jueves, 21 de enero de 2010

LA STASI



Mikel Arizaleta
Estos días que se habla del Sitel democrático y del muro de Berlín de la DDR resulta iluminador y esclarecedor hablar de la Stasi de la República Democrática Alemana. Stasi es el acrónimo de Ministerium für Staatssicherheit, que era el Ministerio para la Seguridad del Estado, la organización principal de policía secreta e inteligencia de la República Democrática Alemana (DDR) y fue creada el 8 de febrero de 1950.

Hoy sus informes, estimados en 33 millones de páginas y de acuerdo con una orden de publicación de archivos secretos impuesta por el gobierno de la Alemania reunificada en 1992, están a disposición del público, incluyendo las fichas con datos personales. Así, por ejemplo, Timothy Garton Ash escribió The File: A personal History (El archivo: una historia personal) tras ver lo que la Stasi recogió sobre él. Y son muchos los alemanes, que han ojeado sus informes. Quienquiera puede saber cuándo, cómo y por quién fue espiado en la DDR, y eso tan sólo a los pocos años del hecho, a lo sumo a los cuarenta años de su puesta en práctica, porque el servicio de información está disponible desde los años 90.

Algo que en el estado español, que chorrea democracia por todas partes, no existe 74 años después de la implantación del terror y 34 años después de la muerte del dictador Francisco Franco. Y no existe porque los archivos han seguido estando bajo los mismos servidores de la dictadura. Y la policía, guardia civil, funcionarios del interior, gobernadores civiles, jueces…, el aparato represivo en general continuó desempeñando su cargo de dictadura. Es lo que se conoce con el nombre de transición o no poner en claro el pasado. O dicho de otro modo: impunidad. En palabra progre: ¡Hay que mirar al futuro! Claro, esto lo dice sobre todo quien tiene un pasado enmierdado y que destila pus.

Transición que les ha servido, como al falangista Martín Villa, para destruir su huella represiva y su compromiso de chivateo, espionaje y tortura y para que se desconozcan las manos causantes de semejante violación. De lo contrario y en un país de cierta decencia muchos de los jueces, escritores, funcionarios y políticos de la democracia a la española deberían haber sido condenados en tribunales con un mínimo poso de derecho humano. No en balde el gobierno español sigue, como en la dictadura, siendo denunciado como violador sistemático de los derechos de los detenidos: tanto en sus zulos y mazmorras como ante su silencio frente a denuncias en sede judicial.

"El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero utiliza desde 2004 un software fabricado por Ericsson capaz de pinchar todos los teléfonos de España al mismo tiempo. El programa permite a la Policía rastrear a una velocidad inédita hasta ahora todo tipo de llamadas. Los agentes tienen acceso a las conversaciones en tiempo real, pero también a datos tan sensibles como la identidad de los comunicantes, el lugar desde donde llaman, la operadora que utiliza e incluso el tipo de contrato que tienen." Herencia y legado de una dictadura, presente hoy en nuestro país.

El sistema Integral de Interceptación de Comunicaciones Electrónicas (Sitel), elaborado por Ericsson para el Gobierno de Aznar durante el año 2000 se ha revelado como una suerte de fruto del paraíso para cualquier espía. Una tecnología que permite al Gobierno, nada más y nada menos, que pinchar todos los teléfonos de España al mismo tiempo y conocer, además de las conversaciones, la identidad del sujeto, su operador telefónico, el punto geográfico exacto en el que se encuentra e incluso el tipo de contrato que tienen.

Con el sofisticado software desarrollado, los Agentes pinchan directamente los teléfonos sin tener que contar con las operadoras telefónicas y tienen acceso tanto a las conversaciones como a la identidad de los comunicantes, el lugar desde donde están hablando, el operador telefónico e incluso el contrato de servicio suscrito con ese operador. Y todo eso en tiempo real. El software se implanta en las operadores de telecomunicaciones y de ahí se dirige la información a los centros de interceptación de las comunicaciones dependientes del Ministerio del Interior y del CSI que a su vez los distribuye a la red SITEL.

Práctica que viola su mismo entramado legal y del que son conscientes el fiscal general, el secretario general de seguridad y el PSOE, pero como todo es lo mismo o muy parecido nadie es llevado ante el tribunal por violar los derechos de las personas sino que, por en contrario, el Tribunal Constitucional en sentencia del 5 de febrero de 2008 se escabulle ante esta práctica de la que hace gala el viejo aparato de dictadura.

Sólo el PP ha levantado la voz y denunciado y quizá los jueces lo atiendan. Y ha denunciado cuando el instrumento malévolo y violador ideado para los "malos" ha sido empleado y aplicado por el PSOE también a los "buenos", para demostrar la corrupción y malas prácticas que ellos atesoran en su filas. A aquellos que otrora decían: ¿Por qué temen su plicación? ¡Algo habrán hecho!

La RFA se movió porque se trataba del pasado de otro gobierno y otro régimen considerado enemigo, el de la DDR. La democracia española no ha abierto sus expedientes y archivos secretos porque su aparato represivo tiene sabor y huella de dictadura y su presente se asienta en el olvido y en la impunidad de su pasado. ¡Clama la desvergüenza con la que escritores españoles critican la colaboración de escritores alemanes con la Stasi y callan y enmascaran la suya, siendo entre nosotros legión los amanuenses sumisos a los aparatos represivos y a la mano del poderl!

Mikel Arizaleta, 17 827 048


http://www.kaosenlared.net/noticia/107490/la-stasi

domingo, 17 de enero de 2010

LO QUE EL MURO SE LLEVO



Bernardo Díaz Nosty

Con la caída del Muro de Berlín se derrumbó, por lo que sabemos ahora, mucho más que los bloques de hormigón que estos días demuele la simplicidad narrativa de la televisión. Cayó la historia misma, de la que sobreviven las anécdotas. El choque de dos concepciones sociales y políticas -la dialéctica que argumentó la Guerra Fría- se esfuma en la escritura mediática de las conmemoraciones.

¿Qué ingredientes construirán el imaginario de los jóvenes, que ven pasar por la historia-pantalla retazos visuales de la Segunda Guerra Mundial, Mayo del 68, el Muro de Berlín o la Guerra Civil, en mercaderías que presentan los grandes hitos como sucesos desposeídos de su naturaleza ideológica, política y cultural…?

En este país donde se reivindica la memoria histórica, recientes procesos de exhumación de cadáveres de la Guerra Civil han sido instrumentalizados como litigios de la actualidad. Se desvirtúa con ello el sentido último de la iniciativa o se cultivan protagonismos que, despojados de toda ética por quienes les ponen foco, se convierten en narraciones sensacionalistas.

De esta despolitización de la memoria, por emplear el término de Kristin Ross, y de la autoesterilización ideológica de la izquierda nace esa imagen complaciente del pasado que anula la capacidad pedagógica de la historia. Despolitizar la memoria supone, asimismo, despolitizar el presente, en beneficio de los usufructuarios directos de la acción política despolitizada…

Contribuye a este paisajismo de lo pasado y a las pinceladas del paisanaje de ocasión -gente que pasaba por donde estaba la cámara- una labor previa de la sociología más conservadora, que simplifica lo complejo en estándares, patrones, modas… En fenómenos sociológicos que igual nos explican el botellón que la protesta estudiantil frente a Bolonia, con un sentido homeostático que reconduce el conflicto a los marcos de una pretendida normalidad social…, a mercancía empaquetable en papel de celofán. No hay movimiento tectónico en la superficie de la historia que se resista al reciclado que sirve de base a la historia-pantalla de las conmemoraciones mediáticas. Una nueva forma de desinformación que permite vender espectáculo gran-público.

Cuando al desprestigio de los políticos sigue dramáticamente el de la política, difícilmente puede reivindicarse esa dimensión política de la memoria como arsenal de ideas, utopías y fracasos en la construcción de una sociedad mejor. ¿Deberemos, entonces, conformarnos con la imagen de que la caída del Muro de Berlín supuso para los alemanes del Este poder cambiar sus viejos Trabant por flamantes Volkswagen...?


http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/562394/lo/muro/se/llevo.html

domingo, 3 de enero de 2010

GORLITZ, UNA CIUDAD DE LA EX-RDA, BUSCA REPOBLARSE CON VACACIONES PAGADAS A QUIERES HUYERON TRAS CAER EL MURO





• La localidad ha perdido a 30.000 habitantes en dos décadas


PFEILFRANÇOIS BECKER
GÖRLITZ
Vivir una semana de forma gratuíta en la antigua Alemania del Este, en un apartamento que parece que acaba de salir de un catálogo de muebles. Eso es lo que propone Görlitz, ciudad que se intenta repoblar tras la marcha de 30.000 de sus habitantes después de la caída del Muro.
En la calle de las Flores, en pleno centro de la ciudad, donde se encuentra el apartamento propuesto «para ser probado», varios edificios están abandonados, ennegrecidos de roña, y con los vidrios quebrados, al igual que 4.500 inmuebles de Görlitz calificados de insalubres.
El inmueble escogido para el programa de repoblamiento, en cambio, está enteramente renovado, la fachada es de un blanco reluciente y las escaleras enceradas. «Ha sido, a la vez, una experiencia de vida y una semana de vacaciones», recuerda Hans-Aloys, un hombre ya en la cuarentena que vive en la otra esquina del país, en una población cercana a la frontera holandesa.

Junto con su madre, que creció en la Hungría comunista, oyeron hablar del programa para repoblar en un noticiario televisado, y se instalaron, durante la última primavera, en un piso de tres habitaciones de Görlitz por un periodo de una semana.
Dos pufs y una mesa baja de Ikea, la marca sueca a la que pertenecen todos los muebles del apartamento, junto con algunos toques clásicos, intentan dar un poco de alma a estos lugares.
Aparte de «la falta de ventanas en el baño», Hans-Aloys no ve «ningún inconveniente a vivir en la ex-RDA». «Nos hemos reencontrado con la mentalidad de Europa del Este, que todavía está presente, con un montón de gente interesada en la cultura», dice satisfecho. «Hemos establecido contacto con la gente muy fácilmente, en el café o en el restaurante, lo que, en general no es posible en el oeste», subraya.
«Hay muy pocos alemanes del Oeste dispuestos a instalarse en la ex-RDA», explica Anne Pfeil, una investigadora que se encuentra en el origen del proyecto.
Desiertos durante el régimen comunista, que prefería desarrollar las periferias de las ciudades, los centros de las ciudades del este alemán recibieron la estocada final después de 1989, cuando todo aquel que podía se iba al oeste. Sobre 87.000 habitantes que tenía Görlitz en 1970, ya no quedan hoy en día más que 57.000.
«Hay muchos prejuicios sobre los apartamentos de las ciudades del este. Son húmedos, con los sanitarios en el descansillo; sin agua caliente», recuerda la señora Pfeil. Entre los primeros en participar en el programa figura la familia Schubert, originaria de Görlitz pero instalada desde hace dos decenios en una pequeña localidad de los alrededores.
Apariencia burguesa
Los Schubert se han trasladado al centro de la ciudad, a un apartamento de 160 metros cuadrados de un inmueble de apariencia burguesa que acaba de ser renovado, donde un apartamento de cada cuatro busca aún un comprador. «He crecido en el otro lado de la calle; antes, había numerosas escuelas, hoy en día todas están cerradas», recuerda Wolfram Schubert. «La gente del pueblo se pregunta aún porqué hemos preferido ir a la ciudad», aseguró.
Situada en el extremo este de la ex-RDA, lejos de los grandes ejes de comunicación, Görlitz tiene aún dificultades para atraer a gente, pese a una oferta cultural que se amplía y un barrio medieval tomado por los turistas. «Es un poco difícil encontrar trabajo», reconoce la pareja. La tasa de desempleo es del 15% de la población activa.
Sin embargo, Göritz mira hacia el este, hacia el otro lado del río Oder, hacia la ciudad polaca de Zgorzelec, de la que ya no hay nada que la separe de su gemela alemana tras la suspensión de los controles fronterizos. Zgorzelec tiene un grave problema de alojamiento. «Antes, los polacos de Zgorzelec querían encontrar trabajo en Alemania; hoy, algunos se instalan en Görlitz y van a trabajar a Polonia», revela la señora Pfeil.

viernes, 1 de enero de 2010

YO ESTUVE AL OTRO LADO DEL MURO



JOSÉ LUIS MENEZO CATEDRÁTICO DE OFTALMOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA
Una gélida y gris mañana del 3 de mayo de 1969, llegué al paso fronterizo Checkpoint Charlie por donde entré a Berlín oriental, cruzando un pasillo descubierto, entablado, entre dos torres de observación con dos ametralladoras apuntando hacia él.
Había recibido una invitación de la industria óptica de la Alemania oriental, Zeiss-Jenna, para asistir a un curso en el famoso hospital Charité sobre un fotocoagulador para tratamiento de ciertas patologías oculares. Recibí un telegrama en inglés que decía: "Tiene su visado en la estación de metro de Friedrichstrasse y el hotel reservado". Quedaba a la espera de los billetes de avión, ya que a Berlín sólo se podía entrar por aire desde Frankfurt con compañías de los países aliados.
Una vez en Berlín me aconsejaron atravesar el muro por el sector americano y así me presenté al otro lado. Por si alguno de los lectores no se acuerda, nuestro pasaporte de aquella época prohibía expresamente la visita a países comunistas, desde Albania hasta Vietnam, por lo que entré totalmente indocumentado en Berlín oriental, sólo con el telegrama. Por supuesto, me registraron y me confiscaron un cartón de tabaco. Después de la espera, me extendieron un salvoconducto de corta estancia, pero mi visado no aparecía por ninguna parte. Al parecer consultaron con el hospital y vino a recibirme una ingeniera de Zeiss. Me acompañó al hotel, que a simple vista no había recibido ningún arreglo ni capa de pintura desde el tiempo de los nazis. La ingeniera me hizo un plano indicándome cómo llegar al complejo hospitalario a la hora de inicio del curso. Después de vivir la tarde-noche de mi llegada en la bulliciosa y lujosa avenida de Kurfürstendamm (Berlín occidental), el aspecto de Berlín-Este era de un gris sucio, oscuro, lleno de bloques de hormigón, casamatas, edificios semidestruidos, solares desiertos, alambres de espino a medida que te acercabas al muro, y sobre todo, un vacío general de vida. Al llegar al hospital, me percaté que estaba próximo al Muro, donde existía una zona de "no man's land".
Encontré la Augenklinik, cuya entrada estaba muy desvencijada y con restos de derribo. De repente me hallé en el corazón de los antiguos "cuartos oscuros" de exploración oftalmológica, donde estaban pasando visita unas seis o siete oftalmólogas (que me recordaron a unas valquirias) y me dirigí a ellas en inglés. Sonó en aquellos momentos un grito de "Achtung! Verboten!" emitido por una matrona con un aspecto que no sabías si pertenecía a la época del Káiser, a la de un campo de concentración nazi o a un gulag comunista. Siguiendo sus órdenes, dos fornidos camilleros me arrastraron y me encerraron literalmente en una pequeña biblioteca, por cierto muy bien cuidada. Allí permanecí alrededor de hora y media, hasta que a la hora prevista se abrió la sala y entraron los escasos asistentes. El curso comenzó con palabras de un representante político de la alcaldía, que nos dio la bienvenida a la "ciudad libre de Berlín".
Al finalizar la tarde, el joven doctor Friedrich Comberg, director del curso, se puso en contacto conmigo y le rogué buscar mi "visado" en la Friedrichstrasse. Acudimos allí, pero fue infructuoso, por lo que me sugirió ir al departamento central de la policía: la Stasi. Allí, en un edificio de corte soviético, rodeado de zonas devastadas y bajo una fría lluvia, requerimos de nuevo el anhelado visado. El agente no halló nada y le propuse llamar a Zeiss en Jenna, contestándome que, en aquellos momentos, el retraso de la llamada podría suponer 7 u 8 horas. Ante mi pánico, solicité volver a Berlín occidental y retornar al día siguiente, pero el oficial me recomendó permanecer en Berlín-Este. El doctor Comberg me invitó a un local bullicioso donde pudiéramos hablar "sin temor" sobre las maravillas de la Oftalmología occidental, a la que se pasaría años después como Director de Oftalmología del Virchow-Klinikum (donde le visité en 1999).
No he pasado dos noches peores en toda mi vida, viéndome ya en un gulag. El documento no apareció por ninguna parte; pero, a pesar de ello, días después salí de Berlín oriental con el salvoconducto inicial y regresé sin ningún impedimento a mi país donde nadie me registró, me siguió, ni me inspeccionó, a pesar de la época en la que nos encontrábamos.