jueves, 7 de julio de 2016

¿Hacia dónde va #Venezuela?

izquierda revolucionaria
William Sanabria
La revolución venezolana vive su momento más crítico, con la ofensiva contrarrevolucionaria —dentro del país e internacionalmente— más dura de los últimos 18 años. Los mismos que reprimen las luchas obreras en el Estado español y otros países, apoyan regímenes brutalmente represivos como el saudí o el turco, hablan de dictadura en Venezuela, cuando ha habido más procesos electorales estos años de revolución que en cualquier otro país. Incluso presentan como “presos políticos” a fascistas como Leopoldo López, quien organizó durante los meses de febrero y marzo de 2014 ataques a militantes de izquierda, en facultades y centros de trabajo, conocidos por su apoyo a la revolución, y que provocaron 43 muertes.
La burguesía achaca demagógicamente las colas en los supermercados, la escasez de alimentos o medicinas, o las subidas de precios a la revolución, al socialismo y a la intervención del Estado en la economía ocultando que el problema es precisamente el contrario: la gran mayoría de bancos y empresas siguen en manos capitalistas y los empresarios utilizan ese poder para especular con los precios y las divisas buscando el máximo beneficio a costa de la miseria de la población, convirtiendo en ilusorio cualquier intento de controlar o regular la economía.

La burguesía utiliza la grave situación económica para derrocar al gobierno
Toda esta situación está siendo aprovechada por la contrarrevolución para intensificar el sabotaje, invocar la condena del gobierno bolivariano por parte de la OEA y otros organismos internacionales, y exigir un revocatorio que saque a Nicolás Maduro y obligue a convocar elecciones presidenciales. En esta disyuntiva, ¿cuál es la alternativa para romper el cerco de la contrarrevolución? La respuesta es clara: aplicar medidas genuinamente socialistas que acaben con la propiedad capitalista de los medios de producción y permitan planificar democráticamente la economía para resolver los graves problemas que se ciernen sobre el pueblo venezolano. Junto a ello es imprescindible eliminar a la quinta columna burocrática enquistada en el aparato estatal que sabotea las aspiraciones revolucionarias de las masas.
Tras la derrota electoral de diciembre de 2015 las bases revolucionarias esperaban un giro a la izquierda. Pero en lugar de expropiar a la burguesía y desarrollar el poder obrero y popular mediante la elegibilidad y revocabilidad de los cargos, la rendición de cuentas de éstos ante asambleas, que los cargos públicos cobren el mismo salario que un trabajador cualificado, etc.; las decisiones tomadas están yendo en la dirección contraria. Por primera vez durante este proceso revolucionario, el gobierno aplica medidas que objetivamente (e independientemente de cuáles sean sus intenciones) cargan la crisis sobre los trabajadores, como la privatización de los hoteles estatizados por Chávez (VENETUR) o los despidos en varias empresas públicas.
El caso más sangrante es la red estatal de supermercados creada para garantizar el abastecimiento, RABSA. Más de 3.000 de sus 9.000 trabajadores han sido despedidos y un 25% de las tiendas cerradas, las propuestas de los trabajadores (apertura de libros de cuentas e inventarios para luchar contra la corrupción, elegibilidad y revocabilidad de gerentes y control obrero) desoídas y han sido despedidos decenas de dirigentes obreros revolucionarios (incluidos militantes de partidos que apoyan el proceso revolucionario, como el propio PSUV o el Partido Comunista).
La última medida adoptada por el gobierno son los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Si se tratase de organismos elegibles y revocables por asambleas de trabajadores y vecinos y fuesen unidos a expropiar a los capitalistas para planificar democráticamente la economía podrían servir para empezar a revertir la situación. No obstante, la política económica sigue poniendo el énfasis en una alianza con la burguesía y ceder a su presión (subiendo los precios, dándoles más divisas,…) y los CLAP se están planteando como organismos designados a dedo desde arriba. Su función es repartir bolsas de comida quincenal o mensualmente a algunos sectores de la población considerados prioritarios (e incluidos en censos elaborados por esos mismos CLAP), mientras otros quedan al margen. Además de que ya ha habido denuncias de desvío de mercancía, esto en lugar de ayudar a defender la revolución corre el riesgo de dividir a las masas y empujar definitivamente a capas de población muy descontentas a los brazos de la contrarrevolución.
Un sector decisivo de la dirección parece haber llegado a la conclusión de que plantear el socialismo, las nacionalizaciones o el control obrero (como hizo Chávez) fue un error y buscan convencer a la burguesía (incluidos los imperialistas estadounidenses y europeos) de que ellos pueden gestionar la crisis del capitalismo venezolano mejor que sus representantes directos de la MUD. Estas medidas están suponiendo un shock para la moral de las masas y coinciden, además, con que sectores de la burocracia siguen acumulando privilegios y lujo. Este camino lleva directamente al precipicio.
Para derrotar a la contrarrevolución: expropiar a la burguesía y poner el poder en manos de los trabajadores
La situación política y económica, que ya era crítica, se ha deteriorado de forma alarmante en los últimos meses. El PIB, que acumula un 10% de caída desde 2014, podría reducirse un 7% más este año, según la CEPAL. La inflación, que cerró 2015 en 185% (datos oficiales) estaría subiendo, según el FMI, un punto diario (lo que la situaría en el 360% a fin de año). Las reservas internacionales de divisas están al nivel más bajo de la década. Mientras recorta importaciones, el gobierno ha vendido el 16% de sus reservas de oro para seguir haciendo frente a los pagos de la deuda externa. La escasez de productos básicos, que ya era un problema grave a causa de la especulación capitalista (y una de las causas de la victoria de la derecha en las legislativas del año pasado), se ha agravado como consecuencia de la caída del ingreso petrolero y la decisión gubernamental de recortar las importaciones de productos. En 2015 las importaciones de alimentos y otros productos básicos se recortaron un 18% respecto a 2014. En lo que va de 2016, según The Wall Street Journal, habrían disminuido otro 40%.
Las colas en busca de productos de primera necesidad se han doblado o triplicado. La lista de medicamentos que no se consiguen es cada vez más amplia, y los pocos que aparecen experimentan subidas del 500%. Muchos ciudadanos han reducido drásticamente su dieta porque alimentos como la harina pan para hacer las populares arepas, los granos (caraotas, lentejas…), la pasta, el arroz, la leche, mantequilla, mayonesa (claves para resistir cuando cualquier tipo de carne o pescado se han convertido en lujos), se encuentran cada vez con mayor dificultad y suben sus precios exponencialmente. Por primera vez hay colas incluso para conseguir pan.
De seguir así las cosas, la contrarrevo­lución encontrará un terreno cada vez más favorable para sus planes. Hoy su estrategia es llegar con la mayor “legitimidad democrática” posible al gobierno, desacreditando las ideas del socialismo y al PSUV todo lo que puedan. Esperan que el colapso económico desemboque en un estallido social en la calle que sirva para que renuncie Maduro y se convoquen elecciones, o bien para justificar un golpe militar con ese mismo resultado. Ese golpe podría adoptar varias formas: militares vinculados directamente a la MUD o un golpe palaciego que inicialmente utilizase un “lenguaje bolivariano”. Ya ha habido numerosos motines en colas o intentos de saqueo.
Desde el gobierno se vinculan estos hechos únicamente a actuaciones contrarrevolucionarias. Evidentemente, los contrarrevolucionarios intentan aprovecharse del descontento para sus fines pero la pregunta es: ¿por qué lo que no habían conseguido nunca —que hubiese protestas y saqueos en barrios populares mayoritariamente chavistas— ahora sí está sucediendo? La explicación está en las condiciones comentadas, generadas por el capitalismo, pero también por las políticas de ceder a la presión de la burguesía y aplicar medidas contrarias a los intereses del pueblo.
La única salida para la revolución venezolana es volver al camino revolucionario de Chávez y complementar esto con medidas socialistas que pongan la economía y el Estado bajo la administración directa de la clase obrera y el pueblo.

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