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EN EL BOSQUE DE WALDSIEDHUNG, UN REFUGIO SECRETO DEL PODER COMUNISTA


Está a 40 km de Berlín y era el búnker de la cúpula de la ex RDA. Hoy es un hospital psiquiátrico.Por: WANDLITZ. ENVIADA ESPECIAL

..Cuando el Muro de Berlín cayó, aún no había teléfonos celulares. Los autos Volvo negros de la Nomemklatura tampoco tenían handys o radios. Los miembros del politburó alemán venían en viaje hacia Waldsiedlung, la ciudad del bosque y su refugio impenetrable, después de una reunión del Comité Central en Berlín, cuando miles de personas avanzaron, cruzaron y esfumaron con un golpe de alegría y en una fiesta interminable, el símbolo de la Guerra fría. Sólo se enteraron los jerarcas que su dictadura se había acabado cuando llegaron a sus casas casi idénticas, mansiones para los estándares de Alemania Oriental.

Secreto, aislado "de las masas e impenetrable", el "gueto de los dioses" fue el complejo donde los 23 miembros del Politburó de la RDA vivían custodiados y vigilados por la Stasi, la policía secreta del régimen, a 40 kilómetros de Berlín oriental y en apenas tres cuadras. En el medio de un bosque idílico, dorado en el otoño, hoy transformado en un hospital de rehabilitación para pacientes psicópatas, deprimidos o enfermos cardíacos. Allí estaba el líder supremo, Erich Honecker, en la casa número cinco, o el temido jefe de la Stasi, Mielke, vecino al jefe ideológico y no muy lejos de Gunther Schabowski, el vocero del Politburó que abrió la puerta a la caída del Muro, cuando por error aseguró a la prensa que los ciudadanos orientales podrían viajar al oeste inmediatamente. Dos horas después de sus palabras, la Cortina se Hierro caía por la fuerza de la gente.

Veinte años después, las casas están intactas, pero han sido rehabilitadas interiormente para que allí vivan los pacientes y sus enfermeros. Son 170 hectáreas de bosques de pinos, robles, araucarias, con senderos donde hoy pasean enfermos en sillas de ruedas y disfrutan un paisaje inaccessible para ellos durante la Alemania comunista. Es más: ni siquiera sabían que existía. El primer muro alemán se construyó allí y aún existe. Esta pared de cemento pintado de verde era el Muro VIP, que separaba a los jerarcas alemanes de sus proletarios súbditos. El mito de entonces hablaba de lujosas casas, con madera de Acajú y mármol de Carrara. En realidad, son casas prefabricadas y casi iguales, sin gracia, con un balcón terraza en el segundo piso y al que le han cambiado las ventanas de entonces para proteger a los pacientes del frío. Pero si se compara con las casas de sus masas, vivían en el lujo y el más absoluto privilegio.

En un carrito de golf, con sus huéspedes cubiertos con mantas para soportar el frío y el viento, Lutz Hildebrandt frena frente a la casa número 5. Un bungalow de dos pisos, con una terraza al jardín boscoso y un gacebo de madera para disfrutar los días de verano. Alli vivía Honecker y su mujer y nada ha cambiado demasiado. "No trabajaba aquí. Iba y venía a Berlín, pero quien más tiempo permanecía en su casa era su mujer. En los últimos tiempos exigía que nadie estuviera cerca de la residencia, ni siquiera los jardineros. Honecker era un fanático de la jardinería, pero también hacía hicking en las montañas y cazaba junto a Mielke en los bosques de Schorfheide. El mismo lugar donde cazaba Goring y otros jerarcas nazis", explica Lutz.

En la casa número 5 viven hoy los enfermos psiquiátricos. Es exactamente la sede del departamento psicosomático del hospital que funciona en el lugar. Allí llega Heidrun R., una paciente en su cuarta semana de internación, en una bicicleta. "Yo estoy contenta de que la caída del Muro nos haya devuelto a los alemanes este lugar y este bosque. Ha pasado de ser un lugar de privilegio, de miedo, del que la gente había construido un mito a un hospital para curarse. Es una lección de democracia", afirma. La construcción del gueto se decidió después del levantamiento en Hungría de 1956, ante el temor de una rebelión popular.

Era un lugar seguro, discreto, no demasiado lejos de Berlín y diseñado para ser defendido y controlado. Dos Círculos -el interior y el exterior- se fijaron separados por barreras. Fuera del circuito interior de la Nomenklatura, se construyeron 90 casas para los empleados de los jerarcas, unas 600 personas entre mucamos, choferes, cocineros y guardias. Después de la Caída del Muro, la Nomenklatura abandonó Waldsiedlung en menos de un mes, sin dejar muchos rastros.

http://www.clarin.com/diario/2009/11/10/elmundo/i-02037473.htm

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