lunes, 6 de abril de 2015

JULIO ANGUITA: El día (D+1)


La situación griega conlleva una advertencia a los demás países y sobre todo a sus asalariados. Merkel y lo que representa tiene claro que el mal ejemplo debe ser arrancado de raíz.

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Las dificultades que se está encontrando el gobierno griego para llevar a cabo lo que había prometido en la campaña electoral, nos llevan a una serie de reflexiones que debieran servir de aviso de navegantes aquí en España.

Resalta en primera instancia el regusto y la delectación casi morbosa con que la mayoría de los medios de comunicación resaltan las supuestas renuncias que Alexis Tsipras ha debido hacer para conseguir una tregua de meses. Está claro que dichos medios no solo se limitan a “informar” sino a disuadir a quienes piensan en repetir la hazaña electoral del pueblo griego. Los documentados artículos que el profesor Viçens Navarro ha dedicado a matizar la derrota de Syriza a manos de la señora Merkel, apenas han traspasado los límites de la Red y de los medios alternativos o minoritarios. Es natural, a estas alturas debemos saber sobradamente a qué juega cada uno.

Sin embargo la situación griega con toda su complejidad, nos alerta de que Grecia es hoy por hoy, nuestro combate preferente. Fuerzas políticas de izquierda, sindicatos y colectivos surgidos al aire de diversos proyectos de liberación humana, no pueden quedarse en manifestaciones públicas, escritos de denuncia o cualesquiera otras actividades más o menos testimoniales. En Grecia se juega el destino futuro del Sur de Europa y de los trabajadores europeos. Quiero decir que se debe ir a una escalada de acciones y propuestas políticas que afronten, de una vez, el asunto de fondo: la validez del euro como sustento del proyecto de aplicación de los DDHH, la Carta Europea de 1961 u otras grandes declaraciones de justicia social que siendo vinculantes no han pasado de brindis al sol. La ceguera, cobardía o simplemente comodidad de instalarse fronteras adentro no es otra cosa que una manera inconsciente de suicidarse. ¿Qué puede hacer el PIE más allá de lo que se está haciendo? Cuando el capital financiero no conoce de fronteras ni de patrias ¿Es conveniente ceñirse estrictamente a ellas en todo lo tocante a una acción común?

La situación griega conlleva una advertencia a los demás países y sobre todo a sus asalariados. Merkel y lo que representa tiene claro que el mal ejemplo debe ser arrancado de raíz; es lógico y natural. Esto es una guerra sin tregua ni cuartel. Las reconvenciones moralistas o los llamamientos a la justicia son perfectamente inútiles; una manera como otra cualquiera de perder el tiempo o de “marear la perdiz”. En consecuencia llamo la atención sobre dos cuestiones de extrema urgencia. La primera es intentar generar una alianza, lo más amplia posible, que tome el asunto de Grecia y lo extienda por el Mediterráneo, Portugal y demás países susceptibles de sentir la inmediatez de la consecuencia de una derrota de los griegos.

La segunda estriba en comenzar a situarse en el día (D+1), es decir en el día siguiente a las Elecciones Generales. Felipe González lleva haciéndolo mucho tiempo y desde luego, y en ese sentido, está haciendo lo que debe: servir a los proyectos e intereses que ha servido desde 1982; es coherente. ¿Y nosotros, la izquierda y demás organizaciones surgidas al aire de luchas para conseguir que los DDHH sean aplicados consecuentemente? Me temo que los objetivos, las metas y los esfuerzos se están priorizando casi exclusivamente en el día D; en las votaciones y sus resultados. ¿Y después qué?

El día (D+1) debiera ser el centro de todas las planificaciones, cálculos y proyectos de las fuerzas políticas, sociales y culturales con vocación de construir la Alternativa y además con vocación de saber ganar para esa causa a la mayoría de la población. Se trata de ir concitando la forja de un contrapoder que sepa ejercer la presión que el poder ejerce desde sus centros de decisión e influencia. Si, como decía Georges Burdeau: el poder es una fuerza al servicio de una idea, el contrapoder es una fuerza al servicio de un programa, unos principios y unos valores a los que se deben supeditar tanto la economía como la política exterior porque de lo contrario ¿a qué nos referimos cuando hablamos del proceso constituyente?

En estos momentos predominan los intereses electorales y los cálculos inherentes a ellos. Pero toda esta tarea cambiaría de enfoque si desde ya nos aplicáramos a llevar a los demás, y a la opinión pública, la convicción de que mucho más importante que el día D, es el día D+1. En ese día se deben tener las líneas programáticas y las fuerzas del contrapoder que las hagan factibles en orden al cambio concreto. El contrapoder es mucho más que una alianza o una sintonía coyuntural, es sencillamente la voluntad, hecha fuerza democrática, de ejercer consecuentemente y sin vacilaciones.

Publicado en el Nº 282 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2015

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