viernes, 18 de agosto de 2017

Declaración de Lucha Internacionalista ante el atentado en las Ramblas de Barcelona

 Desde Lucha Internacionalista nos solidarizamos con todas las víctimas del ataque de ayer y sus familias. Rechazamos este tipo de acciones que pretendent sembrar el terror y el miedo entre la población, así como rechazamos el fanatismo reaccionario que las inspira.

Hoy no nos olvidamos de los miles de hombres, mujeres y criaturas que mueren en las calles de Siria e Irak, en ataques parecidos o bajo las bombas occidentales. Para nosotros no hay muertos de primera y de segunda: rechazamos la hipocresía de los gobiernos de Europa, que sólo se horrorizan cuando la sangre se vierte en París, Berlín, Londres, Niza o Barcelona.

Es falsa la disyuntiva que nos plantean Rajoy o Puigdemont: la “democracia” contra el “terrorismo”, la “libertad” contra la “barbarie”. Y es lamentable que Colau –y parece que Podemos a tenor del comunicado de la Mesa y la Junta de Portavoces del Congreso- se sumen a su llamamiento a la “unidad”. ¿De qué democracia hablan? ¿De la que nos llevó a la guerra de Irak? ¿La que apoya al estado genocida de Israel? ¿La que con el rey en persona firma millonarios contratos de armas con la sangrienta monarquía de Arbia Saudita? ¿La que considera al criminal Al-Assad, un mal menor para Siria? ¿La que militariza las fronteras europeas y condena a la muerte en el mar a miles de personas? ¿La que recorta derechos y libertades y criminaliza las luchas en nuestro país? ¿La que condena a la clandestinidad y la sobreexplotación a miles de trabajadores y trabajadoras sin papeles? Todas estas políticas de las “democracias” europeas al servicio de las multinacionales, son parte del problema, y no parte de la solución. No podemos esperar que tanta violencia, tan cerca, no nos salpique. Son estas políticas las que alimentan la espiral en que crece el fanatismo y grupos como Daeix que –no debemos olvidarlo- se han hecho fuertes en Siria e Irak sofocando en sangre la lucha por la libertad de sus pueblos.

Por eso no nos creemos las lágrimas de cocodrilo de los gobiernos que son responsables también de esta violencia. Y no nos pondremos detrás de sus pancartas, que sólo utilizarán para sembrar más sangre y más miedo. Ya pasó después de los atentados de París, con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu encabezando la manifestación al lado de los jefes del imperialismo, la declaración del estado de emergencia y los bombardeos franceses al día siguiente sobre Siria. No será en nuestro nombre, que se validen y profundicen estas políticas una vez más. No será utilizando los muertos inocentes de hoy en Barcelona que se legitimaran los bombardeos indiscriminados del imperialismo sobre Raqqa o Mossul. Como gritamos después de los atentados de Atocha, las bombas en Bagdad estallan en Madrid.

Tampoco en nombre de nuestra seguridad aceptaremos la militarización de nuestras vidas, como presagia la convocatoria del Pacto Antiterrorista anunciado ayer por Rajoy. Como tampoco que se cierren las fronteras a la gente que huye de la guerra –y de un terror mayor al vivido ayer aquí- o de la miseria. Ni tampoco, que se ponga en el punto de mira a los migrantes o a los musulmanes.

Pero igual que no nos encontraran tras las banderas del Estado encabezado por la Monarquía, saldremos a la calle a acompañar las familias de las víctimas y a gritar muy fuerte todo esto: ¡los muertos son nuestros, del pueblo, y no de la política de la violencia contra los pueblos de aquí y de todo el mundo!

Barcelona, 18 de agosto de 2017



#ESPAÑA : Carta abierta a Mónica Oltra sobre los vientres de alquiler por María Pazos


Querida Mónica, tu reciente artículo sobre los vientres de alquiler me preocupa y me duele. Como sabes, muchas feministas estamos extremadamente preocupadas por la regularización-legitimación-normalización social de esta práctica que se prepara. Sabemos, por la experiencia en otros países, que cualquier regularización sería un triunfo de las empresas que hoy ya operan a la luz del día nutriéndose de las granjas de mujeres contratadas que a ti y a mí nos ponen la carne de gallina. Volveré sobre esto.
Tu artículo empieza con una declaración que da esperanza: “la maternidad no se subroga“. De tu explicación en lenguaje jurídico se deduce que nadie puede (debería poder) renunciar a su maternidad en favor de otra persona mediante un contrato. Hasta ahí de acuerdo, y eso mismo es lo que dice la ley española actualmente: que todo contrato de subrogación (con o sin precio, es decir, sea donación o venta) será nulo de pleno derecho.
Así que me cuesta comprender que tú saques la conclusión contraria, y así pases en el mismísimo siguiente párrafo a defender que sea legal eso que tú llamas “donación de la capacidad de gestar“. Aunque, y eso sí que me cuesta comprenderlo, defiendes que vaya acompañada por “una indemnización establecida normativamente acorde a lo que supone un embarazo, para lo cual disponemos de múltiples baremos que podemos aplicar por analogía“. O sea, ¿donación con indemnización? Perdona, pero este es un eufemismo más, por si hubiera pocos en este tema.
Así que, si no te hemos comprendido mal, parece que en tu artículo defiendes que sea legal (y por tanto de obligado cumplimiento posterior) un contrato por el que una mujer se compromete a gestar y a transferir (de antemano e irreversiblemente) su futura condición de madre. Las feministas activistas contra este negocio lo llamamos “alquiler de vientres”, tú lo llamas “donación de la capacidad de gestar a cambio de una indemnización” y los lobbies empresariales lo llaman “gestación subrogada“. Pero, por encima de las denominaciones, concentrémonos en la realidad.
Me gustaría preguntarte algunas cosas: ¿Cómo es que no hay (a la luz del día) agencias dedicadas a la compraventa de riñones, pero sí es un grandísimo negocio (también en nuestro país) el de la gestación subrogada? Si ahora la ley no reconoce en nuestro país ninguno de esos contratos, ¿crees que reconocer algunos de ellos aumentará o reducirá esa contratación de mujeres que tú declaras inaceptable? La respuesta está disponible: basta estudiar el efecto de las diferentes políticas de los distintos países. Algunos, como Suecia, no solamente están manteniendo la ilegalidad de esas transacciones sino que, tal como tú propones que se haga, prohíben la inscripción como padres/madres a las personas contratantes de madres en el extranjero. Por el contrario, algunos países (EEUU, Reino Unido) han legalizado esos contratos, y la única diferencia entre ellos es que en los que la regulación es restrictiva (Reino Unido), y/o los precios altos, el gran volumen de negocio sigue en el extranjero.
En España no sabemos qué pasaría, porque aunque la legislación fuera muy restrictiva los precios podrían ser muy bajos, ya que como sabes la precariedad femenina es enorme. Lo que sí sabemos es que, al igual que en el Reino Unido, una legislación restrictiva (como la que tú propones) no iría acompañada de la ilegalización de las agencias para subrogar en el extranjero. Y eso es así porque aquí lo que se dirime socialmente es la aceptación o la condena de la demanda. Como en la prostitución, la demanda es el asunto clave: al igual que no se puede luchar efectivamente contra la trata sin penalizar la compra de servicios sexuales, tampoco es posible combatir las granjas de mujeres gestantes si permitimos la subrogación aquí, aunque sea de forma restrictiva.
Por cierto, ¿crees que es casualidad que sean los países nórdicos los que se siguen negando a permitir esos contratos y a registrar a las criaturas gestadas por subrogación en el extranjero? ¿Crees que es casualidad que también hayan sido los países nórdicos los primeros en adoptar leyes penalizando la compra de servicios sexuales para abolir la prostitución y la trata, que son fenómenos indisocialbes? No lo es. Te aconsejo este breve y viejo artículo que siempre cito cuando escribo sobre prostitución: ¿Por qué nadie intentó antes la solución sueca a la prostitución?
Condenar la demanda sin paliativos es el único resultado aceptable de este debate social que está abierto. Los lobbies de la gestación subrogada no aspiran a que se admitan las granjas intensivas de mujeres en los países “desarrollados”, sino a que no se prohíba su propia actividad actual. Al igual que sucede con el cambio climático, su objetivo no es que no veamos nada en absoluto, sino que tengamos dudas y que sigamos distorsionando la realidad.
Distorsionar la realidad es poner como icono de la demanda de vientres de alquiler a esa mujer que quiere dar un hijo a su hermana, o como icono de la prostituta a esa mujer que prefiere prostituirse a limpiar; y de paso acusarnos a las feministas abolicionistas de no comprender a ninguna de ellas. La prostitución no es esa chica que está harta de limpiar a la que aludes, sino un fenómeno criminal a escala mundial. Igualmente, el alquiler de vientres no es esa mujer que quiere dar un hijo a su hermana sino las granjas de mujeres gestantes, menos descarnadas en Ucrania que en India pero igualmente granjas. Reducir un fenómeno a casos particulares (y distorsionantes) es tan perjudicial y cegador como confundir el tiempo con el clima. Tan negacionista como cuando Trump dice “hace muchísimo frío” para negar el calentamiento global.
Otro argumento falaz, el emblema del neoliberalismo, es el del derecho de las víctimas a decidir firmar contratos o seguir en situaciones que les oprimen (como prostituirse o renunciar a su futura maternidad). Como jurista sabes que es función de las leyes proteger a las personas en situación de vulnerabilidad, y para ello anular contratos o situaciones abusivas “consentidas”: lo hacen, por ejemplo, la Ley de Arrendamientos Urbanos, o todas las leyes que establecen derechos laborales, o las leyes que tipifican como delito la compra de órganos y la compra de servicios sexuales. La actual Ley de reproducción asistida también aplica este criterio, aunque se queda corta porque solo anula el contrato pero no penaliza al contratante.
Como siempre, la pregunta relevante es: ¿qué sociedad queremos? Sabemos que estos fenómenos van indisolublemente ligados al lugar que ocupan las mujeres en la sociedad, a su consideración como mercancía disponible para trabajar en condiciones de esclavismo, para utilizarlas sexualmente, para gestar o para disponer de sus vidas. Yo quiero un mundo en el que no existan esas granjas de mujeres (sostenidas por las agencias) o esas mafias de la trata/prostitución. Y eso solo sucederá cuando la sociedad no tolere la mercantilización de las mujeres; cuando los países en los que se genera la demanda asuman que esa demanda es ilegítima e inaceptable.
Muchas feministas llevamos toda la vida trabajando estos temas y luchando contra los intereses de los lobbies económicos e ideológicos. Tenemos un criterio formado en base al estudio profundo de los fenómenos y no tenemos dudas. Sabemos que las dudas son la victoria de los lobbies/mafias, la victoria que están teniendo por ahora. Nos duele que personas como tú no veáis que si perdemos esta batalla habremos normalizado (aún más) a las mujeres como pura mercancía, con terribles consecuencias para todas nosotras.
¿Tú no crees, como política y activista, que todo esto también es una cuestión social y de género? ¿No crees, como feminista, que todo esto tiene algo que ver con el Patriarcado? ¿Has considerado, como cargo público relevante, que tu posicionamiento tendrá una influencia en el resultado del debate social que se está produciendo?
Te he contado lo que me duele. Pero la pregunta que me motivó a escribirte es: ¿a ti qué te duele? ¿Qué te motiva a escribir un artículo defendiendo una propuesta sobre la que dices tener muchas dudas? ¿En qué otro tema político declaras que desconfías de la gente que no tiene dudas al respecto?
Algo te tiene que doler, algo te habrá motivado a ser tan proactiva y tan coincidente con los argumentos que esgrimen los lobbies (y Ciudadanos), a pesar de tener tantas dudas. ¿Será verdad que conoces a todas esas mujeres en situación económica acomodada dispuestas a subrogar su futura maternidad en favor de desconocidos? Si son ellas quienes te duelen, quisiera conocerlas, porque yo no conozco a ninguna. Pero por encima de todo quisiera comprenderte a ti.
María Pazos es Investigadora en el Instituto de Estudios Fiscales y activista de la PPIINA. Su último libro publicado es “Desiguales Por Ley. Las Políticas Públicas Contra la Igualdad de Género

Artículo publicado originalmente en www.tribunafeminista.org

#PERIODISMO : Privacidad en internet para periodistas

@ArteYAnarquia : Pancarta Situacionista en el 1 de mayo de 1977. Fiesta de la alienación. Por la abolición del trabajo


jueves, 17 de agosto de 2017

#URSS . #RUSIA #ALEMANIA : Timelapse of Soviet architecture in Berlin

1- Sowjetisches Ehrenmal (Schönholzer Heide)
2- Sowjetisches Ehrenmal (Treptower Park)
3- Sowjetisches Ehrenmal (Tiergarten)
4- Denkmal für die deutschen Spanienkämpfer (Volkspark Friedrichshain)
5- Denkmal des polnischen Soldaten und deutschen Antifaschisten (Volkspark Friedrichshain)
6- Ernst-Thälmann-Denkmal  
7- DDR-Grenzwachturm (Erna-Berger-Straße)
8- DDR-Grenzwachturm (Kielstraße)
9- East Side Gallery
10- Checkpoint Charlie
11- Frankfurter Tor
12- Karl-Marx-Allee
12- Karl-Marx-Allee
13- Straussberger Platz
14- Kino International
15- Cafe Moskau
16- Haus des Lehrers
17- Fernsehturm
18- Weltzeituhr
19- Haus der Statistik

Pictures and production by Jorge González.


#GREENPEACE : Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico


“Me acuerdo del enorme vendaval despertándome. La casa entera vibraba. Se oía un ruido extraño, como si un monstruo viniera del cielo. En apenas cuestión de minutos, el agua ya me llegaba al pecho. La corriente era tan fuerte que ya no podía seguir agarrándome a ella. Sabía que si seguía sujetando el cuerpo de mi madre, yo también moriría”.
En 2013 el tifón Haiyan, el más fuerte de la historia, arrasó el sudeste asiático llevándose por delante miles de vidas. Entre ellas, las de los padres de Joanna, su hermano mayor, su cuñada y su sobrino de tres años.
Hoy Joanna está en el Ártico con Greenpeace, porque la vida le ha dado una segunda oportunidad. Porque como ella bien dice, “lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico”, y la decisión del gobierno noruego de abrir las aguas árticas a la extracción de petróleo tiene un efecto dominó que llega a todos los rincones del mundo.
En nuestro país lo estamos viendo este inusual verano con cambios bruscos de temperatura, en el que pasamos de días muy calurosos a días frescos. En otros países como Filipinas, de donde es originaria Joanna, las tormentas y otros fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más fuertes.
“El cambio climático no son sólo estadísticas y números. Significa perder todo lo que quieres y has trabajado tan duro para conseguir. ¿Cuántas vidas más se necesitan para que países tan poderosos como Noruega se den cuenta de que lo que están haciendo es sólo para una ganancia a corto plazo?”
¡Hazte socio/a de Greenpeace!


Licencia para destruir el planeta
El barco Arctic Sunrise de Greenpeace, con Joanna a bordo, está navegando estos días el mar de Barents, en pleno Círculo Polar Ártico, donde el gobierno noruego ha otorgado 10 licencias de exploración petrolíferas para que 13 compañías internacionales extraigan petróleo de 40 pozos en altamar. Juntos podemos proteger la última frontera virgen del planeta de la amenaza de las petroleras.
¡Ayúdanos a salvar el Ártico!


#ALEMANIA : EL MURO DE BERLIN DE SIMBOLO DE DIVISIÓN A LIENZO DE ARTE




miércoles, 16 de agosto de 2017

#EEUU - #USA : La violencia neonazi en Charlottesville reaviva la resistencia contra Trump


IZQUIERDA REVOLUCIONARIA


La violencia supremacista blanca de este pasado fin de semana en Charlottesville y en todo el país ha actuado como despertador colectivo. Es necesario construir una izquierda poderosa que desafíe la violencia racista, la intimidación justiciera y las intolerantes políticas del gobierno Trump. Líderes como Bernie Sanders, junto con los sindicatos, grupos por los derechos civiles, inmigrantes, socialistas y otras fuerzas progresistas deben coordinar rápidamente las protestas de masas de cada ciudad para aislar a las fuerzas de extrema derecha. Estas protestas deben estar vinculadas con un programa claro contra Trump y las empresas, para unir a la gran mayoría de los trabajadores contra el racismo y el fanatismo.
La amenaza de la extrema derecha
Los grupos supremacistas blancos y neonazis desde la elección de Trump han organizado manifestaciones cada vez más descaradas y racistas. Aunque aún son pequeñas en tamaño, la confianza de los grupos neonazis y supremacistas blancos va en aumento. Los cientos de supremacistas blancos que asistieron a Charlottesville este pasado fin de semana a favor de la “unidad de la derecha” tenían el objetivo claro de llevar su movimiento a un plano superior.
Cuando el brutal asesinato de Heather Heyer por el neonazi James Fields aún estaba fresco en los titulares del sábado, Trump apareció en la televisión estatal para condenar la violencia y el odio “de muchas partes”. No condenar específicamente a los grupos supremacistas blancos y neonazis provocó la ira inmediata de millones de personas, mientras que una web de extrema derecha daba la bienvenida a los comentarios de Trump como “realmente buenos”.
El clamor popular contra el despliegue de violencia y fanatismo en Charlottesville demuestra la correlación de fuerzas real que existe en la sociedad norteamericana contra la extrema derecha. Desde ese día se producen protestas espontáneas masivas en ciudades de todo el país. Además de un plan de grandes protestas nacionales coordinadas, es necesario que la izquierda impulse la formación de grupos de defensa comunitarios y del movimiento obrero para defender físicamente nuestro movimiento y nuestras comunidades frente a los ataques de estos grupos.
Lo que está cada vez más claro es que las protestas antirracistas por sí solas no bastan para frenar el crecimiento del nacionalismo y el racismo en la sociedad. Frenar el ascenso del supremacismo blanco o construir una resistencia efectiva contra Trump requiera una estrategia política consciente de aislar a la extrema derecha.
Abordar las raíces del ‘Trumpismo’
Mientras la mayoría de los dirigentes republicanos intentan distanciarse de los grupos de extrema derecha, en realidad su apoyo a las políticas fanáticas y racistas del gobierno han alimentado el crecimiento de las ideas racistas y reaccionarias. Décadas de una política que defiende la “dureza contra el crimen” por parte de los dos partidos apoyados por los empresarios, han alimentado la islamofobia bajo el disfraz de “antiterrorismo”, la intensificación de las deportaciones de trabajadores inmigrantes ha creado un clima racista que han aprovechado las fuerzas supremacistas blancas.
El ascenso de las fuerzas reaccionarias de extrema derecha y neofascistas sólo se puede entender como un fenómeno internacional resultado de la crisis profunda del capitalismo global. Los gobiernos capitalistas en todas partes han provocado un aumento dramático de la desigualdad, con islas de extrema riqueza rodeadas por un mar creciente de pobreza, inseguridad económica y desintegración social. Con su sistema en crisis y frente a la amenaza de la resistencia de la clase obrera, un sector de la clase dominante está recurriendo al racismo, el nacionalismo y el fanatismo para dividir y conquistar.
Al mismo tiempo, el fracaso de la izquierda y el movimiento obrero en ofrecer una alternativa política de la clase obrera audaz, ha permitido el ascenso de figuras populistas de derechas como Trump. En las últimas elecciones Trump se presentó como la única alternativa “anti establishment” al dominio de Wall Street y a la elite política corrupta, todo ello después de que la campaña de izquierdas de Bernie Sanders fuera bloqueada por el establishment del Partido Demócrata. Esto permitió a Trump apelar demagógicamente a millones de votantes de clase media y trabajadores blancos que se enfrentan a la caída de los niveles de vida y están furiosos con el establishment político corrupto. Fue este contexto político y social lo que permitió que los cínicos llamamientos al orgullo nacionalista de Trump encontraran un eco, utilizando como chivo expiatorio a los inmigrantes, con su misoginia y su promesa de “drenar el pantano”.
Es necesaria una alternativa de izquierdas
Si la causa de fondo del Trumpismo es la crisis del capitalismo, cualquier movimiento eficaz para luchar contra la derecha debe vincularse con una fuerte oposición al racismo y el fanatismo, con un programa igualmente audaz para acabar con la pobreza, el desempleo, la inseguridad de la vivienda y la subfinanciación crónica de la educación, la infraestructura y los servicios sociales. En resumen, frenar el apoyo a Trump y a los grupos de extrema derecha requerirá construir un movimiento de masas que pueda ofrecer una alternativa política clara de izquierdas.
El potencial para conseguirlo ya es visible en el amplio apoyo a Bernie Sanders, especialmente en los “estados rojos” que votaron a Trump. El autocalificado como socialista democrático se ha convertido en el político más popular de EEUU y es la voz más destacada de la oposición a Trump. La popularidad de Bernie tiene que ver con su llamamiento a una “revolución política contra la clase millonaria”, sus reivindicaciones de “Medicare para todos”, educación gratuita, un programa masivo de empleo pagado con los impuestos a los ricos, y sus ataques no sólo a los republicanos sino también al establishment del Partido Demócrata que está sostenido económicamente por las empresas. Desgraciadamente, Sanders no ha logrado combinar su programa radical con la necesidad de un nuevo partido de masas de la clase obrera, un paso vital para unir la creciente resistencia a Trump con un movimiento de masas coherente.
Las protestas de masas y los grupos de defensa comunitarios
Las marchas por la “unidad de la derecha” en Charlottesville han enojado a millones de trabajadores que buscan una manera efectiva de luchar contra ellos. Comprensiblemente, la violencia de los neonazis ha generado una simpatía creciente entre un sector de activistas a responder físicamente a los ataques, reflejado en la consigna: “En cualquier momento, en cualquier lugar, da un puñetazo a un nazi” que se podía escuchar en las manifestaciones de todo el país.
Pero apelando sólo a este sentimiento real, desafortunadamente, se corre el riesgo de aislar a los activistas antirracistas, frenando nuestra capacidad de construir una respuesta de masas y el apoyo que necesitamos para ganar. Nuestro poder para derrotar a Trump y las fuerzas de extrema derecha reside en el potencial real de movilizar a la mayoría de la sociedad contra ellos. Si dirigentes progresistas como Sanders, junto con grupos de derechos civiles, organizaciones socialistas y obreras, apostaran enérgicamente por manifestaciones pacíficas de masas coordinadas, cientos de miles, posiblemente millones, saldrían las calles en una demostración de fuerza decisiva contra el racismo y el fanatismo.
Al mismo tiempo, la amarga experiencia ha dejado claro que no podemos basarnos en la policía para defender nuestro movimiento, mucho menos para defender a las comunidades negra, latina o inmigrante que son el objetivo de la intimidación y violencia racistas. Para defendernos debemos comenzar basándonos en nuestra propia fuerza colectiva y auto organización. Por tanto es necesario que el movimiento contra Trump se organice en grupos democráticos comunitarios y de trabajadores para vigilar y defender nuestras manifestaciones, para ayudar a las comunidades amenazadas.
Desde el mismo momento que Trump llegó al cargo, Socialist Alternative ha estado en primera línea de construcción de la resistencia a su agenda racista, sexista y pro empresarial. En cada etapa hemos vinculado el movimiento contra Trump y sus seguidores de extrema derecha a una estrategia y programa que puedan unir a los trabajadores en un movimiento de masas multirracial. Nuestro mensaje central es que para luchar eficazmente contra la derecha no podemos limitar nuestro mensaje simplemente a decir “no”.
En su lugar, debemos vincular las luchas defensivas actuales a un programa y estrategia que desafíen el control empresarial de la sociedad y poner fin a la inseguridad social y económica que es el terreno de cultivo donde crecen el racismo, el nacionalismo y el fanatismo.
El capitalismo está hundiendo al mundo en una crisis cada vez más profunda, la desigualdad social, la destrucción del medio ambiente, los conflictos y las guerras. Para erradicar totalmente estas condiciones sociales será necesaria la transformación socialista de la sociedad, tomar las 500 principales empresas y bancos, ponerlos bajo la propiedad pública y el control democráticos para que los ingentes recursos de la sociedad pueden satisfacer completamente las necesidades humanas, no sólo para llenar los bolsillos de los súper ricos. Si estás de acuerdo con esta posición únete ya a Socialist Alternative y ayúdanos a construir el tipo de movimiento que necesitamos hoy y para el futuro.

#ESPAÑA : Podemos dijo: no vamos a permitir que gobierne el PP si está en nuestra mano, y lo ha cumplido.

#fotografía : 999 - los cuatro jinetes de apocalipsis (#SyndicateArt #Barcelona)

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martes, 15 de agosto de 2017

#ESPAÑA - #UPA: ¿Está vacía la España rural?


Eduardo Moyano Estrada, IESA-CSIC - 09/08/2017

Gracias al fuerte proceso de cambio ocurrido en nuestro país en los últimos cincuenta años, parecía haberse superado la tradicional dicotomía rural-urbana, en la que se anteponía una España rural, símbolo del atraso, la pobreza y el aislamiento, y una España urbana, símbolo de la modernidad y el dinamismo cultural.

Eso no impedía, sin embargo, que se continuara reconociendo lo rural como algo específico, como un espacio geográfico cuya singularidad radica en la existencia de municipios de tamaño relativamente pequeño (menos de 10.000 habitantes) y un hábitat disperso y de menor densidad poblacional (menos de 100 hab/km2) en contraste con las aglomeraciones urbanas. Los espacios rurales siguen estando marcados, además, por la presencia dominante del paisaje natural y por una intensa interacción de la población rural con la naturaleza, debido sobre todo al predominio de la actividad agraria. Reconocer la singularidad de los espacios rurales no ha implicado mantener la tesis, ya tópica, del atraso inexorable del medio rural, sino todo lo contrario, permitiendo extender la idea de que encierra potencialidades que deben ser aprovechadas en pro del desarrollo de sus territorios.
Tal singularidad es, de algún modo, lo que ha justificado la existencia de políticas específicas de desarrollo de los territorios rurales y ha legitimado la transferencia de rentas a las poblaciones rurales (las ayudas de la PAC son un ejemplo de ello), si bien son políticas cada vez más cuestionadas por considerarse que hay que superar, por obsoleta, esta visión agrario-ruralista y abordar de un modo integral el desarrollo de los territorios, sean rurales o urbanos.

Un ruralismo revisitado

Sin embargo, surge ahora de nuevo el discurso ruralista de la mano de algunos trabajos periodísticos (como el de Sergio del Molino con su libro La España vacía), de reportajes televisivos (como el titulado “Tierra de nadie” del programa Salvados de Jordi Évole) o de algunas obras literarias (como las de Julio Llamazares o la más reciente de López Andrada El viento derruido).
A diferencia del tradicional discurso ruralista, y ante la imposibilidad de mantener hoy la idea del atraso y la pobreza como rasgos del medio rural, dada la evidente mejora que se ha producido en las condiciones de vida de la población que vive en esos territorios, la reactivación actual del ruralismo se envuelve ahora en el manto del despoblamiento y el abandono de algunos pueblos rurales, responsabilizando de ello a los poderes públicos.
En su afán de extender esa imagen desolada al conjunto del mundo rural, y dado que, por los datos disponibles, no se puede continuar con la tesis de que los pueblos rurales españoles son pobres y atrasados como los de antaño, el nuevo discurso ruralista se escuda en la denuncia de que están quedándose vacíos y despoblados. Es esta una imagen de desolación y abandono que encuentra fácil eco en una población urbana que, en su gran mayoría, huyó de sus pueblos rurales de origen y a la que le pesa la carga de una especie de mala conciencia que intenta conjurar con actitudes paternalistas y protectoras y que resuelve con visitas esporádicas a sus lugares de nacimiento o a las casas de sus antepasados.
Es verdad que la diversidad del medio rural español es tan grande que siempre es posible encontrar pueblos o territorios abandonados que den pábulo al periodismo de denuncia bien intencionado o a cualquier construcción literaria inspirada en la nostalgia del pasado o en el triste sentimiento del paraíso perdido, como forma de compensar el malestar de la vida en la gran ciudad. Hasta aquí no hay problema.
Novelas de gran impacto (como La bodega, de Blasco Ibáñez; Réquiem por un campesino español, de Sénder; Los santos inocentes o Las ratas, ambas de Delibes, y Los hijos muertos, de Matute, por citar solo unos ejemplos), así como algunos reportajes periodísticos o documentales cinematográficos (como el de los yunteros extremeños del marqués de Villa Alcázar o el que en su día hizo Buñuel sobre Las Hurdes, ambos en los años 1930), eligieron escenarios singulares para desplegar su imaginación literaria o para concentrar su intención de denuncia. Son escenarios de libertad creativa que no tienen por qué ser representativos de nada, ya que su misión es servir al objetivo final del artista. Hasta aquí nada nuevo cabe observar en el ruralismo actualmente revisitado por escritores y periodistas.
El problema es cuando una categoría literaria o periodística aspira a pasar del terreno de la ficción o de la simple denuncia, para convertirse en la expresión realmente fidedigna de una realidad social. Para ello es necesario ampliar el análisis, asumir la diversidad del hecho social, comparar situaciones y apoyarse en datos empíricos sólidos, que es lo que se suele hacer en el ámbito de las ciencias sociales. Si no se hace así, el resultado del esfuerzo del escritor o periodista despierta cierto recelo entre los que conocen tanto o mejor que aquellos la realidad que dicen reflejar.
Y eso es precisamente lo que nos pasa con el éxito de ventas del ya citado libro La España vacía o con el alto nivel de audiencia del mencionado programa televisivo “Tierra de nadie” de La Sexta. Ante ellos, aparte de sentirnos concernidos y hasta conmovidos por lo que narran o cuentan, nos preguntamos hasta qué punto la España rural está tan vacía como indica el libro de Sergio del Molino y en qué medida el abandono que se denuncia en el programa de Jordi Évole responde a la realidad de los pueblos rurales de nuestro país.
Los que nos dedicamos desde hace tiempo a estudiar el mundo rural y a analizar los cambios que ha experimentado en las últimas décadas, no podemos dejar de reconocer la importancia de programas de ese tipo por cuanto representan una llamada de atención, una toma de conciencia sobre los problemas de los pequeños pueblos rurales y de las zonas más interiores de nuestra ruralidad. Bienvenidos sean.
Es un hecho que existen pueblos vacíos y abandonados, tal como lo ha señalado el informe de la Federación Española de Municipios y Provincias, que sitúa en 4.000 el número de municipios en riesgo de extinción a corto y medio pla zo. Ya la Ley de Desarrollo Sostenible del Medio Rural (diciembre de 2007) identificaba 105 comarcas “a revitalizar” por tener serios problemas reales de despoblamiento, y otras 84 comarcas calificadas de “intermedias” por estar en riesgo de abandono. Es verdad que no es lo mismo hablar de municipios vacíos y abandonados que de comarcas despobladas, pues en estos temas la escala importa, pero nadie en su sano juicio puede negar la evidencia de este problema (ver el artículo de Fernando Molinero “La España profunda” en este mismo anuario de la Fundación de Estudios Rurales).
De hecho, el problema del despoblamiento en la España rural ha entrado en el debate político, y eso es también una buena noticia. El Senado ha creado una comisión especial sobre este tema, y en la VI Conferencia de Presidentes de Comunidades Autónomas se acordó la elaboración de una estrategia nacional a ese respecto, dando lugar a que el gobierno Rajoy creara un comisionado presidido por Edelmira Barreira.
Sin embargo, leyendo o viendo por televisión estos reportajes periodísticos sobre la llamada “España vacía”, no podemos evitar cierta incomodidad por lo que estos programas significan de simplificación de una realidad que es mucho más variada y compleja de la que se muestra en ellos. Nos preocupa que, poniendo el foco de atención en los casos más llamativos y de más potencial dramático, se esté dando una imagen distorsionada del medio rural español ignorándose amplios territorios cuyos problemas no son los del despoblamiento y el abandono, sino de otra índole.
Como señala García Álvarez-Coque, en su artículo “Serranía celtibérica”, publicado en Agronegocios el pasado 16 de abril, no debería interesarnos solo por qué, en lo que llevamos de siglo, más de un millar de municipios de esa comarca han perdido población, sino por qué se ha mantenido o incluso ganado población en más de 2.000 localidades.

Un mundo rural diverso

Esta variedad de situaciones refleja la realidad de un mundo rural español que es muy diversa, tal como se indicó en el documento elaborado por el foro IESA en diciembre de 2009 “Del desarrollo rural al desarrollo territorial”, donde se establecía una especie de tipología de los territorios rurales que puede ser de gran utilidad para ordenar el debate sobre los problemas de los territorios rurales españoles. Esa tipología es la que utilizaré a continuación.
Áreas con un buen nivel de desarrollo basado en la agricultura, y que cuentan con sistemas alimentarios locales bien articulados
Son áreas bien pobladas (por ejemplo, las situadas en algunas zonas de los valles del Guadalquivir, Ebro y Tajo, en ciertas zonas de las cuen cas del Duero, en los valles del Turia y Segura o en áreas próximas al litoral mediterráneo), cuyas principales características dependen del tipo de agricultura, ganadería o pesca que constituye la base de su sistema productivo.
Como se indica en el citado documento del foro IESA, estas áreas suelen estar bien dotadas en infraestructuras y equipamientos sociales, existiendo en ellas “sistemas alimentarios locales basados en una agricultura moderna y competitiva que, además, está bastante bien articulada con los mercados extralocales y bien integrada en el sector agroalimentario”. Los sistemas alimentarios locales actúan en esos territorios como “verdaderos motores del desarrollo al constituir una importante fuente de empleo y renta y contar con sectores comerciales, industriales y de servicios, competitivos y estrechamente vinculados a la agricultura”, encontrándose dentro de ellos un eficiente movimiento cooperativo sobre el que gira la economía local.
Por eso, la estrategia dirigida al desarrollo de esos territorios debe, en buena medida, basarse en la optimización del sistema alimentario local, apoyándose tanto en la agricultura como en la industria, el comercio y los servicios vinculados a ella, con especial atención a las cooperativas y las pymes, sin olvidar la importancia que para estas áreas tiene la presencia de las industrias alimentarias gracias a su relevante papel en la transformación de las materias primas procedentes de las actividades productivas locales.
Al ser el sector agroalimentario lo suficientemente dinámico en algunas de estas áreas, puede que lo que los agricultores necesiten sean planes estratégicos que apoyen la mejora estructural de sus explotaciones, impulsen una mayor vertebración interprofesional, mejoren su capacitación profesional (sobre todo, acercándolo a los nuevos escenarios competitivos), promuevan modelos de mayor sostenibilidad ambiental (como la producción integrada o la agricultura de conservación) y apuesten por la calidad y la seguridad en la producción de alimentos respondiendo de forma adecuada a las demandas de los consumidores.
En definitiva, se trata de que los sistemas alimentarios locales sean eficientes respondiendo, por supuesto, a las demandas de los mercados y al reto de la competitividad, pero ajustándose también a las exigencias de la sostenibilidad ambiental, así como de la calidad y seguridad alimentaria, complementando los sistemas intensivos con otras alternativas en el ámbito de las producciones diferenciadas o en las cadenas cortas de distribución.
Áreas del interior rural con importantes déficits estructurales y problemas demográficos
En el otro extremo nos encontramos, como indica el citado documento del foro IESA, con áreas del interior rural (frecuentes en muchas zonas de la ruralidad profunda española y, en particular, en las zonas de montaña) que “suelen estar alejadas de los centros urbanos, sufrir importantes déficits estructurales, tener bajos niveles de población, estar escasamente equipadas y disponer de un sistema alimentario poco dinámico, debido a que o bien la actividad agraria no ha desarrollado un sector industrial o comercial vinculado a ella, o bien a que la agricultura es poco competitiva”.
A diferencia de los territorios incluidos en la categoría anterior, su sistema alimentario local no tiene capacidad para garantizar las rentas de su población, siendo, por ello, una población que apenas consigue reproducirse social y económicamente. El resto de la actividad económica es igualmente débil, y su situación en infraestructuras tampoco permite a la población aprovechar el alto valor ambiental de estos territorios.
Son estas las áreas donde se produce un grave problema de despoblamiento y donde existen serias probabilidades de abandono, ya que a duras penas se consigue alcanzar el umbral de población mínimo para hacer viable cualquier proyecto de desarrollo y justificar, desde un punto de vista social, las inversiones en infraestructuras y equipamientos que serían necesarias para garantizar a los que todavía allí residen unas mínimas condiciones de vida. Es en estas áreas donde los novelistas y periodistas antes citados encuentran hoy escenarios adecuados para sus obras de ficción o de denuncia.
El reto de los poderes públicos en buena parte de estos territorios, muy heterogéneos entre sí, es cómo garantizarle a la población unas condiciones dignas de vida como base para la conservación de los espacios naturales, dado que su posible despoblamiento podría crear áreas abandonadas con un alto riesgo de incendios y un deterioro general del entorno.
Como señala el foro IESA, “sería útil abrir un amplio debate social y político sobre el futuro y viabilidad de dichos territorios, rompiendo así el tabú a que han estado sometidos estos asuntos”, un debate que debe incluir el modelo de gestión territorial que queremos y en el que no debe descartarse el hecho inexorable de la desaparición de algunos de los pueblos allí ubicados. Cuando esta situación afecta a territorios muy extensos (como por ejemplo ciertas áreas de Aragón, Castilla y León, Extremadura, Castilla-La Mancha o del interior de Galicia), el desequilibrio geográfico debe abordarse como una cuestión de Estado, con estrategias específicas que alcancen a varios ministerios y comprometan a los gobiernos de las comunidades autónomas.
En este sentido, me parece bien el interés manifestado por este problema desde el ámbito político, con la comentada iniciativa del Senado y de la conferencia de presidentes autonómicos. De hecho, en una reciente sesión de control en el Senado, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría señaló, a la pregunta de un senador socialista, que el problema del despoblamiento tiene que ser objeto de una política de estado, pues trasciende el ámbito de las políticas regionales. A ello habría que añadir que una reactivación de la ya citada Ley de Desarrollo Sostenible del Medio Rural podría contribuir a darle ese tratamiento más amplio y transversal.
Los actuales avances tecnológicos en materia de comunicación abren, no obstante, nuevas vías para tratar la viabilidad de algunas de estas áreas del interior rural, ya que permiten establecer servicios de proximidad y desarrollar actividades de teletrabajo, así como organizar programas de formación online para la población, propiciando la reducción de su tradicional aislamiento y abriendo la posibilidad de su plena integración en las comarcas de las que forman parte.
El creciente atractivo de estos territorios como lugares de segunda residencia para la población que los elige como destinos estacionales (turismo rural, turismo paisano protagonizado por las familias de antiguos emigrantes que buscan sus raíces locales…) o incluso de primera resi dencia para los que encuentran de un modo definitivo en ellos su espacio de vida y trabajo (como los emigrantes retornados que regresan a sus lugares de origen o los neorrurales que se instalan buscando un modelo de vida de mayor contacto con la naturaleza), constituye una forma interesante de reactivar algunas de estas áreas del interior rural, pero no podrá solucionar el problema de otras.
Áreas intermedias con una buena interacción rural/urbana
Entre esas dos situaciones extremas encontramos situaciones intermedias, donde, como señala el citado documento del foro IESA, el “sistema alimentario local, y dentro de él la agricultura, se combina con otras actividades económicas, y donde la población, gracias, entre otras cosas, a la movilidad geográfica, a su buena posición logística y a disponer de adecuadas infraestructuras, diversifica las fuentes de renta aprovechando las distintas oportunidades que les ofrece el entorno económico (empleos en el sector industrial, trabajos en el sector servicios de las ciudades y pueblos más cercanos...)”.
Son áreas donde, si bien los sistemas alimentarios pueden encontrar un amplio mercado local y comarcal para sus productos, “su principal dinamismo no proviene del sector agroalimentario, sino de actividades propiciadas por su cercanía con los núcleos urbanos y que favorecen la práctica del commuting (desplazamiento diario de trabajadores de las zonas rurales a las ciudades para desempeñar tareas en distintos servicios)”.
Además, por su localización estratégica y por las ventajas comparativas que ofrecen (gracias a las TIC y a la mejora de las comunicaciones viarias), algunas de estas áreas actúan como importantes polos de atracción para los profesionales autónomos e incluso para el personal que trabaja en los servicios públicos (sanitarios, educativos, asistencia social…), transformando la composición de estas comunidades rurales e introduciendo un nuevo dinamismo social y económico en ellas. Son territorios donde se produce un flujo migratorio de doble sentido (rural-urbano y urbano-rural), que es su gran valor y fortaleza de cara a garantizar su desarrollo presente y futuro.
El desafío en estas zonas es comprender que tanto el medio rural como los núcleos urbanos forman parte del mismo territorio y que el desarrollo pasa por el respeto a los valores naturales, culturales, arquitectónicos y paisajísticos, al ser parte de un patrimonio que es de todos. Para ello es necesario intensificar las relaciones entre ambos espacios, poniendo a disposición de los actores económicos y sociales los medios e infraestructuras adecuadas para hacer posible esa interacción, sobre todo en lo que se refiere al transporte sostenible, la movilidad y la comunicación.
En estas áreas, las acciones de tipo sectorial provenientes de los departamentos de Agricultura de las Administraciones públicas son insuficientes para abordar el desarrollo por mucho que puedan propiciar la mejora del sector agroalimentario y favorecer su integración en los mercados locales.
Por ello, será imprescindible una implicación real y coordinada de los diversos departamentos ministeriales y/o de la Administración regional, así como de las corporaciones locales y las entidades financieras, para establecer las sinergias necesarias que garanticen las infraestructuras que demandan los agentes económicos y sociales, y todo ello en el marco de instancias de gestión y concertación que superen los restringidos ámbitos locales y se adentren en una visión territorial más amplia (supramunicipal).

Conclusiones

Los tres tipos de territorios rurales descritos hasta aquí de manera somera, y en un inevitable ejer cicio de simplificación, responden, en definitiva, a áreas caracterizadas por rasgos diferenciales cuyo desarrollo exige actuaciones también diferenciadas para asegurar el bienestar de la población que reside en ellos. Todos contribuyen de algún modo a la cohesión social y económica de un país tan vasto y diverso como España, por lo que las políticas públicas deben contemplarlos en su singularidad estableciendo el correspondiente diagnóstico, promoviendo las instancias de concertación más adecuadas y formulando las medidas más convenientes para propiciar su desarrollo.
Hay, sin duda, territorios vacíos y despoblados en la España rural, que exigen ser tratados con planes y estrategias específicas de desarrollo, sin descartar en algunos la posibilidad de que continúe su proceso inexorable de despoblamiento, lo cual no significa dejar abandonada a la población que aún reside en ellos. Lo que puede que no tenga sentido es volcar esfuerzos y recursos en reactivar algo que está condenado a desaparecer por la ley de los tiempos que le ha tocado vivir. Lo importante es localizar tales territorios para prestarles unos cuidados de tipo paliativo, pero nada más.
En un contexto de recursos públicos escasos, en el que hay que establecer prioridades, es preciso definir en cada tipo de espacios rurales las estrategias que se consideren más adecuadas. En unos casos pasarían por emplear recursos para avanzar en el proceso de modernización de la agricultura, promover el relevo generacional, impulsar los modelos asociativos y favorecer la renovación formativa de los agricultores para que estén más capacitados para acceder al mundo digital y de las nuevas tecnologías. En otros casos habrá que diseñar estrategias integrales de desarrollo, que faciliten la interacción rural-urbana, la diversificación de actividades (agrarias y no agrarias), la instalación en el medio rural de nuevos emprendedores…
Habrá territorios rurales en los que la fuente de supervivencia de las familias que en ellos residen descansa en los ingresos obtenidos de manera temporal por la afluencia de visitantes en determinadas épocas del año (fines de semana y/o periodos vacacionales), debiendo para ello ser apoyadas en la habilitación de las casas para que sirvan de acogida a esos esporádicos visitantes. Pero habrá territorios condenados sin remisión al despoblamiento, y no hay que hacer ningún drama con ello, sino definir planes y acciones destinadas a que su desaparición sea lo menos traumática posible para los habitantes que en ellos viven y a que recuperen la vocación forestal que algunos posiblemente antaño tuvieron. Estar destinados a su paulatina desaparición no tiene por qué implicar abandono por parte de los poderes públicos, sino atenciones paliativas consensuadas lo mejor posible con las poblaciones locales.
Hay, sin duda, una parte de España que está vacía y despoblada. Identifiquémosla, veamos qué posibilidades reales hay de que se pueda invertir la dirección de ese proceso de despoblamiento, y si en algunos casos se llega a la conclusión de que es inexorable, apliquemos las medidas oportunas para que eso se produzca con el menor daño posible para los que allí residen.

#ESPAÑA - #UPA : La resiliencia de los territorios rurales


Pedro Sánchez Zamora, Universidad de Córdoba - 11/08/2017

El medio rural es hoy uno de los elementos fundamentales que vertebran social y económicamente el territorio europeo. Según datos de Eurostat (2013), en la UE-27 el conjunto de regiones calificadas como predominantemente rurales o intermedias representa el 90% de la superficie total, alberga al 58% de la población, genera el 46% del VAB (valor añadido bruto) y proporciona el 55% del empleo (EC, 2013).

No obstante, esta importancia que en términos cuantitativos y de forma global presentan las áreas rurales en el territorio europeo, varía sustancialmente entre unos países y otros. Y es que uno de los rasgos esenciales del medio rural europeo es la gran diversidad que presentan sus territorios, no solo en el ámbito de los recursos naturales (capital natural), sino también en el socioeconómico, cultural e institucional.
Sin embargo, siendo esta diversidad una de las grandes potencialidades con las que cuenta la UE, plantea grandes desafíos para la cohesión y el desarrollo de sus áreas rurales. Son numerosos los estudios que muestran los importantes desequilibrios territoriales que, a diversas escalas y de muy distinto tipo, presenta la realidad rural europea (EC, 2010).
Se puede decir que los espacios rurales europeos no solo son diversos, sino que evolucionan de forma heterogénea, constatándose la existencia de diferentes dinámicas territoriales. Así, en el seno de la UE coexisten territorios rurales con dinámicas de desarrollo caracterizadas por un fuerte crecimiento económico, cohesión social y sostenibilidad ambiental, y otros en los que persiste el estancamiento económico, el despoblamiento o el deterioro ambiental. Esta diversidad se observa también en la variedad de factores que determinan dichas situaciones y en las diferentes respuestas de los territorios a las políticas que sobre ellos inciden.
En los últimos años, el aumento en la intensidad de los cambios y la variedad de las dinámicas sociales y económicas asociadas a ellos han puesto de manifiesto la necesidad de acometer investigaciones que sean capaces de abordar los desafíos intelectuales y políticos que surgen como consecuencia de esta problemática. En este sentido, son varios los proyectos y trabajos que a nivel europeo han analizado los diferentes procesos de cambio de los territorios rurales, y los factores y fuerzas que los provocan. Este tipo de factores pueden ser, en ocasiones, fuertemente perturbadores para el territorio y su dinámica y, dependiendo del contexto en el que ese territorio se desenvuelva, pueden desembocar en situaciones de shock.
En el ámbito rural, estas situaciones pueden venir determinadas, entre otros factores, por los impactos del cambio climático y de las crisis alimentarias, económicas, financieras, políticas o sociales, así como de los desastres naturales, industriales o epidemiológicos, los cambios tecnológicos… Si bien los efectos que estos factores provocan difieren entre unas áreas y otras, no hay duda de las presiones que ejercen sobre los atributos estructurales y funcionales de un territorio. Para la comprensión de este tipo de efectos, algunos autores han comenzado a utilizar un enfoque analítico basado en el concepto de “resiliencia territorial”.
En el presente artículo se abordará, en primer lugar, y de manera breve, el concepto de “resiliencia territorial” y se indicarán algunos de los elementos que resultan clave para su aplicación en el análisis de los territorios rurales. En segundo lugar, y en base a esas pautas, se caracterizará de forma concisa el medio rural español, prestando especial atención a la diversidad de territorios que lo conforman y a los principales procesos de cambio que en este se han producido. En tercer lugar se profundizará en la crisis económica como una de las principales fuerzas que han determinado las transformaciones recientes de las áreas rurales españolas, y se analizarán los factores de resiliencia que pueden ser identificados en los territorios rurales. Finalmente, se harán una serie de consideraciones finales.

Una aproximación al concepto de resiliencia territorial

La raíz de la palabra resiliencia proviene del latín resilire y denota la idea de recuperación, restablecimiento, rebote o retroceso (bouncing back en terminología anglosajona). Se trata de un concepto que se ha venido utilizando en diversas disciplinas científicas, tales como la mecánica (para denotar la capacidad que posee un material para resistir la aplicación de una fuerza y absorberla con deformación), o la psicología (para medir la capacidad de los individuos para afrontar y superar acontecimientos de carácter traumático). Las primeras investigaciones transdisciplinarias sobre resiliencia fueron desarrolladas por Holling (1973) para establecer relaciones de sostenibilidad entre la población y los recursos naturales de un sistema ecológico.
Actualmente, la palabra resiliencia es un término de uso común tanto en el lenguaje cotidiano como en diversas disciplinas científicas, lo que ha contribuido a la aparición de diversos significados y connotaciones. En este sentido, Martin (2012) señala que la resiliencia no es un concepto unitario con una definición precisa y aceptada universalmente, sino que, a pesar del debate conceptual que se ha venido dando durante más de treinta años, este concepto permanece todavía difuso y adquiere en la práctica un carácter polisémico. No obstante, todas las interpretaciones tienen en común que se trata de la capacidad de responder eficazmente al cambio, especialmente al cambio impredecible y repentino (Darnhofer, 2014).
Para aplicar el concepto de resiliencia a los análisis territoriales, las diferentes interpretaciones sugieren la necesidad de distinguir, al menos, cuatro dimensiones. La primera de esas dimensiones es la resistencia, y hace referencia a la vulnerabilidad o sensibilidad del territorio a las perturbaciones causadas, por ejemplo, por una situación de recesión. La segunda dimensión hace alusión a la velocidad y alcance del restablecimiento del territorio y su trayectoria de desarrollo tras la perturbación a la que ha sido sometido. La tercera tiene que ver con la medida en que el territorio es capaz de reorientarse después del shock y las implicaciones que ello conlleva para el desarrollo. Finalmente, la cuarta dimensión se refiere al grado de renovación o reanudación de la trayectoria de desarrollo que caracterizaba al territorio antes del shock. Estas diferentes dimensiones de la resiliencia pueden interactuar entre sí de diversas formas para provocar diferentes resultados.
Considerando estas cuatro dimensiones, una visión operativa exige, a nuestro entender, una visión amplia. Desde una perspectiva territorial, la resiliencia” puede ser definida como “la capacidad permanente de un territorio para idear y desplegar nuevos recursos y capacidades que le permitan anticiparse, prepararse, responder, recuperarse y adaptarse favorablemente a la dinámica de transformación impulsada por el entorno cambiante” (Sánchez-Zamora et al., 2014).
A partir de esa definición, se pueden distinguir cuatro fases en el análisis de la resiliencia territorial: 1) anticipación y preparación; 2) respuesta; 3) recuperación; y 4) adaptación y aprendizaje en el largo plazo. Se trata de un análisis temporal en el que las fases quedan delimitadas por el momento en el que se produce el shock o impacto.
Así, la primera fase se ubica en el período previo al impacto, y hace alusión a la situación en la que se encuentra un territorio para poder afrontar las consecuencias de una perturbación. La segunda fase se sitúa en el instante del impacto y en los primeros momentos después de que este se haya producido, y hace referencia a la resistencia y respuesta que muestra el territorio frente al shock. La tercera fase se ubica en un intervalo posterior al impacto, y determina la capacidad de recuperación del territorio tras la perturbación a la que ha sido sometido. Finalmente, la cuarta fase, también en un período posterior al impacto, hace alusión a la adaptación del territorio a la nueva situación establecida y al aprendizaje adquirido para afrontar nuevas alteraciones en el largo plazo.
Teniendo en cuenta estas fases, algunos elementos clave que resultan esenciales en el análisis de la resiliencia territorial en las áreas rurales son los siguientes: 1) la caracterización de los territorios rurales contemplados en el análisis y sus procesos de cambio; 2) la identificación y análisis de la fuerza que ejerce el impacto sobre los atributos estructurales y funcionales de los territorios rurales provocando situaciones perturbadoras; 3) la selección del período o espacio temporal de análisis delimitado por el momento en el que se produce el impacto y el consecuente shock; 4) el análisis de la diferente evolución sufrida por los territorios tras el impacto de la fuerza que determina la situación de shock, y 5) la identificación de dinámicas territoriales resilientes y de los factores asociados a las mismas.

Diversidad y procesos de cambio en los territorios rurales españoles

Como señala el Foro IESA sobre Cohesión de los Territorios Rurales en su documento Del desarrollo rural al desarrollo territorial (2009), “si hay un país de la UE caracterizado por la gran diversidad de sus territorios rurales y la variedad de sus espacios naturales, ese es, sin duda, España”.
La importancia de las áreas rurales españolas reside no solo en su dimensión cuantitativa en términos de superficie, población y economía, sino que también lo son por el poderoso vínculo que representan con la cultura e identidad de sus pueblos, su protagonismo en el desarrollo de determinados sectores conectados con la agricultura y ganadería, y su labor esencial en la gestión del patrimonio natural y cultural.
Sin embargo, al igual que en el ámbito europeo, en las tres últimas décadas la realidad del medio rural español ha evolucionado de forma muy distinta de unos territorios a otros. Mientras que en algunas áreas se ha producido una gradual y paulatina recuperación del dinamismo social y económico, en otras ha continuado el fenómeno del despoblamiento y envejecimiento, no consiguiendo asegurar la permanencia de un cierto número de centros poblacionales capa ces de ofrecer servicios y de realizar una mínima actividad económica y social.
Así, tal y como se apunta en el citado documento del Foro IESA (2009), en España se pueden encontrar tres tipos de territorios rurales:
  •  Áreas con un buen nivel de desarrollo basado en la agricultura, y que cuentan con sistemas alimentarios locales bien articulados. Se trata de áreas agrícolas densamente pobladas (como las situadas en algunas zonas de los valles del Guadalquivir, Ebro y Tajo, en ciertas zonas de las cuencas del Duero, en los valles del Turia y Segura o en áreas próximas al litoral mediterráneo), cuyas principales características dependen del tipo de agricultura, ganadería o pesca que constituyen la base de su sistema productivo.
  • Áreas del interior rural con importantes déficits estructurales y problemas demográficos (frecuentes en muchas zonas de la ruralidad profunda española y, en particular, en las zonas de montaña), que suelen estar alejadas de los centros urbanos, sufrir importantes déficits estructurales, tener bajos niveles de población, estar escasamente equipadas y disponer de un sistema alimentario poco dinámico, debido a que o bien la actividad agraria no ha desarrollado un sector industrial o comercial vinculado a ella o bien a que la agricultura es poco competitiva.
  • Áreas intermedias con una buena interacción rural/urbana, donde el sistema alimentario local, y dentro de él la agricultura, se combina con otras actividades económicas, y donde la población, gracias, entre otras cosas, a la movilidad geográfica, a su buena posición logística y a disponer de adecuadas infraestructuras, diversifica las fuentes de renta aprovechando las distintas oportunidades que les ofrece el entorno económico.
Se trata, por tanto, de un país, el nuestro, que presenta un medio rural diverso y heterogéneo, y que en los últimos años ha sido partícipe de un intenso proceso de desarrollo que ha dado lugar a cambios en su estructura y a diferentes efectos territoriales. Las importantes transformaciones que han venido experimentando la agricultura y el medio rural de España en las últimas décadas son resultado de su propio dinamismo interno, pero también del impulso provocado por los cambios socioeconómicos, culturales y políticos que, a nivel más amplio, tienen lugar en el entorno nacional, europeo e internacional.
Entre los procesos generales que, en distinta medida, han determinado las transformaciones de las áreas rurales y sus estrategias de inserción en la economía mundial, cabe destacar los siguientes:
  • Cambios institucionales. La entrada de España en la UE en el año 1986 ha sido, sin duda, uno de los principales motores de modernización y transformación socioeconómica del medio rural español. La reforma de los Fondos Estructurales europeos en 1988 y, más concretamente, la puesta en marcha de la iniciativa comunitaria Leader en 1991, supusieron la pri mera política de desarrollo rural en el caso español. Esta iniciativa comunitaria se tradujo en una importante descentralización del Estado en materia agraria y rural en beneficio de los gobiernos regionales, contribuyendo a la creación de los Grupos de Acción Local. La continuidad de esta iniciativa comunitaria, así como la implementación y posteriores reformas de otras políticas comunes con incidencia en el medio rural (PAC y Política Regional) han contribuido de forma decisiva a los procesos de cambio de estos territorios.
  • Los procesos de globalización. La mundialización de la economía y la creciente generalización de las nuevas tecnologías de la información convierten a los territorios rurales en espacios más accesibles, pero los hacen más vulnerables a la competencia exterior, empujándolos a una continua readaptación a las lógicas imperantes, cuyas claves de éxito están directamente relacionadas con su capacidad para incorporar y desarrollar innovaciones.
  • Cambios sociales. La apertura del mundo rural al exterior y la aparición de nuevos sectores y actividades, vinculados o no a la agricultura, han provocado la aparición de un nuevo contexto social donde emergen nuevas pautas de comportamiento y de relación entre los actores del territorio. La sociedad rural se ha vuelto más compleja, económica y socialmente, con una mayor diferenciación interna y diversidad de empleo. Esto ha tenido un efecto significativo en la vida local y ha contribuido a alentar el crecimiento de nuevas élites, tales como el movimiento neorrural (Moyano, 2003).
  • Cambios culturales. Existe un nuevo contexto cultural en la sociedad rural del sur de Europa caracterizado, de una parte, por una revalorización del campo, según criterios que tienen más que ver con la calidad de vida y la sostenibilidad que con la producción, y, de otra parte, por una revitalización y revalorización de lo “local” como marco central de referencia para toda la población.
  • Crisis económica. La crisis económica que ha atravesado gran parte del territorio europeo desde 2008, se muestra como uno de los principales factores exógenos que, en los últimos tiempos, ha determinado las diferentes dinámicas territoriales de las áreas rurales. Por ello le dedicaremos especial atención en el siguiente apartado.

Crisis económica y factores de resiliencia en el medio rural

Efectivamente, en los últimos años, una de las principales fuerzas impulsoras de diferentes dinámicas territoriales, tanto rurales como urbanas, y que al mismo tiempo ha supuesto un fuerte shock para los elementos del territorio, la población y sus actividades, es la ya citada crisis económica. Esta crisis, si bien es una crisis financiera y económica de carácter generalizado a nivel europeo, en el caso español las características que presenta la hacen diferente. Aquí se trata de una crisis que no es solo financiera y económica, sino que es estructural, compleja y extensa en el tiempo.
La crisis se ha revelado, por tanto, como un elemento obstaculizador de los procesos de cambio y desarrollo de las áreas rurales. Aunque el impacto de esta sobre las economías rurales difiere entre unas áreas y otras, no hay duda del deterioro que ha ejercido en los patrones de crecimiento y empleo rural de la mayor parte de los territorios. A pesar de ello, se han podido observar casos en los que la crisis económica ha contribuido a la revitalización de determinados territorios rurales. Los efectos negativos de esta crisis y sus consecuencias en las zonas urbanas han favorecido, en ocasiones, un flujo migratorio desde las ciudades hacia pequeños municipios, en busca de una mejora en las condiciones de vida y de nuevas oportunidades laborales.
Para la comprensión de los efectos de la crisis, algunos autores han utilizado, en diferentes ámbitos territoriales, un enfoque analítico basado en el concepto de resiliencia (Ashby et al., 2009; Wells, 2009; Batty y Cole, 2010; Sánchez- Zamora et al., 2017).
En el caso del medio rural español, el análisis de la resiliencia frente a dicha crisis puede ser abordado distinguiendo dos etapas diferentes: 1) la comprendida entre los años 2000 y 2008, período más o menos homogéneo de bonanza económica para la mayor parte de los territorios europeos y en el que el desarrollo rural se incorporó como segundo pilar de la PAC; y 2) la que abarca desde el año 2008 hasta la actualidad, años en los que la crisis económica provoca importantes repercusiones en la economía de los territorios rurales.
Sobre la base de estas dos etapas, y a partir de la revisión de estudios previos, se han podido identificar una serie de factores que intervienen en los procesos de desarrollo y/o resiliencia territorial frente a la crisis económica.
En el período previo a la crisis, uno de los factores que más se repite por su contribución al desarrollo de las zonas rurales es la diversificación de la economía rural. Efectivamente, uno de los principales procesos de cambio de los territorios rurales tiene que ver con la modificación que ha ido sufriendo la estructura de su sector productivo. Desde finales de los años 1980, la tradicional relevancia de la agricultura como principal actividad ha ido dejando paso progresivamente a la incorporación de nuevos sectores que han permitido un aumento en la diversificación de la economía rural de las familias.
Sin embargo, en muchas ocasiones, este solo se ha podido considerar como un factor de desarrollo coyuntural, y no de resiliencia, en las comarcas rurales en las que la diversificación se ha apoyado de forma excesiva en el sector de la construcción. Y es que, aunque este sector ha sido uno de los motores de la economía en el periodo de bonanza económica vivido en España, desde que estalló la burbuja inmobiliaria se ha producido una alarmante destrucción de empleo, convirtiéndose en el peor posicionado frente a la crisis.
A raíz del impacto de la crisis en 2008, la estructura del sector productivo de los territorios rurales vuelve a dar un nuevo giro, y junto con una progresiva terciarización de las economías rurales, la agricultura sigue jugando un papel esencial en el sostenimiento de las comarcas, considerándose uno de los elementos importantes a tener en cuenta en los procesos de cambio de estos territorios. El sector agrario se presenta como uno de los sectores que mejor está resistiendo las consecuencias de la crisis. Este se ha convertido en un sector refugio, aumentando el número de activos (muchos de ellos jóvenes) como consecuencia del bloqueo que se ha producido en el tradicional trasvase de mano de obra a otros sectores, y absorbiendo desempleados en el medio rural.
Asimismo, en el período de crisis económica, el apoyo público a la agricultura ha permitido mejorar su capacidad para generar riqueza y fijar población a través del impulso de otras actividades económicas relacionadas estrechamente con la industria agroalimentaria, el turismo o el comercio. Tal circunstancia puede asociarse al reconocimiento de la importancia de la función “territorial” de la PAC. Se reafirma así la importancia que la agricultura tiene en la sostenibilidad de los territorios rurales. Desde este punto de vista, se puede señalar que la PAC debe y puede contribuir de manera clara a la resiliencia, a la cohesión territorial y, por tanto, al mantenimiento de la vitalidad de las áreas rurales. Diferentes trabajos apuntan que una PAC que sea capaz de atraer a agricultores jóvenes y promover un sector agrario competitivo, dinámico e innovador, generará dinámicas territoriales resilientes.
Efectivamente, la presencia de agricultores jóvenes en los territorios rurales (con su importante papel en la renovación y continuidad generacional, en la dinamización del territorio, su mayor capacidad de adaptación a los cambios, y su mayor sensibilidad a la innovación e incorporación de nuevas tecnologías) resulta determinante en el impulso de dinámicas territoriales resilientes.
De igual modo, se reconoce que las ayudas al desarrollo rural son también un factor asociado a la resiliencia territorial. Debe señalarse que una apropiada gestión de dichas ayudas al desarrollo rural y un adecuado equilibrio entre los sectores del partenariado público-privado que componen el Grupo de Acción Local, facilitan la cooperación entre la población y las instituciones, generando sinergias positivas, promoviendo un correcto funcionamiento del sistema de gobernanza, y contribuyendo al desarrollo de los territorios rurales.
La capacidad institucional y la gobernanza también son elementos claves que contribuyen a la resiliencia territorial. En este sentido, se puede destacar que tanto la iniciativa comunitaria Leader, en sus distintas fases, como la política europea de Desarrollo Rural (2007-2013) han ido dando respuesta a las necesidades de los territorios rurales y han supuesto una serie de logros importantes. Entre dichos logros se pueden destacar los siguientes: el cambio radical en la actitud de las Administraciones ante los problemas de las zonas rurales; una apuesta por lo rural y por la puesta en marcha de estrategias conjuntas, endógenas, articuladas e innovadoras; creación de empleo y consolidación de empresas; dotación de equipamientos e infraestructuras, y la movilización de un considerable volumen de recursos financieros (públicos, privados, exógenos y endógenos) (MARM, 2011).
Finalmente, en el ámbito del capital humano, dos de los factores que más se repiten por su contribución al desarrollo de las zonas rurales y al impulso de dinámicas resilientes son los elevados niveles de formación de la población y la facilidad para el acceso y uso tanto de las TIC como de los equipamientos e infraestructuras. Una buena formación de la población local incide favorablemente sobre la productividad del trabajo y favorece la localización de actividades económicas de un nivel tecnológico medio o alto y de servicios avanzados. Por su parte, las infraestructuras y el acceso a servicios básicos contribuyen a la fijación de la población en las zonas rurales, y las TIC se consideran condicionantes estructurales que favorecen las dinámicas socioeconómicas.

Reflexiones finales

Cada vez son más los autores que señalan las múltiples ventajas que presenta el uso del enfoque de la resiliencia para llevar a cabo análisis territoriales. No obstante, el análisis de la resiliencia territorial” no es tarea fácil, pues los factores asociados a la misma son complejos y variados, al igual que lo son las relaciones que se establecen entre ellos. De hecho, los factores de “resiliencia que de forma general se han podido identificar en el medio rural español se encuentran vinculados al ámbito de actuación de diferentes políticas públicas (rural, agraria, de cohesión…), lo que implica la necesidad de políticas integrales y la coordinación y complementariedad en las actuaciones de los cincos fondos del Marco Estratégico Común (MEC).
El desarrollo de los territorios rurales no solo se impulsa con las políticas de desarrollo que se han llevado a cabo hasta el momento, sino que existen factores que superan el ámbito de las políticas de desarrollo rural, y que resultan determinantes en estos procesos. En cualquier caso, se trata de una serie de factores que, en un contexto de crisis económica, deberían ser tenidos en cuenta en las propuestas instrumentales de las políticas de forma que propiciaran su activación para que permitiesen responder de forma favorable a los problemas presentes en las áreas rurales.
Sin embargo, aun siendo importantes las reflexiones en torno a los factores sobre la resiliencia territorial, estas habría que pasarlas por el tamiz de la particularidad y heterogeneidad del medio rural español. Tal y como ya ha sido comentado, no todos los territorios rurales españoles son iguales, ni su desarrollo puede plantearse de manera uniforme, por lo que una realidad rural tan diferente requiere políticas flexibles que permitan un correcto uso del principio de subsidiariedad.
Esta flexibilidad implica objetivos y medidas adaptadas a realidades diversas, priorizadas también de forma diferente, con el fin de permitir avanzar a los territorios rurales actuando sobre los problemas que les acucian y apoyándose en aquellos factores en los que pueden basar su desarrollo. Las políticas públicas con incidencia en estos territorios, si bien reconocen la diversidad de las zonas rurales, este reconocimiento no ha sido suficientemente trasladado al planteamiento de sus objetivos y al diseño de sus medidas.

Referencias bibliográficas

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