LA REALIDAD ESCONDIDA
El llamado “derecho a una muerte digna”, es un tema bastante controvertido y polémico. Quien ha vivido situaciones cercanas a la muerte (natural, no por causas externas), es más susceptible de comprender el contenido de este artículo. Debemos llegar a entender, que si exigimos dignidad y respeto, no lo exigimos únicamente para la edad adulta, sino de principio a fin de la vida.
El problema que expongo, es el que se da cuando la persona anciana no es capaz de regirpor sí misma su propia vida. Cuando, voluntaria o involuntariamente, se delega nuestra vida y nuestra dignidad en otras personas. Esa persona anciana, que podría decirse quemás que vivir, sobrevive, ni merece ese trance, ni estaría de acuerdo con él. En muchas ocasiones (y cuando se hacen las cosas bien), ésta persona está bajo los efectos de la medicación (más o menos potente) para que pueda morir “naturalmente” y no sufra. Pero… ¿Y qué pasa con el sufrimiento de aquellos que acompañan al anciano? ¿Qué ocurre cuando la agonía del final de la vida, no lo sufre la persona hospitalizada sino los demás?
Es por ello, que quiero reclamar y reclamo, aquí y ahora el derecho a una muerte digna. El derecho a la eutanasia, para evitar que cuando se sabe que una persona va a fallecer, se prolongue hasta el máximo el último suspiro. Reclamo e invito a que reclaméis conmigo, la legalidad de la eutanasia y el derecho a una muerte digna. El derecho a que, si en vida, esa persona deseó para sí misma y para los demás un final sin sufrimiento, se respete su voluntad, transmitida a través de los demás, si fuera necesario. Si nadie es quien para imponernos sus creencias, ¿por qué iba a ser menos en la última etapa de la vida?
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