MADRID.- "La luz sigue viajando aunque la estrella ya no exista. Pero vives con la nostalgia de que eso vuelva". Esa estrella, "eso", es el movimiento sindical al que se refiere ─con una mezcla de cabreo y tristeza─ uno de sus referentes en la historia reciente de este país: el hasta no hace mucho líder de la Unión Sindical Obrera (USO).

Acaba de aterrizar procedente de Paraguay, donde ha sido observador de los comicios municipales. Pero ni cansancio ni jet-lag evitan que se encienda Manuel Zaguirre (Almería, 1947) cuando, durante la conversación sobre su pasado, cae en la cuenta: "¡Es que el sindicalismo lo ha sido todo en mi vida, coño!".

Incluso ahora, jubilado, vecino discreto del barcelonés barrio del Raval, atesora en su pluma ─acaba de publicar A vueltas con la solidaridad y la esperanza─ el espíritu que atribuye a su padre, “un anarcosindicalista, republicano y cristiano que, sin pretender adoctrinarme, me marcó”. Y a una familia campesina escorada a la izquierda de la sierra almeriense de los Filabres.
Recuerda Manuel al abuelo, que durante la guerra consiguió escapar a Barcelona después de que “lo pasearan los fascistas”. Y al determinante títo Pepe, al que conoció con cinco años, cuando el resto de la familia decidió trasladarse "a la ciudad más roja del mundo".

"En Barcelona tuvimos la suerte de no vivir en un gueto, que era y sigue siendo el gran riesgo de la emigración". Integrado en el barrio de Artigas, estudió Manolo el bachillerato, aprendió el catalán y el oficio de su madre, Ángeles, una reconocida restauradora de películas. Con ella se puso a trabajar con 14 años, después de haber servido chatos, cañas y cortados en un bar familiar. A pesar de ella, con 16 años, Manuel entró en contacto con el Partit Socialista Unificat de Catalunya.

El rebelde del Banco Ibérico 

"En aquella época, enseguida tomabas conciencia de lo que estaba pasando: la dictadura, la opresión sobre Catalunya, la explotación laboral…. Y te arrimabas a lo más activo en la época que, en mi caso, fue el Partido Comunista; en Catalunya: el mítico PSUC". Se ríe Zaguirre cuando se acuerda de los "tremendos" discursos de Fidel Castro que escuchaba encerrado con sus compañeros en su habitación.
“A mi madre se le metió en la cabeza la idea de que yo trabajara en un banco"
Hasta que intervino el tío Pepe y todo cambió en la vida de Manuel. "A mi madre se le metió en la cabeza la idea de que yo trabajara en un banco. Me presentaba a las oposiciones que yo suspendía sistemáticamente porque odiaba ese horizonte. Hasta que ella agarró a mi tío y le dijo: lo metes en el banco sin examen". Con 18 años entró a trabajar en el Banco Ibérico de Cataluña; con 20, tras haber pasado por el Jurado de Empresa, abandonó el PSUC para militar en la también clandestina Unión Sindical Obrera.
De izquierda a derecha Jesús Mancho (UGT),  Nicolás Sartorius (CCOO) y Manuel Zaguirre (USO) en 1977.
De izquierda a derecha Jesús Mancho (UGT), Nicolás Sartorius (CCOO) y Manuel Zaguirre (USO) en 1977.
Su rebeldía enseguida lo convirtió en el responsable de la Federación de Banca y en el encargado del boletín de USO, que el impulsivo Zaguirre no tardaría en transformar en la publicación Catalunya Obrera –"¡de pequeño gané un concurso de relatos de Coca-Cola!", vuelve a reir. El primer número, con una cabecera de clichés editados en Perpiñán y trasladada clandestinamente a la imprenta de Montgat-Barcelona, llevaba la leyenda: "Por la organización de los trabajadores y los pueblos de la península hacia la democracia socialista".

A finales del 69, en una Asamblea celebrada en un piso de Hospitalet de Llobregat, Manuel fue elegido secretario general de la USO en Catalunya. "Me convertí en liberado. Cuando le dije al director del banco que me iba, a Don Jesús se le saltaban las lágrimas de alegría. Pero a mi madre el disgusto le duró toda la vida. Sabían que me iba a la clandestinidad y a viajar por todo el país".
"Cuando me hicieron liberado, mi madre lloró. Sabían que me iba a la clandestinidad y a viajar por todo el país”
Pero el rubiales de Manolo voló más alto y más lejos: a Italia o a Francia, donde disfrutó de la "ternura y solidaridad" sindical europea con la lucha española por la libertad y la democracia. Y hasta la DGS o la cárcel de Carabanchel, en las que, a su pesar y a pesar de los camaradas, coincidió con la créme de la crémedel combate contra la dictadura.