domingo, 30 de octubre de 2016

El tren de la memoria Dr. Bethune, entre el bisturí y la espada


Bethune concibió la idea de realizar las transfusiones en el mismo campo de batalla. Creó la primera unidad móvil de transfusiones sanguíneas del mundo.
MARIANO ASENJO PAJARES  20/10/2016
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“Me niego a vivir sin rebelarme…"
(H.N. Bethune)

La representación de IU en el ayuntamiento granadino de Motril lleva tiempo empeñada en poner el nombre de una calle o plaza al Doctor Norman Bethune, médico a quien internacionalmente se reconoce su intervención humanitaria en la masacre perpetrada en la carretera Málaga-Almería, donde tuvo lugar el 8 de febrero de 1937 un ataque de las tropas fascistas contra civiles, en lo que se conoce por La Desbandá. Para IU de Motril, como ocurre en tantos otros sitios de España, la falta de sensibilidad y de compromiso con el pasado sólo puede ser interpretada como una “estrategia interesada para ocultar la verdad e imponer el olvido”.

Doctor e innovador médico canadiense nacido en el seno de una prominente familia de origen escocés (3 de marzo de 1890, Canadá -12 de noviembre de 1939, China), vivió y ejerció su profesión preocupado y comprometido con las causas populares. Llegó a proponer al Gobierno canadiense la creación de una red asistencial sanitaria gratuita para los más desfavorecidos. Esta idea pionera de un sistema público de salud permitiría que los parias tuvieran derecho a medicinas y tratamiento sin necesidad de pagar por ello. De esta forma, la salud individual y colectiva de la población adoptaba el rango de derecho constitucional para todas las clases sociales.

Su vida estuvo jalonada por serios enfrentamientos con sus compañeros de profesión con los que a menudo chocaba debido a su compromiso con movimientos políticos progresistas. Durante la Gran Depresión (1929) tomó una actitud de crítica abierta contra el poder insensible ante las dificultades del pueblo. Formó parte del Grupo de Montreal en el que se integraban profesionales de la medicina que postulaban por la socialización de la misma. En 1935 se afilió al partido comunista canadiense. Ese mismo año viajó hasta la Unión Soviética para aprender de la experiencia que allí habían obtenido tras la revolución, en la práctica de la medicina popular.

Entre viaje y viaje, Bethune comprendió que en España se decidiría el futuro de Europa y América para los años venideros. Bajo esta perspectiva abandonó el hospital del Sagrado Corazón en Montreal y se unió a las Brigadas Internacionales. Llegó a España el 3 de noviembre de 1936 invitado por la Comisión de Ayuda a la Democracia con la responsabilidad de coordinar la ayuda médica enviada desde Canadá a la República. Entró a formar parte del Batallón Mackenzie-Papineau compuesto por 1448 brigadistas, de los que 721 murieron luchando contra los sublevados fascistas, convirtiéndose así en el segundo país (Francia será el primero) en ciudadanos aportados a la causa española. Norman formará parte de la Unidad Médica de Canadá vinculado al Socorro Rojo Internacional. Bethune prefirió siempre prestar sus servicios en el frente y pidió colaboración para crear el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre.

En el libro "El bisturí, la espada. La historia del Dr. Norman Bethune" escrito por Ted Allan y Sydney Gordon se cuenta que, tanto en los periódicos como en las emisoras de radio se hicieron campañas para que la población acudiera a dar sangre. El sentimiento de solidaridad del pueblo español impresionó profundamente a Norman Bethune. La primera transfusión de sangre en la Ciudad Universitaria de Madrid. Inmediatamente esta práctica sanitaria fue aplicada en el frente de la Sierra de Guadarrama. Consciente de que una de las causas más frecuentes de muerte en el campo de batalla eran las hemorragias masivas y la pérdida de sangre en heridas no necesariamente graves, Bethune concibió la idea de realizar las transfusiones en el mismo campo de batalla. Para esa misión creó la primera unidad móvil de transfusiones sanguíneas del mundo.

En el mes de febrero de 1937 se trasladaba desde Valencia hasta Málaga para prestar ayuda a las tropas que defendían la ciudad del avance fascista. Aquella misión le convirtió en testigo excepcional de uno de los episodios más dramáticos y desconocidos de la contienda española… Tras la toma de Málaga por los militares sublevados, aterrorizados por los partes de guerra y las locuciones radiofónicas que el general Gonzalo Queipo de Llano emitía desde Radio Sevilla, el 7 de febrero de 1937 una numerosa caravana formada por miles de personas emprendieron la huida en la única dirección posible: la capital de Almería. En su mayoría heridos, mujeres, niños y ancianos, eran perseguidos por las fuerzas moras de Franco y las enviadas por Mussolini. La aviación alemana también bombardeó sin compasión y, desde el mar, la armada fascista cañoneaba sobre el blanco que ofrecían seres humanos indefensos y aterrorizados.

No pudo completar Bethune el trayecto desde Valencia hasta Málaga como se había propuesto, porque en dirección contraria a la que iba se encontró con una multitud acosada de fugitivos cuyos rostros reflejaban el hambre, el cansancio y el miedo. El Doctor Norman Bethune escribió una crónica sobre aquellos sucesos que se ilustró con las fotos que hicieron él y su ayudante Hazen Sise: "España es una herida en mi corazón. Una herida que nunca cicatrizará. El dolor permanecerá siempre conmigo, recordándome las cosas que he visto."

#Málaga-AlmeríaLaDesbandá

Publicado en el Nº 299 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2016

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