miércoles, 24 de febrero de 2010

JAVIER SOLANA: EL APACIBLE GUERRERO ATLANTISTA


Higinio Polo
Rebelión


A principios de los años ochenta del siglo pasado, cuando el PSOE consiguió acceder al gobierno español con Felipe González, y el país creyó que llegaban tiempos de cambio, Javier Solana, compañero suyo en la dirección del partido y en el gobierno socialista, parecía, aún, un joven rebelde, barbado, casi contracultural, alejado de los fastos del poder, cercano a los ciudadanos, cabalgando a veces en una motocicleta el Madrid que todavía recordaba las noches de miedo del franquismo. Era un tipo que parecía dispuesto a cambiar el rostro de España.
En su juventud, becado por esas fundaciones norteamericanas que preparan a los jóvenes lobos de países menores que después servirán con fervor a Washington, aprendió el idioma del imperio en Estados Unidos, donde vivió durante varios años, y se convirtió después en un sencillo profesor socialista. Participó en el congreso del PSOE en Suresnes, en la periferia de París, en 1974, donde se ejecutó la operación política (organizada y supervisada por los servicios secretos alemanes y norteamericanos) que apartó de la dirección socialista a los viejos dirigentes de la guerra civil, como Rodolfo Llopis (quien había colaborado con Negrín), y eligió a los jóvenes leones de Felipe González, un socialista sevillano que había llegado a París con un pasaporte facilitado por los servicios de inteligencia que había creado el almirante Carrero Blanco. Solana, elevado a la dirección del PSOE, participó en muchas de las negociaciones de la transición y fue elegido diputado en las primeras elecciones de 1977. Cinco años después, estaba en el gobierno.

Ese joven de 1982 (aunque tuviese ya cuarenta años), que todavía conservaba el aspecto y el lenguaje de un hombre de izquierda, fue adoptando con cautela otra piel, o tal vez, de forma más sencilla, reveló su verdadero carácter. Es probable que él mismo no imaginase su destino cuando, junto a González, empezó a sucumbir ante las hipotecas del poder. Solana pasó de escribir folletos contra la entrada de España en la OTAN a defender la permanencia en la agresiva alianza militar dirigida por Estados Unidos. Ahora sabemos que aquellas palabras eran tan hipócritas como lo fueron en su día las proclamas republicanas del PSOE en los primeros años del nuevo monarca impuesto. Él fue, como portavoz del gobierno, uno de los protagonistas de la gran estafa en ese referéndum sobre la OTAN en 1986, cuya manipulación desde los medios de comunicación fue una de las mayores vergüenzas de la joven y tutelada democracia española. González, Solana y sus compañeros de gobierno ni siquiera cumplirían después las condiciones que ellos mismos habían decidido para defender la permanencia de España en la OTAN. Fue un vergonzoso fraude, pero Solana, como González, se enorgullece de su gesto. Consiguió ser ministro de Cultura, de Educación, y, finalmente, de Asuntos Exteriores. Seguía hablando de paz, pero ya transitaba el camino de la guerra. Cuando abandonó el gobierno español en 1995 (apenas cinco meses antes de que González y el PSOE perdieran las elecciones), estaba preparado para dar el salto a las instituciones internacionales: Washington premiaría su aplicación guerrera y atlantista aceptando que fuera nombrado secretario general de la OTAN ese mismo año: pasó de ser ministro de Asuntos Exteriores a hombre de confianza del Pentágono y de la Casa Blanca. Aquel joven que, según gusta recordar, protestaba en los años sesenta contra la infame guerra de Vietnam, se encontraba en ese momento en el corazón de los guerreros del imperio, dispuesto ahora a defender la bondad de los soldados de Washington.

En esas oficinas de la OTAN se fue convirtiendo en un torvo funcionario que, pese a mantener ante la prensa internacional, con consumada hipocresía, la ficción de una cercana calidez, era capaz de defender el bombardeo de poblaciones civiles mientras escenificaba la utilidad de la muerte ante los micrófonos, de defender las matanzas más ignominiosas en nombre de la libertad y de la democracia. Fueron los mismos años en que Yeltsin dirigió la criminal implantación del capitalismo en la antigua URSS, que ha causado la muerte de millones de personas, pero Solana, en sus contactos con el gobierno ruso del alcohólico Yeltsin, siempre mantuvo el apoyo a una desastrosa política que sembró la desesperación y la miseria en las antiguas repúblicas soviéticas. Mantuvo ese cargo de secretario de la OTAN durante cuatro años: cuando lo abandonó había dejado listo el asunto de Kosovo y la definitiva desmembración de Yugoslavia.

En 1999, aplicando las decisiones de Estados Unidos, dirigió la agresión contra Yugoslavia, ignorando a la ONU, violando los tratados internacionales y las convenciones de Ginebra. La OTAN atacó durante cuatro meses multitud de objetivos sobre ciudades y bombardeó a la población civil serbia, causando miles de muertos y llegando a bombardear Belgrado, como en los días de la Segunda Guerra Mundial. Tenían preparado el pretexto: hablaron al mundo de “limpieza étnica”, que, supuestamente, estaba siendo impulsada por el gobierno serbio. Mientras, Estados Unidos y la OTAN armaban a las milicias terroristas del UÇK, creadas por la CIA alrededor del traficante de drogas Hashim Thaçi, un asesino tan feroz que sus propios compañeros apodaron como la serpiente.

Washington y Solana conocían perfectamente las actividades de Thaçi y del UÇK, y sabían que estaban apoyando a desalmados traficantes de drogas y asesinos, pero Solana no tuvo reparos morales en defender públicamente que la guerra de la OTAN contra aquella empequeñecida y débil Yugoslavia era una “guerra humanitaria”. Después, Solana, ya como Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior no tuvo tampoco empacho en apoyar al mismo mafioso Thaçi para presidir el Kosovo que se había convertido en un protectorado de Estados Unidos. Se culminaba así la destrucción de la antigua Yugoslavia socialista y se doblaba el espinazo a Serbia, el último aliado de Moscú en la zona.

No debe creer el lector que estas palabras son una exageración: la propia prensa norteamericana informó en su día de las actividades de la mafia albanokosovar y de los beneficios que conseguían de la droga, la prostitución, el tráfico de órganos y los asesinatos por encargo de los que se nutrieron Thaçi y el UÇK: el relato de sus actividades es mucho más tenebroso y feroz, como recuerda la espantosa “casa amarilla” de la ciudad albanesa de Burel, donde fueron trasladadas por el UÇK centenares de personas para extraerles sus órganos, venderlos después, y asesinarlos finalmente. Washington siempre ha trabajado con mercenarios y asesinos como Thaçi, y Solana lo sabía, pero no tuvo nada que decir cuando Thaçi se convirtió en primer ministro de Kosovo y proclamó la independencia en febrero de 2008, reconocida de inmediato por Estados Unidos, aun sabiendo que violaba, otra vez, el derecho internacional.

Javier Solana no tuvo reparos morales en ser protagonista, y después cómplice, de quienes pisoteaban la Carta de las Naciones Unidos, violaban el Derecho Internacional e ignoraban las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Esa trocha de guerreros infames sería recorrida después por Bush y sus neocons en Afganistán, Iraq y en otros frentes menores donde mostraban el músculo de Washington, pero antes Solana ya había cometido la indignidad de hablar de “guerras humanitarias”. Desde la secretaría general de la OTAN pasó a asumir la responsabilidad de convertirse en el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, durante diez años: hasta ahora mismo, cuando, a finales de 2009, fue sustituido en ese puesto por una baronesa, Catherine Ashton.

Ese hombre es Javier Solana. Es curioso comprobar cómo, a lo largo de esa transformación, de esa metamorfosis casi kafkiana, Solana iba recortando su barba, dejando apenas una sombra, recordatoria de su pasado de joven rebelde. Ahora, casi a punto de alcanzar los setenta años, Solana, convertido en una caricatura de sí mismo, ha pasado a ser asesor para “asuntos internacionales” del grupo Acciona, del empresario José Manuel Entrecanales, vástago de una familia que medró económicamente con la dictadura franquista. Pero los años no pasan en vano, y el endurecido Solana, a quien no tembló el pulso durante los días de los infames bombardeos sobre la población civil en Yugoslavia, se emocionaba recientemente ante los halagos que le prodigaban quienes frecuentan los salones del poder, cuando Juan Carlos de Borbón le otorgaba el collar de la Orden del Toisón de Oro por los servicios prestados, mientras espera que el gobierno de Rodríguez Zapatero le organice el merecido homenaje por su trayectoria. Dicen quienes le conocen que Solana es un hombre apacible, cercano, educado, agradable en el trato, cuyas maneras se han suavizado con los años

La vida nos enseñó a todos hace tiempo que los suaves comportamientos de hombres como él son apenas un disfraz, que les ayuda a soportar la vergüenza. Solana, viviendo en la mentira, acompañando la hipocresía de los poderosos, compartiendo la infamia de la guerra, se muestra hoy como un veterano apacible, un soldado atlantista amante de la paz que se vio envuelto en las guerras por el destino caprichoso. Es probable que ahora le asalte alguna vez el recuerdo de aquel joven barbado que cabalgaba una motocicleta en el Madrid del último franquismo, cuando pensaba que corría hacia el futuro, sin sospechar que se dirigía hacia un destino gris de funcionario, de compañero del imperio, de partícipe intelectual en todas las matanzas que han jalonado este inicio del siglo XXI, de veterano dinosaurio a quien todos recuerdan aprobando todas las guerras de los últimos veinte años.

domingo, 14 de febrero de 2010

CAIDA DEL MURO DE BERLIN: EMPUJE DE LA DOMINANCIA IMPERIALISTA ALEMANA





Escrito por Eduardo Monzon

¡ACTHUNG!

Entre 1945 y 1946 Alemania tomo una de las más grandes devastaciones jamás administradas a una nación. Todas las ciudades de más de 50.000 habitantes fueron dejadas en una ruma de escombros. Una de cada cuatro casas fue destruida. La mayoría de las ciudades fueron 80% aplastadas. Colonia y Hessen fueron 90% destruidas. Todos los puentes sobre el Rhin echados abajo. Cientos de miles de personas hambrientas y sin hogar arrastrando sus pies en caminos y carreteras, otros miles tropezándose en los campos y durmiendo en trincheras. Los alemanes habían perdido. Esta vez la guerra convirtió la “Padre Patria” en un montón de cenizas. Pero eso fue en 1945 ¿Qué ahora?

La pequeña Angela Kasner (ahora Merkel), hija de un pastor luterano en la Alemania Oriental dominada por Rusia, tenia solo dos años cuando Herbert Armstrong publicaba lo séte: “El camino se prepara para una colosal tercera fuerza en la política del mundo; Una Federación de Naciones Europeas mas poderosa que Rusia o USA….

Hemos mostrado con años de anticipación que pasara con el enfermizo imperio de Europa Oriental” (Plain Truth, December 1956, p. 3). En la revista Good News la misma persona publicaba:” Rusia podría entregar Alemania Oriental a los alemanes y será forzada a rendir el control de Hungría, Checoslovakia, y algo de Austria para completar la unión de 10 naciones” (April 1952, p. 16).

Con una nación salida como perdedora de la más sangrienta guerra de la historia y convertida en un montón de hierros retorcidos y una economía en total ruina ¿Quién le iba a creer a Armstrong? Con esa perspectiva, la joven Ángela no tenia dudas en creer que su nación seguiría siendo dominada por los triunfantes rusos y ser parte de una expansión global del comunismo. Cuando Ángela tenia 7 años, 3.5 millones de personas arrancaron a Alemania Federal. Para detener la fuga de cerebros, los oficiales comunistas decidieron, en agosto de 1961, construir una muralla que separa Berlín.

Ese fue el mundo donde Ángela creció. Una estudiante brillante de química quántica convertida a política. La “Frau” de Hierro llego a ser la canciller de la nueva Alemania que la semana pasada advirtió al senado norteamericano:”Si hay una lección que el mundo aprendió de la crisis financiera del año pasado, es que no hay alternativa para una economía globalizada… hay otra muralla ahora que derribar- una muralla que esta en el camino de un verdadero orden económico global”.

Ahora los alemanes quieren destruir la muralla de soberanía nacional. ¿Quién podrá defendernos? De la misma manera que quizás nadie le creía a Armstrong, a lo mejor Ud. no creerá que se formara una nueva fuerza global militar europea. Una fuerza que lo controlara a Ud. ¿Cree Ud que son solo rumores que la ETA entrenaba a mapuches? ¿Será verdad que generales alemanes eran los cerebros detrás de las revoluciones bolivianas? ¿No estará en el mejor interés de los europeos que vivamos en estado constante de caos? La comunidad europea podrá imponer por ley marcial una religión imperial gobernada desde Roma. ¿Se acuerda que los españoles entrenaban chilenos, los disfrazaban de militares para matar chilenos que eran en contra del imperio español? ¿No es acaso la Operación Salitre lo mismo pero con distintos nombres? La nueva constitución europea también llama por la instalación de un cuerpo diplomático universal europeo, donde controlaran su vida diaria. Será como vivir en los tiempos coloniales de nuevo.

La pequeña nación de Alemania estuvo a casi 3 meses de dominar el mundo entero en la Segunda Guerra. Los alemanes son guerreros fieros, sus tácticas son rápidas y mortíferas como el trueno, ellos son muy inteligentes, gracias a ellos Europa será una bestia política que asombrara al mundo entero. Por un tiempo la Unión Europea y Alemania tendrán un gran auge de crecimiento económico como beneficio de su unión. Hay fuerza en la unión, por eso nos tiene divididos aquí, en tierras ricas en minerales, peleando entre vecinos, creando ficticias invasiones para irritar a países limítrofes y crear separaciones. Este colosal super estado, con su gran poderio military se ira en contra de Israel.

Israel bíblico es USA, Inglaterra, Canadá, Australia, Sur Africa y otras naciones. Ellos poseían las siete puertas de los mares del mundo. Las única puertas que quedan son el Estrecho de Gibraltar y el de las Islas Malvinas, dominadas por Inglaterra. La última puerta en caer fue el Canal de Panamá controlada por USA. Su futuro entero ahora esta siendo influenciado por fuerzas fuera de su control.

Las profecías bíblicas jamás fallan. El dólar esta en caída libre y quizás ya no se recupere. Fue profetizado mucho tiempo atrás, no importando cual sea su creencia religiosa. El imperio Israelí (Inglaterra), el mas grande imperio en la historia del mundo, esta cayendo delante de nuestros ojos. Es el plan de Dios, no hay vuelta que darle. El hombre trajo su propia destrucción. Nuestros lideres trayendo inmoralidades en sus leyes a favor de abortos, incremento de vocabulario blasfemo y vulgar en TV y radio, esto y mucho mas en una sociedad que decae vigorosamente. La caída del dólar trajo desprestigio económico para USA.

La manera de vida de los descendientes de Israel, los anglos de habla inglesa, parese irse guarda abajo. Esto será aprovechado por los enemigos de las profecías bíblicas y los europeos para controlar el mundo. Solo la venida de Jesús evitara un cataclismo global. Vendrá una gran catástrofe en los próximos años, pero una gran sociedad emergerá, un sistema perfecto. Lea su Biblia y obedezca los mandamientos.


http://www.elmorrocotudo.cl/admin/render/noticia/23463

martes, 2 de febrero de 2010

EL COMUNISMO HA DERRIBADO EL MURO DE BERLIN



John Brown
Viento Sur/Rebelión







"No os dejéis seducir:
no hay retorno alguno.
El día está a las puertas,
hay ya viento nocturno:
no vendrá otra mañana.
No os dejéis engañar
con que la vida es poco.
Bebedla a grandes tragos
porque no os bastará
cuando hayáis de perderla.
No os dejéis consolar.
Vuestro tiempo no es mucho.
El lodo, a los podridos.
La vida es lo más grande:
perderla es perder todo."
Bertolt Brecht

Cuentan que hace veinte años cayó un muro infame que separaba las dos partes de un país. Cuentan que ese muro fue erigido por los defensores de una idea totalitaria que llamaban "comunismo". Cuentan que el muro servía para que la población no se escapara al otro lado, a la Alemania capitalista donde imperaban la democracia representativa y una economía social de mercado. Y, sin embargo, lo que había del lado socialista no era sino un reflejo degradado del capitalismo: una sociedad de consumo algo cochambrosa donde había supermercados, pero no siempre había gran cosa, circulaban automóviles por las calles, pero su motor era de motocicleta y sus carrocerías de algo que no se parecía demasiado al metal. El gobierno era tan democrático que se identificaba automáticamente y a priori con las mayorías sociales. Todo eso funcionaba bajo la dirección autoritaria y paternalista de un Partido Socialista Unificado que alguna vez en los años 50, según nos cuenta Bertolt Brecht, tuvo la tentación de disolver al pueblo antes que disolver su gobierno. El poder de ese partido y de su régimen, al igual que el del PCUS en la URSS se basaba en un pretendido saber sobre la historia y sobre la realidad. Jacques Lacan reconocía en este poder que pretende ser enteramente un saber el pedante "discurso de la universidad". El partido como "intelectual colectivo" sabía la verdad de un presente que la población se limitaba a vivir o sufrir. Die Partei hat es immer Recht. El Partido siempre tiene razón, porque es quien representa la avanzadilla extrema del progreso histórico al ser la vanguardia del proletariado. El socialismo se impone así a la población con la evidencia que, según los fisiócratas, debería guiar todos los actos del soberano. Más que como una opción política, se presenta como una verdad científica. Quien no esté de acuerdo se equivoca o se engaña o engaña a los demás y se convierte en un enemigo objetivo del Estado de los trabajadores. Como todo dispositivo experimental el socialismo de Europa del Este requería aislarse del entorno. El muro fue parte del mecanismo de producción de verdad propio del socialismo. Como en un laboratorio o en una clínica, era prioritario impedir la contaminación.

El muro del socialismo es así lo contrario del comunismo, de ese "fantasma que recorre Europa" del que nos hablaban Marx y Engels y que causaba legítimo espanto a burguesías, tronos y gobiernos. En la República Democrática Alemana y en la Europa del Este quien tenía miedo era fundamentalmente el régimen que gobernaba en nombre de los trabajadores, expropiándolos en su propio nombre de su capacidad de decisión y de sus medios de producción, expropiándolos de su riqueza y mermando su capacidad productiva. El socialismo con su propiedad estatal es tan expropiador de los bienes colectivos como el propio liberalismo con su propiedad privada obligatoria. Los poderes del capital pusieron siempre barreras contra el comunismo, pues lo veían como una indomable fuerza de libertad capaz de difundirse por doquier, pues el comunismo no es sino la fuerza de lo común. El poder que levantó el muro de Berlín, nada tiene que ver con el comunismo. Ese poder del socialismo de Estado tenía que protegerse: tenía miedo, tanto miedo que fichó a casi toda la población e instauró un régimen universal de delación. Tanto miedo que sólo supo imitar al Estado y al capitalismo.

Hace veinte años que desapareció el muro bajo el impulso de una población que ya no creía en el poder de la pequeña burguesía inculta y autoritaria del Partido. Una pequeña burguesía cuya mediocridad sólo es comparable a la del franquismo. "Gestión autoritaria de la vida cotidiana" es lo que vió Rossana Rossanda en el franquismo; es también lo que había en la República Democrática Alemana. Un régimen de orden que tenía miedo a su propia población y al mundo exterior.

La caída del muro se ha convertido, sin embargo en una fecha emblemática de un pretendido fin del comunismo. Con el muro se habría acabado toda alternativa al capitalismo. Y, sin embargo, por mucho que los dirigentes occidentales y los "nuevos" dirigentes de la Europa del Este celebren juntos la caída del muro, son ellos ahora quienes tienen miedo. Ha desaparecido un muro y son ahora los pretendidos vencedores del comunismo quienes de Palestina a Ceuta, de la frontera sur de los Estados Unidos al Sáhara Occidental, y en cualquier barrio periférico de las grandes ciudades elevan muros sin cuento. Muros de piedra o de cemento, muros electrónicos, muros de papeles o incluso flotas enteras para impedir el libre movimiento de individuos y poblaciones, muros legales que son las leyes de excepción permanente. Ya no basta un sólo muro. Para defender el capital se han alzado y siguen alzándose cada día muros de todo tipo.

Pero a pesar de los muros, como en la muralla china de Kafka, mucho antes de que termine la improbable construcción del muro definitivo contra los bárbaros, los bárbaros ya acampan en el centro de Pequín. El fantasma ya no está encerrado en su ruinosa fortaleza "socialista", el comunismo está hoy libre y recorre zonas importantes del mundo. Es incluso la base de la producción capitalista: la cooperación directa entre los trabajadores, su capacidad de comunicación y autoorganización son el fundamento de la productividad y de la riqueza. Hoy ni el capital ni el Estado son capaces de organizar la producción. Sólo el comunismo puede hacerlo. Producir hoy es construir los medios productivos comunes y poder acceder libremente a ellos. La explotación capitalista desprovista de cualquier función organizativa vuelve así al modelo feudal: el capital ya no organiza la producción y se apropia del plusvalor, no ya como beneficio sino como renta (financiera). El capitalismo es ya "Ancien régime", antiguo régimen que convive con el nuevo tercer estado.

El comunismo no está fuera del capitalismo, sino en su propio interior. Las imágenes del socialismo y de la Guerra Fría que presentaban el comunismo como algo exterior y ajeno al capitalismo servían de bálsamo para las angustias de todas las burguesías. El comunismo estaba allá, detrás del muro, se decían. Y, sin embargo, del otro lado no había sino el fantasma del fantasma: una ridícula parodia del capitalismo orquestada por un Estado despótico. El comunismo, como fuerza productiva estaba desplegándose potentemente en el Oeste...y en el Este, desde los años 60 (Praga, Varsovia, antes Budapest, luego París, Europa occidental, los Estados Unidos...) siendo la fecha emblemática el mayo del 68 que Sarkozy se ha prometido enterrar. Un comunismo insospechado, sin banderas rojas ni cánticos, sin partido, pero capaz de reconocerse con bastante facilidad en la tradición revolucionaria, un comunismo de los comunes, de las externalidades sociales indispensables a la producción en el postfordismo. Un comunismo que ha derribado el muro de Berlín y promete derribar todos los demás.

Blog del autor:http://iohannesmaurus.blogspot.com/2009/11/el-comunismo-ha-derribado-el-muro-de.html