viernes, 9 de abril de 2010

EN ALEMANIA EL DEBATE DE LA REUNIFICACION APENAS COMIENZA

RAFAEL POCH - LA VANGUARDIA

Una entrevista con el escritor alemán oriental Ingo Schulze, autor de "Nueva Vida" y "Adam y Evelyn"
El debate alemán que no tuvo lugar en 1989 y 1990, con motivo de la caída del Muro y la reunificación nacional, se está abriendo paso hoy en Alemania. Su eje es la elemental idea de la interrelación entre las realidades de los dos bloques. Sin Oeste, no había Este, muy poco de la RFA y de Europa Occidental podía explicarse sin atender a lo que ocurría en el otro lado, y viceversa. Contra esa idea, contra la concepción histórica de una responsabilidad compartida en la guerra fría, lo que parecía una evidencia en la Europa de los años setenta y ochenta, el "establishment" alemán resucita ahora un discurso de los años cincuenta, que acuña, por ejemplo, el concepto de "dos dictaduras alemanas", un discurso que equipara a la RDA con el nazismo, tal como hacían los ex nazis de la República de Bonn hace sesenta años.

Una vigorosa nueva literatura alemana del Este, post reunificación se encarga de la operación de regreso a la realidad, desde las fantasías del fin de la historia. De la mano de escritores como; Wolfgang Hilbig (Provisorium), Monika Funke (Endmoräne), Katjia Lange-Müller (Böse Schafe), Thomas Brussig (Helden wie Wir), Jeny Erpenbeck (Heimsuchung) y Ingo Schulze (Nueva Vida), de la que Destino acaba de publicar una divertida novela que lleva por título "Adam y Evelyn", aparece mucho de lo que no se dijo hace veinte años.

Schulze, nacido en Dresde en 1962, es un tipo afable de habla pausada. Su novela "Adam y Evelyn" es una divertida narración de las insólitas vacaciones en Hungría de una pareja de germano orientales en el verano de 1989. Sobre la marcha, la pareja improvisa su huida a Occidente por el primer agujero en el Muro que los húngaros abrieron en su frontera con Austria, a cambio de mil millones de marcos de Helmuth Kohl y de la promesa de los alemanes de que apoyarían su gobierno postcomunista en Europa. La leyenda presenta todo aquello como un puro resultado de la "espontaneidad" de los sufridos alemanes del Este que como Adam y Evelyn, estaban de vacaciones en Hungría, pero detrás también hubo mucha organización, cuya historia está por hacer.

Las actas de la reunión del 25 de agosto en el castillo renano de Gymnich, cuando el primer ministro húngaro Miklos Nemeth y el ministro de exteriores Gyula Horn pactaron el asunto con Helmuth Kohl y Hans Dietrich Gensher, parece que no existen. Las memorias de los burócratas que participaron en aquella transacción comercial, no sueltan prenda. Los informes de los agentes del servicio secreto alemán occidental (BND) sobre las actividades por ellos desarrolladas aquel verano entre los veraneantes de la RDA que acampaban en el Lago Balatón y su participación en el llamado "picnic paneuropeo" de la localidad de Sopron, tampoco son accesibles. Y lo mismo ocurre, según informó el Sudddeutsche Zeitung, con lo que la Stasi, la policía de Estado de la RDA, elaboró sobre todo aquel capítulo húngaro de aquel verano en el que transcurre la novela de Schulze. Los archivos de la Stasi están abiertos al público, pero no en lo referente a lo que la Stasi generó sobre lo que hacían sus adversarios del BND...

Schulze dice que le encantaría ver esa documentación. "Seguro que el BND también reúne mucho material sobre los escritores alemanes. Si hasta el escritor Max Frisch descubrió que los servicios secretos habían reunido doce mil folios sobre su persona, ¡en Suiza!, lo que no tendrán aquí", dice.

Lo más divertido de la novela de Schultze es la complicada y ambigua adaptación de Adam, el sastre del Este, a la vida en el "mundo libre" y sus cachivaches. El cubo de basura situado bajo el fregadero de la cocina con apertura automática de la tapa, merece el comentario, "!que bonito¡, es como si el cubo se sacara el sombrero para saludarte"."La gente de aquí ya no sabe ni lo que es un sastre", dice Adam cuando intenta buscar trabajo en un Munich que viste "pret à porter", alojado en casa de un pariente que al principio le recibe muy bien y luego se revela como un pelmazo, un "fanático de la justicia, es decir, que piensa que quienes trabajan menos que él también deben ganar menos". Y, ¿qué decir del resto, de las luces del Oeste?. Para Adam, "hay demasiado de todo; demasiadas palabras, demasiados vestidos, demasiados pantalones, demasiado chocolate, demasiados coches; una inflación que sepulta las cosas de verdad, lo auténtico...".

Schulze niega que haya una "literatura del Este" en Alemania., pero lo que sí hay son diversas "percepciones". Por ejemplo, esas consideraciones sobre el Oeste, que sólo los del Este pueden hacer, por razones estrictamente biográficas, por haber conocido otras lógicas y maneras de funcionar.

Schulze causó sensación cuando, en 2007, al ser galardonado con el premio de literatura de Turingia, en Weimar, arremetió contra la "tendencia a la refeudalización de la Cultura, que va de la mano de la privatización y economización de todos los ámbitos de la vida; desde la sanidad hasta el deporte, el sistema de tráfico y hasta la seguridad, con empresas privadas que asumen funciones de policía". Lo dijo en el contexto del premio que le daban, 6000 euros, patrocinado por el consorcio energético E.ON. "Me molesta que me fotografíen con el logo de "E.ON Thüringer Energie", dijo, "que me conviertan en agente publicitario por 6000 euros, me pregunto si Goethe aceptaría tal premio y la evidencia de tal refeudalización como algo normal", dijo, antes de anunciar que donaba el dinero a cualquier proyecto cultural no feudalizado.

¿Cómo recibió ese discurso el público de Weimar?
Con el público no hubo problema, aplaudieron un buen rato. Los de E.ON estuvieron muy discretos, "comprendemos sus críticas", dijeron. Lo más interesante fue que el Secretario del Estado de Turingia me aleccionó, así con el dedo delante de las cámaras de televisión, preguntándome si quería volver a la RDA, como si fuera un jovencito gamberro. Luego el discurso se publicó en el "Sudddeutsche Zeitung" y hubo otro tipo de comentarios. El semanario "Die Zeit", por ejemplo, reaccionó loando la "noble labor de patrocinio" cultural de las empresas, e incluso se habló de llevarme a juicio, pero lo interesante fue que se creó una nueva beca literaria anual dotada con 12.000 euros. Como yo ofrecí los 6000 euros que me dieron a algo así, pago 2000 euros de esa beca en los primeros tres años. El discurso no sirvió para nada, naturalmente, pero bueno...

Parece que todos estos años, mientras la política, y la filosofía, giraban a la derecha, la consciencia social se movió un poco hacia la izquierda en Alemania, ¿Qué papel pinta la difunta RDA en todo esto?
La caída del bloque del Este hizo a Occidente más antisocial. Había una competición entre los dos sistemas y con el hundimiento de uno, el otro se quedó sin alternativa. Se disolvió en toda Europa la conexión entre libertad y justicia social. Cuando algo no tiene alternativa es siempre problemático.

Muchos españoles conocen la RDA por la estupenda película, "La vida de los otros". ¿Cree que ofrece una imagen real y plausible de la RDA?
No, en absoluto. Había un 2% que de una u otra forma había trabajado o colaborado con la Stasi. Lo policial debía tenerse en cuenta, pero reducir la RDA solo a eso, es bastante irritante. Había muchos agujeros y espacios en aquella sociedad. Lo más interesante es lo que la película no muestra: el cambio de dependencia. Es verdad que pasamos de la dictadura a la libertad, pero también lo es que nuestra dependencia, hacia el Estado cambió en una dependencia hacia el "mercado". Ese es el cambio que a mi me interesa como escritor.

¿Qué opina sobre el término y el discurso de "las dos dictaduras alemanas"?
Son cosas completamente diferentes que hoy se sacan a colación por razones que no tienen nada que ver con algunos efectos comparables que pudiera haber en ambas dictaduras. Veamos, la RDA era una dictadura que se dejó desmantelar sin derramamiento de sangre, no hizo guerra ni llevó a cabo ningún genocidio contra nadie. Claro, hay que distinguir periodos; hasta la muerte de Stalin fue tremendo, pero nada se comprende sin las relaciones de la guerra fría. Supongo que en España, Grecia, Turquía o América Latina, eso se comprende mucho mejor... Estoy contento de que la RDA se acabara. Estoy muy contento de que el Muro cayera, pero habría preferido que el gobierno de la RDA hubiera lanzado reformas que desembocaran en una verdadera reunificación y no en una absorción.

Cómo se explica el giro radical de la opinión en la RDA entre noviembre de 1989 y Marzo de 1990, es decir entre aquel orgullo cívico tejido sobre un programa difuso socializante y verde de la oposición disidente, y las elecciones de marzo de 1990, cuando la gente opta por realizar el sueño histórico de la derecha de Bonn, es decir: la disolución y absorción incondicional de la RDA por la RFA.
Organizaciones de 1989 como el "Neues Forum" decían, "queremos la reunificación pero llevará tiempo". Entonces apareció Kohl. La propuesta de una rápida reunificación y las promesas de una nueva y mejor vida inmediata llegaron juntas. A principios de febrero de 1990, de Maziere, el hombre de la CDU de Kohl en la RDA, había dicho "queremos un socialismo cálido", y la gente se quedó con que si votaba a la CDU habría reunificación y rápida realización de aquellas promesas. Ningún movimiento fue capaz de contrarrestar aquello, porque la oferta maravillosa se sobreponía a cualquier consideración crítica y todo pasaba muy rápido. La gente no podía sospechar que la introducción del marco germano-oriental fuera a ser un desastre, por no hablar de la desindustrialización, el paro y la emigración masiva que siguió. Si todo se hubiera hecho más despacio habríamos podido reflexionar más e incluso cambiar nosotros mismos en el proceso, pero todo fue como una avalancha....

¿...y en esa avalancha se mezclaron elementos de engaño y de fe en Disneylandia?
Si, la mayoría vio en Kohl una especie de Papa Noel. Había una expectativa completamente irrealista y acrítica sobre lo que significaba una rápida reunificación. La gente que en septiembre y octubre de 1989 salió a la calle diciendo, "el pueblo somos nosotros", no es que no quisiera la unificación, sino que también quería cambiar el Oeste. Aquello expresaba un impulso de democratización muy positivo. También había un hartazgo sobre objetivos a largo plazo. Se quería algo, ya.

Veinte años después de la caída del muro ¿porqué aumenta el miedo del "establishment" político/mediático de la RFA a una memoria sobria y realista de la RDA?
Es una buena pregunta. Estoy asombrado de la cruda y dura lucha que se libra contra el pasado. Hace diez años todo era mucho más suave. Eso tiene que ver con que la crisis genera cierta inseguridad en el establishment. Mi problema no es la desaparición del Este, sino la desaparición de un Oeste con cierto rostro humano. Para alguien que vivió la RDA, es chocante ver cómo la negativa a encarar la realidad conduce a un discurso vacío: sobre el "crecimiento" y la "eficiencia". Estamos en una sociedad que ha olvidado que no hay libertad sin justicia social. Cuando expresas estas dudas siempre hay alguien que te sale con el reproche, "!ah¡, ¿entonces usted quiere regresar a la RDA....?". Naturalmente que aquel sistema no interesa, pero había elementos muy buenos que habrían contribuido a una economía social de mercado muy bien; en materia de sanidad, educación, agricultura, derecho laboral y de familia, el sistema de seguros, muchas cosas aceptables...

...aceptables para la ciudadanía y el interés social, pero no para Springer, AEG, Bosch, Siemens o los consorcios energéticos, ¿no?
Claro, esos tenían intereses económicos muy fuertes, no sólo en la RDA, sino en el conjunto de la Europa del Este. Querían acabar con posibles competidores y ocupar los espacios, beneficiándose de paso de las subvenciones del gobierno pagadas con dinero de los contribuyentes.