lunes, 24 de octubre de 2016

Lo mejor para España

Contra el talón de hierro

Arrogarse el interés para España o lo mejor para España es una absoluta falacia vacía de contenido.
PASCUAL SERRANO  16/10/2016
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Durante los días de la crisis del PSOE y, en general, en demasiadas ocasiones oímos a muchos políticos hablar sobre “lo mejor para España”. En el PSOE, Rubalcaba decía que había que “anteponer los problemas generales de España a los del partido”. Susana Díaz señalaba que “primero, el interés de España” y Abel Caballero, alcalde Vigo, afirmaba que “hay que mirar para España”. Por su parte, desde el PP, María Dolores de Cospedal, decía que su partido puede “ofrecer a los españoles lo que hoy España necesita". Y si escuchamos a los de Ciudadanos encontramos la misma música. Andrea Levy señalaba que “por encima del PSOE están los intereses de España”.

Y nos preguntamos, ¿cómo se sabe que es lo mejor para España? ¿de dónde sacan que las propuestas y las supuestas soluciones pueden ser buenas para todos? ¿en qué se basan para insinuar que existen unos intereses para toda España y no solo para unos? ¿acaso tenemos el mismo interés o existe una solución similar para Alicia Koplowitz, el indigente que hay en la puerta del supermercado de mi barrio y para mí?

Arrogarse el interés para España o lo mejor para España es una absoluta falacia vacía de contenido, provenga de quien provenga la afirmación, porque en una sociedad hay intereses enfrentados y lo que es bueno para unos no lo es para otros. El político debe decidir -y reconocer- a quien quiere apoyar. Subir el IVA es bueno para España desde el punto de vista de los tecnócratas de Bruselas, pero quizás es malo para mi economía porque perderé más dinero cuando compre artículos cada día. O quizás es bueno para mí si con ese dinero que recauda el gobierno me dan una subvención de 3.000 euros por cambiar de coche. Regular los parques naturales puede parecer bueno para España, pero es muy malo para quienes querían construir en esos terrenos. Aumentar el periodo de baja por embarazo es bueno para las familias que van o piensan tener un hijo, pero no le gustará al empresario que deberá prescindir de ese trabajador más tiempo. Y quizás malo para mí si, desde mi egoísmo individual, como no tengo previsto tener ningún hijo lo que veo es que el dinero de la Seguridad Social se gasta en la embarazada y no se guarda para mi jubilación. Mejorar las carreteras parece que es bueno para España, pero quizás no tanto si ese dinero procede del que se iba a destinar a hospitales. Si yo viajo y no me pongo enfermo habrá sido una buena medida. Si yo no viajo por carretera y me deben intervenir quirúrgicamente pero tengo peores quirófanos porque el dinero se gastó en mejorar las autovías, no pensaré que fue bueno para España porque no lo fue para mí. La nueva reválida será de interés para la academia privada de repaso en el verano, pero a mi hijo seguro que no le interesa y mi vecina de cincuenta años que no tiene hijos ni se lo plantea.

Lo de mejor para España es como esa estupidez que dijo el rey de que todos debemos remar en la misma dirección para sacar al país de la crisis. ¿Qué es eso de remar?, ¿trabajar? Si yo trabajo en una fábrica de Zara y me esfuerzo más, lo único que haré es mejorar las finanzas de Amancio Ortega, de España nada. Si el empleado del banco de mi barrio trabaja más le vendrá muy bien a los accionistas del banco, pero no al país. Y no logro imaginar qué significa eso de remar para el rey que lo dijo. ¿En su yate?

Como se aprecia, el objetivo es siempre negar la existencia de esos intereses enfrentados o, por dejarlo más claro, las clases sociales, esas que nadie quiere nombrar. Y mucho menos la lucha de clases. No estamos todos en el mismo barco, además algunos ni reman y otros directamente se están ahogando. Tampoco existen los intereses comunes, ni las necesidades comunes, ni los problemas comunes. Cada político tendrá que decir a quién quiere servir. Entonces muchas cosas se entenderían mejor, por eso los que mandan nunca lo quieren aclarar.

Publicado en el Nº 299 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2016

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