miércoles, 28 de noviembre de 2018

¿A dónde va Brasil?

 Brasil es, luego de Venezuela, el punto más alto de la crisis política y social en América Latina. El impactante triunfo electoral del ultraderechista de Bolsonaro es la expresión de esa crisis y del fracaso de la izquierda reformista latinoamericana. En particular de Lula, Dilma y el PT, que tuvieron más de 15 años de gobierno con ajuste y corrupción. El triunfo de Bolsonaro abre todo tipo de incógnitas y debates sobre el porqué del avance de la ultraderecha. ¿Porque millones, incluido trabajadores y sectores populares, le dieron el voto? ¿Brasil va hacia una dictadura o hacia un nuevo fascismo?

El debate está centrado en porque triunfa alguien como Bolsonaro una figura de ultra derecha, neofacista, con un equipo rodeado de ex militares que reivindican la dictadura de 1964.  Bolsonaro triunfa no solo porque tiene un voto tradicional de sectores de derecha de clase alta y media alta sino que gana con un amplio apoyo de sectores de la clase trabajadora y de pobres de las favelas urbanas. Bolsonaro saca 57.800.000 de votos y Haddad del PT 47.000.000. Fueron 10 millones de votos de diferencia.

El voto a Bolsonaro expresó, aunque en forma totalmente equivocada, el odio y la ruptura de millones de trabajadores con e Lula y el PT. El rechazo a decenas de años de gobierno del PT contra el pueblo trabajador y en beneficio de las multinacionales, el capital financiero y de los grandes propietarios de tierras. A su vez, también expresó el descreimiento y la ruptura con todos los partidos tradicionales burgueses. El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), partido histórico de la burguesía, pos dictadura, y aliado del PT (Temer fue vicepresidente de Dilma) saco el 2% de los votos en la primer vuelta. El Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el partido del ex presidente  Fernando Henrique Cardozo, sacó el 4,5%. O sea que quedaron pulverizados.  A su vez en primer vuelta el PT, si bien llega a la segunda vuelta tuvo golpes claros. Dilma intentó salir senadora quedó en cuarto lugar y no entró al Senado.

Bolsonaro ganó en la mayoría de los estados, en especial en los grandes estados industriales y más politizados. Ganó los estados de San Pablo, Mina Gerais, Rio Grande do Sur y Rio de Janeiro con un promedio del 65% de los votos. Ganó en el cordón industrial del ABC de San Pablo, base obrera histórica de Lula y el PT. El PT ganó en los estados más pobres y menos habitados del noreste.

 Este retroceso político en las masas es responsabilidad de la política del PT de gobernar con la burguesía

El voto de millones de trabajadores a Bolsonaro expresa un claro retroceso político e ideológico. Esto ha abierto un debate en la vanguardia mundial sobre cual es causa de este giro electoral.

Los dirigentes del PT y la izquierda latinoamericana, que en estos años dieron el apoyo a los gobiernos seudoprogresistas de Chávez-Maduro, de los Kirchner, de Evo Morales o de Daniel Ortega, atribuyen esta derrota a una supuesta “onda conservadora” de las masas. Que en el caso de Brasil se habría iniciado con las jornadas de junio del 2013 cuando millones salieron a reclamar por un tarifazo en el transporte y el aumento del costo de vida. Esto ocurrió bajo el gobierno de Dilma-Temer-PT. Entonces el PT calificó a esta protesta como “incentivada” por la “derecha” y que abrió el camino al supuesto “golpe de 2016”. Cuando en realidad la rebelión popular del 2013 fue una genuina protesta de masas contra el gobierno ajustador de Dilma. El PT hambreaba al pueblo y lanzaba tarifazos mientras hacía faraónicos estadios de futbol para el mundial en pactos corruptos con Odebrecht . Por el odio popular a Dilma el parlamento burgués hizo la maniobra de sacar a Dilma. No hubo ningún “golpe”. Pero la crisis política y social no se detuvo. Temer llegó a tener el 2% de popularidad y hubo una huelga general en 2017. De este repudio de las masas surge el fenómeno Bolsonaro.

Con estos argumentos el PT y la izquierda reformista latinoamericana quieren eludir su responsabilidad en el surgimiento de Bolsonaro y pretenden echarle la culpa a la gente “que se hace conservadora”.  Cuando ha sido el fracaso de los falsos modelos “nacionales y populares” o del llamado “socialismo del siglo XXI” de Chávez-Maduro, los que llevan a esta confusión en el voto de millones de trabajadores y sectores populares. Gobiernos que no rompen con las multinacionales y el capital financiero y ajustan al pueblo. Bolsonaro solo se explica por el odio y el rechazo popular que provocaron los gobiernos del PT. Las masas no se hacen “conservadoras” o de “derecha” sino que por su rechazo a los partidos del sistema capitalista, sean liberales o de la falsa izquierda, equivocadamente, buscan castigar con su voto y caen en trampas electorales de la ultra derecha populista. Algo similar está pasando con el voto a Salvini en Italia o a Le Pen en Francia. Desde ya no podemos minimizar este voto equivocado y peligroso. Pero, en el caso de Brasil, no creemos que sea un voto consolidado y estable a la ultraderecha. Las cosas son más contradictorias. Los trabajadores que votaron a Bolsonaro tienen la expectativa de que se termine con la corrupción, con la inseguridad  y que mejore su nivel de vida. Nada de eso va a ocurrir. ¿Qué va a pasar cuando se acaben esas expectativas? Lo primero a tomar en cuenta es que en Brasil la clase obrera no está derrotada. El pueblo como castigó al PT puede terminar castigando en las calles a Bolsonaro.

¿Se va hacia un régimen dictatorial o neofascista?

Bolsonaro es un político de ultraderecha o neofascista. Pero otra cosa es definir que , desde el 1° de enero de 2019, cuando asuma el gobierno ultrareaccionario de Bolsonaro, habrá un régimen nuevo, dictatorial o neofascista.  Bolsonaro quiere acabar con la crisis política y social imponiendo un plan de explotación superior al actual, con represión y desconociendo las libertades democráticas. ¿Podrá hacerlo?  Habrá que ver si el movimiento de masas se lo permite. La clase trabajadora y los sectores populares no han sido derrotados en las calles. Bolsonaro solo ganó una elección. En 2017 la clase obrera brasileña hizo una huelga general histórica, además hubo centenares de huelgas en el país. El movimiento de mujeres  y de la juventud con su movilización por “Ele Nao” mostró su decisión de resistencia. Para que exista un cambio de régimen dictatorial y tienen que imponer una importante derrota al pueblo trabajador. Y eso está por verse en las luchas por venir. Apostamos a favor de la movilización obrera y popular para derrotar los planes de Bolsonaro.

 Miguel Sorans


miércoles, 21 de noviembre de 2018

25 de Noviembre día internacional contra la violencia hacia las mujeres: Sigamos en las calles por #NiUnaMenos, ¡Vivas nos queremos!

Hace casi 58 años las hermanas Mirabal eran asesinadas por la dictadura genocida del General Trujillo en República Dominicana. Patria, Minerva y María Teresa fueron secuestradas, torturas y asesinadas por rebelarse contra un estado genocida y romper con los estándares del rol de las mujeres.

En su memoria, el 25 de noviembre se ha instalado como una fecha internacional de lucha contra las violencias hacia las mujeres en la que saldremos a las calles a decir #NiUnaMenos, vivas nos queremos, contra toda forma de violencia de género, basta de discriminación salarial de las mujeres y por el aborto legal, seguro y gratuito.

Las mujeres venimos siendo protagonistas de grandes peleas contra la violencia de género a nivel mundial. La movilización #NiUnaMenos de la Argentina en 2015, se expandió rápidamente por América Latina y Europa. Esto contribuyó a la masificación del reclamo contra los feminicidios y la responsabilidad de los gobiernos capitalistas en la muerte de mujeres. Es que los feminicidios son la forma más extrema de violencia patriarcal, que implica la propiedad sobre el cuerpo y la vida de las mujeres y que todos los años se lleva la vida de miles que son asesinadas por su condición de mujer, la mayoría muertas por sus parejas o personas del círculo cercano.

Según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe en base a la información de 16 de la región y España, muestra un total de 2.554 mujeres víctimas de feminicidio en 2017, entre los que se destaca Brasil con 1133 asesinatos de mujeres. Pero estos números crecen al incluir a países con los más altos índices de feminicidios, como México con 49 por semana o Colombia con 15. Esta forma extrema de violencia patriarcal llevó masivamente a las mujeres a las calles para decir con fuerza vivas nos queremos. Este reclamo incorporó el reconocimiento de otras formas de violencia de género como la física, psicológica, simbólica, económica y sexual que fueron tomando cada vez mayor fuerza en el marco de la cuarta ola a nivel mundial de las luchas del movimiento de mujeres. Es que la mayoría de las mujeres en el mundo han sido violentadas por lo menos alguna vez en su vida.

Con el movimiento #MeToo en 2017 en los Estados Unidos, comenzó una reacción masiva para enfrentar la impunidad milenaria de los varones para ejercer la violencia sexual. Una verdadera rebelión mundial que se expandió rápidamente por el mundo. A partir de las primeras denuncias en Hollywood, las mujeres comenzaron a denunciar la violencia sexual y también a organizarse para salir a enfrentarla. Desde las masivas jornadas en las calles convocadas por las mujeres del estado español contra el fallo de la Manada pasando por las tomas feministas en Chile hasta las huelgas en Mc Donalds y Google de las trabajadoras contra el acoso sexual, crece la rebelión contra esta forma de violencia de género.

Con los dos paros internacionales de mujeres se puso al descubierto un reclamo central de las trabajadoras como es la brecha salarial entre mujeres y hombres, que según datos de la ONU llega al 23% a nivel mundial. Es que el sistema capitalista patriarcal utiliza la opresión milenaria de las mujeres para superexplotarnos y obtener mayores ganancias. Por eso luchamos para que el capitalismo y el patriarcado caigan juntos.

Desde el 2017 con el primer #gritoglobal por el aborto legal la pelea por el derecho a decidir sobre los propios cuerpos de las mujeres fue una de las grandes luchas que dimos en las calles y que logró en Irlanda conquistar este derecho. En Argentina millones salieron a las calles por el aborto legal, lucha que recorre América Latina. Porque no hay #NiUnaMenos mientras no se terminé con la clandestinidad del aborto en el 40% del mundo dónde es ilegal.

Este 25N reforzamos nuestra lucha saliendo a las calles en todo el mundo. Son los gobiernos capitalistas junto con las iglesias las responsables de las mujeres sigamos muriendo. Por eso, tenemos que estar en las calles para hacer crecer esta oleada mundial de luchas. Siguiendo el camino de las mujeres de Estados Unidos contra el gobierno de Trump, las brasileñas por el #EleÑao contra el reaccionario machista, misógino de Bolsonaro y de las Argentinas con la marea verde por el aborto legal y de todos los países dónde se organizan para luchar por sus derechos.

Desde la Unidad Internacional de las y los Trabajadoras-Cuarta internacional llamamos a coordinar acciones en todo el mundo contra toda forma de violencia patriarcal para seguir haciendo temblar la tierra.

Unidad Internacional de las y los Trabajadoras-Cuarta internacional (UIT-CI)
Noviembre de 2018


lunes, 5 de noviembre de 2018

Haití: Masiva movilización contra la corrupción con el dinero de Petrocaribe

El pasado 17 de octubre, fecha en la que Haití conmemora el asesinato del prócer independentista Dessalines, miles de pobladores de las comunidades humildes salieron en una masiva protesta a exigir cuentas por el despilfarro de los recursos del fondo de Petrocaribe.

La jornada masiva del 17, precedida por movilizaciones menores, fue reprimida y dejó un saldo de decenas de heridos y al menos dos personas asesinadas, cuando los cuerpos represivos atacaron en Puerto Príncipe a una multitud para abrir paso a la caravana presidencial. El presidente, Jovenel Moïse, tuvo que huir cuando manifestantes le lanzaron piedras mientras intentaba dar un discurso ante un monumento de Dessalines.

Desde entonces las protestas han continuado y está anunciada una nueva gran jornada para el 18 de noviembre, otra fecha histórica relacionada con la derrota de las tropas napoleónicas por parte de los revolucionarios haitianos en 1803. La historia de la primera revolución antiesclavista triunfante está presente en las luchas actuales.

El convenio de Petrocaribe, por medio del cual el gobierno venezolano ha subsidiado la compra de petróleo y combustibles desde el ingreso de Haití en 2006, debía servir al Estado haitiano para financiar proyectos de infraestructura, pero la percepción general es que ha alimentado fundamentalmente la corrupción y negocios favorables a grandes empresas nacionales y extranjeras. Aunque ya se había realizado una investigación parlamentaria cuyas conclusiones eran poco claras, la presión popular obligó al Senado a realizar en noviembre del año pasado una segunda investigación sobre el uso de los recursos de Petrocaribe en el período 2008-2016, en la cual se cuestiona el uso de unos dos mil millones de dólares.

El Estado haitiano adquiere el petróleo venezolano con descuento y pagando un 40% de su valor, mientras que el restante 60% se convierte en deuda con bajas tasas de interés, revendiendo ese petróleo en el mercado interno y usando el excedente para proyectos de infraestructura. Se estima que el fondo resultante de la reventa interna del petróleo ha sumado en estos años unos 3,8 mil millones de dólares. Pero las autoridades haitianas sobrefacturaban en moneda local el costo de la compra del petróleo, luego sobrefacturaban los gastos en las obras. Aprovechando declaratorias de emergencia en el marco de varios desastres naturales, se adjudicaron obras obviando los procedimientos legales normales, muchas de las cuales quedaron inconclusas.

En agosto de este año arrancó a través de las redes sociales el llamado Petrochallenge, una campaña mediante la cual los participantes se fotografían portando un cartel con la consigna "¿Dónde está el dinero de Petrocaribe?" (Kote kòb Petwokaribe a?). Rápidamente se masificó, con gran impacto también en la diáspora haitiana. Una primera movilización el 24 de agosto se dirigió al Tribunal de Cuentas.

La protesta del 17 de octubre ratificó que se ha abierto una nueva situación política luego de las impresionantes jornadas de julio de este año en las que el pueblo trabajador derrotó el gasolinazo del FMI y obligó al primer ministro y su gabinete a renunciar. El gobierno del empresario Moïse, que estuvo a punto de caer durante aquellas protestas, sobrevivió pero quedó muy debilitado. Desde sus inicios fue un gobierno precario: asumió el poder en febrero de 2017, como sucesor de Martelly, de quien es correligionario en el partido derechista Tèt Kale, luego de dos elecciones fraudulentas. En la última de ellas recibió apenas medio millón de votos en un universo de 6 millones de votantes registrados.

El 22 de octubre, el gobierno viró su posición de considerar la corrupción como un asunto de exclusiva competencia judicial: se destituyó al jefe de gabinete, Laleau (ex ministro de Finanzas de Martelly) y al secretario general de la presidencia, así como a 16 asesores más señalados por su involucramiento en la corrupción de Petrocaribe. Lejos de lograr aplacar las protestas, esa misma noche se inician en el barrio capitalino de Bel-Air marchas nocturnas llamadas Petrobizangó, cuyo nombre alude a una de las tradiciones de la cultura vudú. En su desesperación, esta misma semana el partido oficialista llegó a declarar que participaba en las protestas contra la corrupción, una maniobra para confundir que evidencia la desesperación del gobierno. La oposición patronal también está muy desprestigiada, algunos de sus dirigentes han intentado acercarse pero han sido repudiados y expulsados de las movilizaciones.

La responsabilidad del gobierno venezolano

La década comprendida entre 2004 y 2014 representó para Venezuela la mayor bonanza petrolera de su historia. El presidente Chávez aprovechó esta circunstancia para crear en 2005 el convenio Petrocaribe, con el declarado propósito de procurar la integración regional y atenuar los efectos negativos del incremento sustancial del precio del petróleo para economías dependientes de su importación en el Caribe. Desde sectores de la oposición de derecha venezolana se cuestionó el comercio con los países caribeños, especialmente con Cuba, y los mecanismos de crédito contemplados por Petrocaribe. La oposición de izquierda, por el contrario, sin cuestionar el comercio con el Caribe y la solidaridad, lo que cuestionaba era la reproducción de dinámicas clientelares y el apoyo político y económico del chavismo a gobiernos reaccionarios en la región, lo cual se alejada de un verdadero internacionalismo que beneficiara las luchas de los pueblos por su propia liberación.

Ante las crecientes denuncias de corrupción en el manejo del dinero de Petrocaribe, el gobierno venezolano en varias ocasiones ha respaldado a las autoridades haitianas cuestionadas por corrupción, dando indicios de complicidad y posible implicación en la corrupción. Por ejemplo, en una declaración pública en 2015, Bernardo Álvarez, quien entonces era presidente de PDV Caribe, expresaba su satisfacción por la gestión de los fondos de Petrocaribe en el período 2012-2014, precisamente el período al que corresponden las mayores irregularidades reveladas por las investigaciones.

El embajador de Venezuela en Haití entre 2007 y fines de 2015, Pedro A. Canino González, aseguró en 2013 que el presidente Maduro estaba "muy satisfecho con el modo en que el gobierno de Haití ha invertido los fondos de Petrocaribe". Nuevamente, en junio de 2015, mientras Martelly visitaba Caracas, en el marco de la celebración de los 10 años de existencia de Petrocaribe, el embajador venezolano consideró el uso de los recursos como "ejemplar". Moïse visitó Venezuela en noviembre de 2017 y Maduro se deshizo en alabanzas, firmando un acuerdo adicional de cooperación económica. No puede olvidarse que en Haití existe un régimen oligárquico sustentado en la ocupación militar extranjera luego del golpe de estado realizado por tropas yanquis en 2004. A partir de entonces, la ocupación ha corrido principalmente por cuenta de tropas latinoamericanas provistas por gobiernos "progresistas" de Brasil, Argentina, Ecuador y Uruguay, que integran la Minustah y su reducido sucesor, la Minujusth.

Urge la solidaridad con la lucha del pueblo haitiano

La agobiante situación económica, con causas estructurales relacionadas con el saqueo y las intervenciones imperialistas durante todo el siglo XX, con reformas neoliberales que han destruido su producción agrícola y profundizado su dependencia respecto de las importaciones, y con el saqueo y la corrupción descarada por parte de gobiernos dictatoriales y democrático-burgueses, se agrava con la caída de los suministros de petróleo subsidiado y el aumento del precio internacional del petróleo. Crece la presión inflacionaria, que desde 2016 oscila en torno al 14% anual. Pese a que en julio la movilización popular derrotó el gasolinazo, el impacto inflacionario inicial de la medida no se revirtió del todo. Millones de haitianos carecen de acceso a los más básicos servicios, el sistema de salud está colapsado y es muy precario hasta el acceso al agua, que en muchos barrios no llega por tubería sino que hay que comprarla a camiones cisterna.

En este marco ocurren las jornadas de julio y el actual proceso de lucha. Debemos difundirlo y apoyarlo en toda Latinoamérica, sumándonos a la exigencia de castigo a los culpables y que se recupere el dinero robado para que se use en la atención a las necesidades más apremiantes del pueblo trabajador. Por ejemplo, en República Dominicana existe un importante movimiento contra la corrupción y la impunidad, la Marcha Verde, que podría establecer lazos de solidaridad con el movimiento haitiano de lucha contra la corrupción. Otra tarea importante es emplazar al gobierno venezolano a que colabore con las investigaciones y establezca sus posibles responsabilidades en el desfalco. Estamos ante una ola de protestas que puede cambiar el rumbo del país.

Simón Rodríguez, militante de la UIT-CI