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http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=3696
Publicado en el Nº 269 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2014
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El Telémaco. El último viajeAngel Suárez PadillaGlobo
"ESTRELLA POLAR" Un viaje clandestino CANARIAS-VENEZUELA 1948Ricardo García LuisBaile del Sol S.L.
"ESTRELLA POLAR" Un viaje clandestino CANARIAS-VENEZUELA 1948Ricardo García LuisBaile del Sol S.L.
Los nombres de los barcos tienen un algo que nos evoca cosas, en general nos acercan a lo que es el hombre que los gobierna, así encontramos nombres ingeniosos, agresivos, con sentido del humor, románticos, descriptivos.... También se han dado circunstancias, muchas, de barcos cuyos nombres nos refieren un episodio histórico, una aventura, una hazaña o todo ello junto como en el caso delWinnipeg, un barco francés cuya estela perdura desde que arribó a las costas de Valparaíso (Chile), el día 3 de septiembre de 1939, con 2.200 inmigrantes españoles provenientes desde Francia por iniciativa del poeta chileno Pablo Neruda. Los inmigrantes eran refugiados republicanos o comunistas que habían huido de España a raíz del Golpe sedicioso contra el gobierno de la Segunda República Española y la posterior llegada del dictador al poder.
Por aquel tiempo y debido a las mismas circunstancias, el 13 de junio de 1939, el buqueSinaia atracó en Veracruz para desembarcar a refugiados españoles. Había sido fletado por el SERE (Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles) para buscar un lugar de acogida ante el avance de las tropas nacionales. Llevó al país americano la primera expedición organizada por los Gobiernos de las repúblicas mexicana y española. Negrín, pesimista con el futuro resultado de la guerra tenía avanzadas las gestiones para obtener asilo para gran número de españoles. El general Lázaro Cárdenas, que en 1937 había recibido a 500 niños españoles -conocidos después como los niños de Morelia-, abrio las puertas en 1939 al resto de la emigración republicana. Los barcos Sinaia,Mexique e Ipanema fueron los portadores de los refugiados “trasterrados”, como diría después uno de ellos, el filósofo José Gaos.
Viene este argumento a propósito de un libro que, después de años, vuelvo a encontrarme en una librería de Las Palmas, y que lleva por título‘Estrella Polar’. La obra da cuenta de la epopeya cierta de un grupo de canarios que, bien por motivos económicos o políticos (cuando no la suma de ambos) burlaron la prohibición oficial de emigrar y se hicieron a la mar rumbo a Venezuela, allá por 1948, el año del hambre. “Lo mismo daba vivir que morir”, decía la gente. No se podía hablar, la libertad no existía, no había trabajo y hasta los peces abandonaron los caladeros... “Si me ahogo, me ahogo, y si vivo, vivo”. El libro ofrece elementos para ir construyendo la historia de la emigración clandestina de las islas, quizá el más importante acontecimiento histórico canario del siglo XX, junto con los hechos ocurridos durante el periodo 1936-1939. Después de un mes de travesía entre arrobas de gofio y arrobas de piojos un escueto telegrama atravesó el Atlántico: “Llegamos”.
Otro de los viajes más recordados por la historiografía canaria es el del ‘Telémaco’, el único del que existen algunas fotos como testimonio gráfico y también unas décimas que escribió el poeta Manuel Navarro Rolo, gomero nacido en 1907, que fue uno de los 171 pasajeros que embarcaron aquel 9 de agosto de 1950. José Chinea, otro de los 171 del ‘Telémaco’, ha recordado aquellos hechos: [El viaje costó] “5.000 pesetas. Era mucho dinero teniendo en cuenta que al día lo más que se ganaba eran siete. Me las prestó un hermano. El que no tenía dinero ponía una vaca, un cochino, papas o lo que fuera”. (…) “El capitán quería meter a más gente, pero llegan a dejarlo y no llegamos a Venezuela. Iba tan lleno el barco que te asomabas en la cubierta con un cacharrito y cogías agua. El capitán volvió a tierra y no lo vimos más”. (…) “Ni yo ni nadie [llevábamos permiso]. Íbamos sin nada”. (…) “A todos los que llegábamos nos acusaban de comunistas. Eso se lo había dicho Franco. En el fondo, no les faltaba algo de razón, porque la mayoría huía de alguna manera de la dictadura”.
Si de memoria se trata, hoy no puede caer en el olvido el papel de aquellas mafias canarias y españolas que traficaron con la miseria isleña y multiplicaron sus sacrificios para conseguir un pasaje con derecho a un poquito de esperanza. Si de memoria se trata, las décimas de Navarro Rolo recogen el reconocimiento a “aquellos solícitos negros antillanos que asilaron a los desgraciados del ‘Telémaco’”, cuando en la parte final del viaje se perdieron, “por eso es tan importante su memoria”…
Los blancos por más valor
muy poco se distinguieron,
más espléndidos lo fueron
los señores de color
demostraron con amor
más nobleza y dignidad;
la gratitud y lealtad,
lo que nunca olvidaremos,
a quien todos les debemos
humana hospitalidad.
Por aquel tiempo y debido a las mismas circunstancias, el 13 de junio de 1939, el buqueSinaia atracó en Veracruz para desembarcar a refugiados españoles. Había sido fletado por el SERE (Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles) para buscar un lugar de acogida ante el avance de las tropas nacionales. Llevó al país americano la primera expedición organizada por los Gobiernos de las repúblicas mexicana y española. Negrín, pesimista con el futuro resultado de la guerra tenía avanzadas las gestiones para obtener asilo para gran número de españoles. El general Lázaro Cárdenas, que en 1937 había recibido a 500 niños españoles -conocidos después como los niños de Morelia-, abrio las puertas en 1939 al resto de la emigración republicana. Los barcos Sinaia,Mexique e Ipanema fueron los portadores de los refugiados “trasterrados”, como diría después uno de ellos, el filósofo José Gaos.
Viene este argumento a propósito de un libro que, después de años, vuelvo a encontrarme en una librería de Las Palmas, y que lleva por título‘Estrella Polar’. La obra da cuenta de la epopeya cierta de un grupo de canarios que, bien por motivos económicos o políticos (cuando no la suma de ambos) burlaron la prohibición oficial de emigrar y se hicieron a la mar rumbo a Venezuela, allá por 1948, el año del hambre. “Lo mismo daba vivir que morir”, decía la gente. No se podía hablar, la libertad no existía, no había trabajo y hasta los peces abandonaron los caladeros... “Si me ahogo, me ahogo, y si vivo, vivo”. El libro ofrece elementos para ir construyendo la historia de la emigración clandestina de las islas, quizá el más importante acontecimiento histórico canario del siglo XX, junto con los hechos ocurridos durante el periodo 1936-1939. Después de un mes de travesía entre arrobas de gofio y arrobas de piojos un escueto telegrama atravesó el Atlántico: “Llegamos”.
Otro de los viajes más recordados por la historiografía canaria es el del ‘Telémaco’, el único del que existen algunas fotos como testimonio gráfico y también unas décimas que escribió el poeta Manuel Navarro Rolo, gomero nacido en 1907, que fue uno de los 171 pasajeros que embarcaron aquel 9 de agosto de 1950. José Chinea, otro de los 171 del ‘Telémaco’, ha recordado aquellos hechos: [El viaje costó] “5.000 pesetas. Era mucho dinero teniendo en cuenta que al día lo más que se ganaba eran siete. Me las prestó un hermano. El que no tenía dinero ponía una vaca, un cochino, papas o lo que fuera”. (…) “El capitán quería meter a más gente, pero llegan a dejarlo y no llegamos a Venezuela. Iba tan lleno el barco que te asomabas en la cubierta con un cacharrito y cogías agua. El capitán volvió a tierra y no lo vimos más”. (…) “Ni yo ni nadie [llevábamos permiso]. Íbamos sin nada”. (…) “A todos los que llegábamos nos acusaban de comunistas. Eso se lo había dicho Franco. En el fondo, no les faltaba algo de razón, porque la mayoría huía de alguna manera de la dictadura”.
Si de memoria se trata, hoy no puede caer en el olvido el papel de aquellas mafias canarias y españolas que traficaron con la miseria isleña y multiplicaron sus sacrificios para conseguir un pasaje con derecho a un poquito de esperanza. Si de memoria se trata, las décimas de Navarro Rolo recogen el reconocimiento a “aquellos solícitos negros antillanos que asilaron a los desgraciados del ‘Telémaco’”, cuando en la parte final del viaje se perdieron, “por eso es tan importante su memoria”…
Los blancos por más valor
muy poco se distinguieron,
más espléndidos lo fueron
los señores de color
demostraron con amor
más nobleza y dignidad;
la gratitud y lealtad,
lo que nunca olvidaremos,
a quien todos les debemos
humana hospitalidad.
Publicado en el Nº 269 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2014
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