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¿De qué República hablamos?

JULIO ANGUITA
MUNDO OBRERO

Cuando se proclamó la II República en 1931 hacía 57 años que el general Martínez Campos dio el Golpe de Estado en Sagunto por el que Alfonso XII era proclamado Rey de España. Acababa así el sueño de la I República. Desde que en Abril de 1939 se consumó la rebelión fascista de Franco hasta el día de hoy, han transcurrido 75 años de la derrota republicana. Estas simples cifras deberían llevarnos, a mi juicio, a reflexionar sobre el marco en el que el movimiento republicano reclama la III República. Reflexiones que además se hacen más necesarias cuando tenemos en cuenta que en Agosto de 1930 tuvo lugar el llamado Pacto de San Sebastián entre las fuerzas republicanas y personalidades representativas por el que organizaban una intentona de sublevación militar contra la dictadura del general Berenguer que había sucedido al también general Primo de Rivera. Fracasada la intentona y fusilados los capitanes Galán y García Hernández, el comité revolucionario, en su mayoría detenido, pasó a la cárcel de donde salió para hacerse cargo del Gobierno Provisional de la naciente II República.

A la luz de todo lo anterior lanzo dos preguntas ¿Dónde está hoy en día el comité, dirección, coordinadora o simplemente referencia nominal de personas y fuerzas republicanas mínimamente organizadas y públicas en torno a un proyecto de República? ¿Consideran las distintas organizaciones republicanas y personas que se manifiestan con la tricolor en calles y plazas que eso no es necesario? Tras la reflexión vayamos a otros considerandos.

Con los datos de la pirámide de población española del 2007 podemos establecer que los españoles y las españolas que nacieron y vivieron la República constituyen el 8´4%. Los habitantes que nacieron o vivieron la dictadura son el 63% y l@s ciudadan@s que nacieron tras la muerte de Franco son el 28,6% de la población. En el primer colectivo deberán de haber en porcentajes desconocidos, al menos para mí, personas que son pro República, contra ella o indiferentes pero que al menos tiene recuerdos de aquellos tiempos.

En el segundo colectivo ocurrirá exactamente igual. Pero además conviene tener presente que salvo familias y personas muy concienciadas, perseguidas o damnificadas por el fascismo la memoria de la República estuvo muy mediatizada por la escuela y la propaganda oficial del régimen. No me aventuro a dar porcentajes pero desde la memoria de aquellos años sí llamo la atención a sopesar de manera realista el porcentaje de republicanos y republicanas con claridad de ideas y memoria histórica.

En el tercer grupo se sitúan los y las que nacieron en la Transición y que por los avatares conocidos no han oído hablar de República hasta hace una década aproximadamente y siempre refiriéndose a la II República. Es decir, por unos u otros motivos, la República o es un recuerdo del pasado, idealizado por unos o maldecido por otros y/o una aspiración que concita las rebeldías, protestas y movilizaciones del presente aunque sin que haya un proyecto republicano más allá de los símbolos de la II República. La experiencia de estos últimos días nos enseña que solamente con sentimientos y símbolos no puede crearse una conciencia republicana mayoritaria; se impone la presentación de un proyecto concreto de República.

Y ese proyecto debe abordar los problemas que hoy acucian a la sociedad y en particular a los jóvenes. El empleo, la vivienda, las pensiones, la enseñanza, la sanidad, la ética pública, los derechos y deberes ciudadanos. Y de manera especial la recuperación de soberanía económica, monetaria y de proyecto político. O la III República se enfrenta a ese reto o nunca habrá República, salvo que en caso de que la Monarquía ya no le sirva al poder y al bipartito éste puede perfectamente traer una republiquita de juguete para delicia de nostálgicos sin proyecto.
El movimiento republicano por plural, vario y atomizado que esté, tiene la obligación de autoconvocarse a unos Estados Generales de la República para conseguir unos mínimos de unidad en el proyecto. República es Democracia y Democracia es República pero ambos conceptos deben hacerse carne y sangre en proyectos y propuestas de Estado capaces de galvanizar a la inmensa mayoría en torno a ellas.

El PCE es la única fuerza organizada que tiene un proyecto republicano aprobado en su Conferencia Nacional del 27 de Noviembre del año 2010. Considero que ello constituye, cara a crear en torno a él un debate y una movilización con causa y proyecto, una obligación que ningún nivel de dirección ni ningún militante pueden soslayar. Las banderas y los himnos si no van acompañados de propuestas útiles e inmediatas son inútiles y pronto dejan de tener poder de convocatoria.

Publicado en el Nº 274-275 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2014

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