viernes, 13 de febrero de 2015

EL JUNCO INDOSTANÍ



@lecorbusier2


Tanto sobresalto en IU Madrid, tanto confluir con otras organizaciones sociales, obreras y vecinales, tanto pensar y repensar en programas “a la izquierda” de la izquierda aceptada por el régimen ha hecho que me piense, así como el que no quiere la cosa, que necesito un programa serio y concienzudo de meditación y tranquilidad, y por eso me he apuntando a yoga.
Yo pensaba que esta disciplina deportiva-espiritual es como el que se va a coger moras un día primaveral pero no, me he equivoqué. Si algo es el yoga es un sistema de tortura fino en el que sufres que es un primor en silencio como las hemorroides, donde las tensiones de tendones y músculos para estirarlos un poco o un mucho, tiene como resultado que al día siguiente me parezca a una tabla de planchar por eso de la movilidad y porque las agujetas no me dejan ver el bosque.
Así por encima, y por lo poco que sé porque solo llevo un mes, esto del yoga es contraponer fuerzas entre otras muchas cosas más. En una de sus posturas gráciles y aparentemente fáciles uno tiene que poner la mano en su píe y este empuja a la mano y la mano al píe, a la vez se gira el cuello hacia el cielo (debe de ser para reclamar clemencia) mientras la otra mano se extiende por encima de la cabeza mientras tus isquiones se anclan a la tierra a la vez que tu omóplatos se encajan y tus escapulas también se apoyan donde deben de apoyarse. Un lio vamos. Esto en cuanto a tu cuerpo ya que mi mente recita párrafos de don Carlos Marx para entretenerse relacionando tal sufrimiento con la lucha de clases; la profesora que nos oprime y nosotros que nos resistimos.
Yo no sé ustedes pero yo en esas posiciones imposibles y jodidas una tercera orden recibida de mi adiestradora ya no tiene efecto por eso que debemos de tener los hombres a la hora de recibir “órdenes” de una voz aguda. Esto para el que no lo sepa es un no sé que qué que hace tener una autodefensa natural que empezamos a desarrollar con nuestras madres y que ahora manejamos a la perfección con nuestras mujeres, y que nos permite abstraernos de tal grado que aunque tengamos un objeto cualquiera que estemos buscando por alguna necesidad indefinida no seamos capaces de verlo porque nuestra pareja a la hora de resolver nuestra pregunta ¿Dónde está…….(en la línea de puntos ponga usted lo que le venga en gana)? ella diga ahí, pensando yo ¿en cualquier parte del cosmos no?, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo para buscarlo.

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