editorial del periódico El Internacionalista Nº 181, MCI/UIT-CI

04/12/ 2018




domingo, 2 de diciembre de 2018

Solidaridad con la rebelión popular de los "chalecos amarillos" de Francia


"Arde París", ha sido el titular de diferentes medios periodísticos. Reflejando así las consecuencias de la manifestación popular de los llamados "chalecos amarillos" del sábado 1 de diciembre en la capital de Francia. Miles en las calles de París y de todo el país enfrentaron y desbordaron la represión policial del gobierno conservador de Macron.

Hubo centenares de detenidos y cerca de cien heridos. Fue el punto más alto de una protesta que se inició días atrás contra el intento del gobierno de Macron de aumentar el combustible, que pasaría de 0,80 a 1,30 euros, lo cual llevaría a un aumento general de precios. Durante toda la semana se mantuvieron barricadas en los peajes, bloqueos a depósitos de combustible.

Los rebeldes, sin dirección ni organización sindical o política reconocida, se identifican con chalecos amarillos, que son de uso obligatorio en las rutas francesas. La mayoría de ellos son sectores populares de los pueblos y las ciudades que utilizan sus autos y motos para ir a trabajar.
Este aumento del combustible es parte del ajuste capitalista que viene aplicando Macron. Los trabajadores y el pueblo de Francia han sufrido un deterioro de sus condiciones de vida. Los aumentos no sólo se encuentran en el sector energético, sino también en la canasta básica dónde por ejemplo, legumbres, mantecas y papas hay aumentado entre el 9 y 11,2%. Antes Macron buscó una reforma laboral contra los ferroviarios y trabajadores públicos.

Esta rebelión popular se dio justo cuando se reunía en Buenos Aires, Argentina, el G20 con la presencia de los Trump. Mekel, Macron, May, Erdogan, Xi Jimping, Putin, Macri o Temer. Son el imperialismo, el FMI y sus gobiernos capitalistas que en nombre de las multinacionales y el capital financiero pactan nuevos ajustes contra la clase trabajadora y los pueblos del mundo.
La rebelión de los "chalecos amarillos" es parte de la misma lucha que llevan adelante los pueblos del mundo contra el FMI, la deuda externa o el ataque al salario y las jubilaciones. Por eso los socialistas revolucionarios de la UIT-CI nos solidarizamos con esta lucha por derrotar este aumento de combustible.

Los manifestantes también expresó el odio al gobierno capitalista de Macron y muchos reclamaron "Macron dimisión". La gravedad del ajuste como de la represión hacen necesario que los "chalecos amarillos" se unan a los trabajadores, a las mujeres y a la juventud francesa para exigir a las centrales sindicales que se convoque a una huelga general contra el ajuste y el gobierno de Macron.

Llamamos a la más amplia solidaridad internacional en apoyo a la movilización popular de Francia contra el aumento del combustible, por la libertad de los manifestantes y contra la represión.

Unidad Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)

1° de diciembre de 2018