lunes, 30 de noviembre de 2009

MALLORCA FUE EL PRIMER DESTINO MUNDIAL QUE RECIBIO A TURISTAS DE LA ALEMANIA COMUNISTA




El Govern balear invitó gratuitamente a 10.000 germanos de la RDA, que realizaron el viaje más importante de su vida.

Los alemanes orientales pasaron de derribar el muro de Berlín a descansar en las playas mallorquinas en abril de 1990. Fotomontaje: Mallorca Zeitung
El muro de Berlín ha sido desde 1961 la llave de la Cortina de Hierro, una muralla imaginaria que dividió a Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Ese muro comenzó a caer poco a poco y sus ladrillos se fueron desmoronando a partir de que Gorbachov impulsó la glasnost y perestroika cuando llegó a la presidencia del Presidium Supremo de la URSS en 1988. Un año más tarde, los profundos cambios que introdujo Gorbachov impactaron en el muro y tuvieron su punto álgido el 9 de noviembre de 1989, fecha que se recuerda porque una gran muchedumbre dictó el fin de la separación de Berlín y marcó la caída de la Cortina de Hierro. Dentro de una semana se cumplirán veinte años de aquel hecho histórico, cuya figura se amplía a medida que transcurre el tiempo. Ha sido uno de los grandes hitos del siglo XX y Mallorca tuvo una participación destacada en el proceso puesto que la isla ha sido el primer destino donde viajaron los ciudadanos de la República Democrática Alemana una vez que se anularon las restricciones para salir al extranjero.Eran días de euforia porque todo el mundo sabía que el mundo estaba cambiando. Precisamente durante esa semana, el conseller de Turismo del Govern balear, Jaume Cladera, había viajado a Estambul para participar en la convención anual que organiza la Asociación Alemana de Agencias de Viajes (DRV). La euforia también hizo presa de los agentes de viajes y del conseller mallorquín, quien quiso homenajear a la nueva Alemania que se estaba gestando haciendo una oferta que resultó ser histórica: invitó a que un importante grupo de alemanes del Este viajara gratuitamente a Mallorca. La isla era un destino turístico mítico para los alemanes orientales, que sabían del éxito que tenía en la República Federal Alemana por la televisión: las imágenes de Mallorca traspasaban la frontera y las playas insulares eran uno de los objetos de deseo más famosos.Los agentes de viajes aceptaron la oferta de Cladera. Ellos debían proveer los aviones y el Govern las habitaciones de hotel y la manutención, que incluía pensión completa para los 10.000 alemanes que tendrían derecho al viaje. El gesto de Cladera se producía en una época difícil para el turismo en Balears: el descenso de los británicos amenazaba con una crisis que finamente se produjo, entre 1991 y 1993 como consecuencia de la Guerra del Golfo. La invitación de Cladera era pues una buena oportunidad para abrir un nuevo y gran mercado, el de los países de Europa oriental, que ya apuntaban maneras: estaba claro que más pronto que tarde se sacudirían de sus regímenes comunistas y pasarían a engrosar la que en esa época se denominaba Europa libre.La preparación de este difícil trabajo estuvo a cargo de Eduardo Gamero, que era el director general de Promoción turística del Govern. Gamero recordaba la semana pasada con precisión todo lo que pasó: "Lo viví muy intensamente porque era una operación complicada. El criterio para la selección de las personas que vendrían a Mallorca corrió por cuenta de la Cruz Roja. Debían ser familias con niños y de escasos recursos. Fue una gran obra humanitaria, basada en que según había dicho Cladera, debíamos devolver a los alemanes parte de lo que ellos nos habían dado a nosotros".La llegada se haría por grupos, dependiendo de la disponibilidad de camas de los hoteles, y así, poco tiempo después, en abril de 1990, comenzó el goteo de visitantes. Eran los primeros viajes de alemanes orientales al extranjero.Las agencias de viajes que coordinaron la acción fueron las dos principales, TUI y Neckermann (hoy Thomas Cook). En esa época, el actual director regional de Thomas Cook, Harald Oberkirch, era jefe de guías y recuerda muy bien el acontecimiento. "Esta gente no había visto nunca una palmera. Estaban muy emocionados cuando fueron recibidos en el aeropuerto, con cava y ball de bot".Cuando descendieron del avión, estaban sorprendidos por todo lo que veían, e incluso una pareja se abrazó llorando porque era su primer viaje al extranjero, y nada menos que a Mallorca. Fotografiaban todo lo que veían, con sus vetustas cámaras fabricadas en la RDA u otros países del área socialista. Tenían muchas ganas de entrar en un mundo que prometía ser el paraíso.Más tarde fueron trasladados a sus hoteles de la bahía de Palma. Estaban tan acostumbrados a una dictadura, que su estancia en los hoteles les condujo a una cierta confusión porque querían saber "quién es el jefe" para que les explicara qué les autorizaba a hacer. Los conserjes les explicaban que no había tales jefes y que podían salir a pasear y caminar por donde quisieran sin tener que dar cuenta a nadie.Desconfiaban de estas nuevas libertades que se les presentaban, así que no tenían claro lo de los horarios. Querían saber a qué hora estaba mandado que regresaran al hotel y los guías germano-occidentales que los acompañaban se esforzaban para que entendieran que no había limitaciones de ningún tipo. Además, creían que su asistencia al comedor del hotel debía hacerse en grupo y de acuerdo a las reglas "de los jefes". Obviamente se les dijo que podían ir de forma individual, siempre dentro del horario de comidas. "Se les distinguía por la manera de vestir", recuerda el hotelero Pedro Canals, refiriéndose a la modestia de su vestimenta. "Además, hablaban un alemán muy académico, muy distinto de los modos y dialectos que usaban los alemanes occidentales. Se apreciaba también que era gente muy culta y bien educada".Canals explicaba que "tampoco estaban habituados al bufet y a otros servicios normales que se da en los hoteles". Otros hoteleros comentaban anécdotas curiosas, como que algunos alemanes se mostraron horrorizados al saber que la comida sobrante de los bufets se tiraba, por lo que algunos decidían tomar medidas y cargar con grandes bandejas de comida para llevársela a su habitación. "Si las van a tirar, mejor me las llevo", le decían al sorprendido camarero que les pedía explicaciones.En Berlín era fácil reconocer a los orientales porque pegaban la nariz al cristal de los escaparates, sorprendidos por los productos que veían, y que eran asequibles a cualquier trabajador. Lo propio sucedía en Palma, cuando acudían a visitar la ciudad. Se organizaron excursiones a los hipermercados (en esa época eran Continente y Pryca, hoy Carrefour). Los recorrían hasta la hora de apertura y quedaban extasiados contemplando la enorme cantidad de productos que había. Este periodista recuerda a uno que estaba algo mosqueado: "¿Por qué hay tantas marcas de café, si basta con una sola?", preguntaba.Pasión por las naranjasSin embargo, el producto más apreciado eran las naranjas. Cuando se les autorizó a cruzar el muro de Berlín (sólo de día y debían regresar al anochecer), salían con sus Travants y volvían cargados de naranjas, es decir, no les impresionaban los electrodomésticos, ni los televisores y los aparatos electrónicos. Sólo las naranjas. En Mallorca se les regalaban piezas de esta fruta durante sus excursiones y muchos regresaban a su país con todas las que podían llevar en sus maletas.Aquella euforia se enfrió más tarde, cuando la realidad de la economía de mercado creó una gran desilusión en la Alemania oriental. Estaban acostumbrados a que el Estado les proveía de casa y trabajo. La realidad occidental era muy distinta. El hotelero Pedro Canals confirmaba que "muchos se quejan de lo mal que están". El nivel de desempleo es ahora muy elevado y no han alcanzado el nivel de riqueza de los occidentales, mientras que muchos de éstos reclaman "levantar un muro aún más alto" porque la unión les obliga a soportar, desde hace dos décadas, una gran carga tributaria para pagar el coste de la aventura.

http://www.diariodemallorca.es/mallorca/2009/11/01/mallorca-primer-destino-turistas-alemania-comunista/517691.html

viernes, 27 de noviembre de 2009

LOS ARCHIVOS DE LA STASI SIGUEN OCULTOS TRAS LA CAIDA DEL MURO


Por Sarah Marsh
Durante décadas, Joachim Fritsch luchó por entender por qué le había sido negado el acceso a la educación superior y no era tenido en cuenta en los ascensos laborales una y otra vez.
Después el obtuvo un archivo de 400 páginas que la temida policía secreta de Alemania Oriental había recopilado sobre él. La Stasi le había arrestado a mediados de la década de 1950 cuando sólo tenía 17 años y le marcó como un "agitador", dejando de producir su carnet de identidad.
El arresto le dejó una marca imborrable en el expediente, llevando a la Stasi a vigilarle estrechamente, lo que frustró los repetidos intentos de Fritsch por continuar con su vida.
"Me desbordó leer mis archivos", dijo a Reuters el hombre de 73 años, redactando copias de su expediente personal en su pequeño apartamento de un décimo piso de alto edificio de Berlín oriental. "Incluye tu pasado titubeando, paso a paso".
Fritsch es uno de los cientos de miles que han leído sus expedientes de la Stasi. Dos décadas después de la caída del Muro de Berlín, la agencia gubernamental, creada para supervisarlos, todavía está llena de solicitudes y tiene un retraso de dos años.
Fundada en 1950, la Stasi fue una de las organizaciones policiales más represoras del mundo. Se infiltró en casi todos los aspectos de la vida de Alemania Oriental, usando la tortura, intimidación y una amplia red de informantes para aplastar a los disidentes.
Millones de alemanes trabajaron para la Stasi y proporcionaron informaciones de amigos, familiares, colegas o amantes. Los expedientes, que se extenderían a lo largo de 112 kilómetros si se colocan en fila, fueron abiertos al público en 1992, mostrando una red de traiciones.
El plan era mantener los archivos de la Stasi abiertos durante 10 años -- tiempo suficiente, según pensaban los oficiales, para que todos los que hubiesen sido espiados pudiesen acceder a ellos y cerrar ese capítulo de la historia.
Pero miles de personas, la mayoría de la antigua Alemania Oriental, los reclaman todavía cada mes. En la primera mitad de 2009, las solicitudes crecieron casi un 11 por ciento respecto a 2008.
"Tenemos más solicitudes este año debido a que se cumple el 20º aniversario de la caída del Muro", dijo Martin Boettger, que encabeza una rama regional de los archivos de la Stasi en Chemnitz, antigua Karl-Marx-Stadt.
"Muchas películas y libros están siendo hechos, se están realizando actos, está en la conciencia pública", añadió Boettger, cuyo propio archivo contiene 3.000 páginas, detallando la mayoría de factores triviales de su vida y tachándole de "fanático religioso".
TIEMPO PARA ENFRENTARSE AL PASADO
Muchos alemanes orientales que sufrieron persecuciones por la Stasi prefirieron inicialmente tolerar los fantasmas del régimen totalitario, pero ahora están más cómodos haciendo frente a su pasado.
"La gente tiene miedo de su pasado y de ser traumatizada de nuevo", manifestó Helmut Wippich, que dirige una consultoría para gente que fue perseguida por el régimen como estudiantes escolares.
Wippich comenta que un profesor del colegio le denunció a la Stasi cuando tenía 14 años. Dos años después, fue encarcelado durante nueve meses por hablar con un amigo sobre escapar de Alemania Oriental.
"Al principio no quería mirar mis archivos porque pesaba demasiado sobre mi", manifiesta Wippich.
Otros estuvieron simplemente demasiado ocupados reconstruyendo sus vidas tras la caída del Muro en noviembre de 1989 para ahondar en un pasado doloroso.
Dana Wotschack, de 37 años, dijo que se había concentrado en encontrar trabajo y que era feliz por acabar con un régimen bajo el que fue brutalmente interrogada cuando tenía 17 años por quitar un póster comunista.
Sin embargo, recientes películas sobre la Stasi, como la ganadora del Oscar en 2006, "La vida de los otros", despertaron su curiosidad. Cuando una buena amiga pidió ver sus propios archivos, ella también lo hizo.
Wotschack se disgustó cuando recibió la noticia de que no había ningún archivo con su nombre. La mitad de los que pidieron ver sus expedientes no tenían ninguno, según Boettger, aunque esto no significa necesariamente que no hubieran sido espiados.
La Stasi comenzó a eliminar archivos cuando colapsó el régimen de Alemania Oriental, y aún quedan por reunir unos 15.000 sacos de tiras de papel.
"Pensaba que podría limpiar mi nombre si encontraba estos expedientes", dijo Wotschack sentada en un café de Alexanderplatz, una plaza situada en el este de Berlín todavía dominada por la arquitectura comunista.
"Me hubiera gustado trazar una línea bajo ese periodo de mi vida", concluye.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

UN PROBLEMA DE MENTALIDAD


El primer efecto de la caída del Muro de Berlín fue que todos los buenos jugadores de la liga de Alemania del Este, que se llamaba Oberliga, recalaron en los clubes de la Bundesliga. Hoy, veinte años después, no queda ningún equipo oriental en la primera división alemana. El Hansa Rostock fue el equipo que más tiempo resistió en la Bundesliga y últimamente el Cottbus había peleado, pero la temporada pasada descendió.
No veo fácil que un equipo del Este pueda consolidarse en la Bundesliga. Tienen graves problemas económicos y sin dinero no es fácil fichar a buenos jugadores. El mismo Cottbus tiene una plantilla plagada de extranjeros y muchos de ellos son de los antiguos países del bloque comunista, que resultan más baratos. Así es complicado que puedan llegar a la altura de los grandes equipos del Oeste.
Tampoco salen jóvenes jugadores de la antigua RDA. Es un problema de mentalidad. Pienso que los jóvenes tienen otras opciones, a diferencia de lo que pasaba cuando estaba el muro. Entonces, sólo había una posibilidad de ver otros países y ganar algo de dinero: destacar como futbolista, o deportista en general.
Tras la caída del muro eso cambió. Los alemanes del Este vieron cómo era la otra Alemania y querían alcanzar directamente el nivel que había en el otro lado. Por una parte es normal, porque cuando había muro no tenían nada y cuando cayó quisieron acceder directamente a la vida occidental y les resultó muy complicado el cambio de chip.
En mi opinión, el problema de que no haya ni clubes ni futbolsitas del Este es de mentalidad, porque si siempre habían sacado buenos jugadores, ¿dónde están ahora? El fútbol es reflejo de lo que pasa en general en el país. Sigue habiendo diferencias entre el Este y el Oeste. Los alemanes orientales pensaron que podrían pasar directamente al nivel económico y de bienestar de la parte occidental, sin darse cuenta del enorme trabajo que había costado levantar lo que era la República Federal. Es lógico que ese cambio haya sido difícil.
No han sido muchos los que han conseguido superar esa brecha. El caso más claro es el de Michael Ballack, que es natural del Este. En el momento en que cayó el muro, Matthias Sammer y Ulf Kirsten siguieron destacando en la selección. Pero a partir de entonces no hubo continuidad. Respecto a los jugadores, creo que es posible que vuelvan a salir jóvenes, pero los clubes lo tienen complicado, porque cualquier chaval que destaca es fichado inmediatamente por los grandes de la Bundesliga y se los llevan, no de su país, pero sí a un mundo diferente.

martes, 24 de noviembre de 2009

DEMOCRACIA IMPERFECTA: PARTIDO UNICO O DOS PARTIDOS UNICOS

ÁNGEL CÁRCOBA
La conocida como “ley D’Hont” desvirtúa la proporcionalidad hasta límites insospechados. Gana el que obtenga no más votos, sino más escaños. Primero el PCE y después IU siempre fue la fuerza más castigada por un sistema electoral indigno e injusto. En el período “democrático” una media de 800.000 votos han ido a la basura.
NUEVATRIBUNA.ES - 1.11.2009

Hace unos días algunos medios (muy pocos) se hacían eco de la iniciativa del coordinador federal de Izquierda Unida, Cayo Lara de plantear el debate del sistema electoral, sobre el que sigue existiendo una especie de conspiración del silencio.

Antes de morir, el dictador nos impuso una forma de gobierno, la mornaquía “a título de rey”. Los jerarcas del régimen forzados por la situación internacional, el ruido de sables y la presión de la calle, diseñaron un modelo de transición que les permitiera seguir detentando el poder . Adolfo Suárez, exjefe nacional del Moviento (partido único de la dictadura) fue designado, cual demiurgo, para pilotar la operación.

Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, alto funcionario de (in)justicia durante el franquismo, como ponente constitucional, urdió como parte de la trama diseñando las líneas maestras que desde entonces regulan los distintos procesos electorales. El 11.06.2007 declaró en el programa “La ventana” de la cadena SER: “ahora ya se puede decir; yo redacté el 80% de la ley electoral. Tenía como misión limitar la representación del P.C.E.” Santiago Carrillo que participaba en el debate guardó silencio. El resto de”partidos”, dada su debilidad y trayectoria mansurrona durante la dictadura, eran asimilables por el viejo régimen en transformación.

Para limitar la representación de, por antonomasia, “EL PARTIDO”, al sr. Herrero de Miñón le bastó con rescatar del desván de la historia la regla aritmética establecida por el jurista belga Victor D’Hont, que prima a las mayorías. El inolvidable Haro Tecglen, maestro de periodistas, opinaba sobre dicha regla: “…es contraria al pluralismo y se adoptó para continuar el franquismo a base de dos partidos únicos”.

Para restringir aún más la proporcionalidad se estableció la provincia como circunscripción electoral, asignándole, independientemente de su población, un mínimo de dos diputados. La medida tenía por objeto multiplicar por diez o doce su representación, primando el voto rural.

El real decreto destinado a perpetrar el atraco electoral lleva fecha de 18.03.1977. La mencionada ley obró el milagro que en las primeras elecciones “democráticas”, los epígonos del franquismo (UCD) con tan solo un tercio de los votos se alzaran con casi la mitad de los diputados. La representación política salida de aquella farsa elaboró la constitución para su aprobación en referéndum. En el paquete iba incluida “de matute” la forma de Estado; o era monarquía o no había constitución.

“Atado y bien atado” los dos partidos mayoritarios pronto se percataron que el fraude encubierto les perpetuaba en el poder y procedieron en 1981 a ratificarla mediante ley orgánica.

Aunque en la constitución se habla de “representación proporcional” los beneficiarios guardan silencio y miran para otra parte.

La conocida como “ley D’Hont” desvirtúa la proporcionalidad hasta límites insospechados. Gana el que obtenga no más votos, sino más escaños. Primero el PCE y después IU siempre fue la fuerza más castigada por un sistema electoral indigno e injusto. En el período “democrático” una media de 800.000 votos han ido a la basura. 800.000 ciudadanos que se han quedado sin representación parlamentaria. Hubo legislaturas en que IU sumaba 50.000 votos más que CiU y PNV juntos; sin embargo los nacionalistas obtenían 12 y 8 escaños respectivamente, mientras IU pasaba de 20-21 a 5 escaños ¿Para cuando una persona un voto?. Todo ello dió lugar a la izquierda volátil y a que la mayoría de los líderes comunistas y de IU (salvo honrosas excepciones) buscaran acomodo en los dos partidos únicos que les proporcionaban un escaño o una dirección general o un cargo en Fundaciones y Observatorios ad hoc. Las ambiciones, el amiguismo y el clientelismo no tienen límite. Los votantes de estos partidos indirectamente siempre han estado votando al PSOE. ¿dónde están hoy situados la mayoría de dichos líderes? Aconsejo hacer una lista de quienes se presentaron en las listas del PCE-IU en el período 1977-2008 y ver dónde se encuentran hoy, tanto a nivel estatal, autonómico o local.

El atraso democrático es un sello identitario de España. No es de ahora. Se heredó del corrupto bipartidismo de la restauración, de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas.

La ley electoral determina el sistema de partidos, su naturaleza y funcionamiento interno al mismo tiempo que los aleja de los ciudadanos. ¿Tendrá algo que ver con los casos generalizados de corrupción que vivimos desde Felipe González hasta el día de hoy?

Es tal la igualdad que existe entre los dos partidos prediseñados para gobernarnos que los líderes del bipartidismo se han comprometido a no gobernar si no ganan. Pero en qué? ¿en escaños o en votos?.

¿Qué hacemos con los 500.000 a un millón de votos que “sobran” en cada contienda electoral?. Estamos hablando de personas que van a votar y por la noche se enteran que su esfuerzo no ha valido gran cosa.

Destruido y desarmado el ejército rojo, destruido el muro de Berlín, desaparecidas las ideologías, con los militares en los cuarteles o en “misiones de paz” por el mundo, sin ruidos de sables en los cuarteles, con los comunistas muertos, desaparecidos o desengañados, ¿a qué tienen miedo los dos partidos mayoritarios para permitir esta farsa? ¿Cuáles son las razones para negarse a hacer efectivo una persona un voto?

Para no perpetuar tamaña injusticia es necesario situar el “drama” del sistema electoral a nivel no sólo político (reuniones entre partidos), sino a nivel mediático, social y sobre todo de la ciudadanía.

En hora buena a Cayo Lara por la iniciativa. Que no decaiga el debate.

Ángel Cárcoba es activista sindical de CC.OO. y experto en salud laboral.



http://www.nuevatribuna.es/noticia.asp?ref=19930

lunes, 23 de noviembre de 2009

EN EL OESTE, DE ESPALDAS AL MURO



En Berlín Oeste la fuerzas vivas vivían más pendientes de Centroamérica que de lo que pasaba al otro lado de aquel brutal límite que partía la ciudad en dos En las calles de Waldemar y Sebastian, el Muro seguía un recorrido particularmente anguloso y caprichoso "Cuando levantaron el Muro nos quedamos sin nuestra parroquia", cuenta una vecina de la Waldemarstrasse.


RAFAEL POCH
En el frío invierno de 1981, ocho antes de su caída en el basurero de la historia, el Muro de Berlín no existía. Había existido en los años sesenta, cuando la propaganda occidental nos martilleaba con sus imágenes, las dramáticas historias reales y las embellecidas leyendas de los tránsfugas del "telón de acero", pero en los setenta había desaparecido.

De Berlín nadie se acordaba. Se sabía que existía una ciudad de tal nombre, antigua capital de Alemania, pero se había olvidado que para llegar a ella había que atravesar la RDA por una autopista especial, pasar unos controles rutinarios pero estrictos, y que la misma ciudad estaba dividida por un muro absolutamente extraordinario. "¿Un muro?, ah si, el Muro de Berlín...". Había que hacer memoria para acordarse de aquel concepto, oxidado en el recuerdo. Una realidad congelada Eso ocurría en parte porque el comercio Este/Oeste, dinámico y creciente pese a la segunda guerra fría, había convertido el muro en un arcaísmo, pero en parte también por una especie de amnesia. Las realidades de la guerra fría se habían congelado en un sueño eterno. Todo eso hacia que al llegar a Berlín Oeste y el muro te sorprendiera con su mineral y brutal presencia, dividiendo barrios y parentescos, cortando calles y separando familias. Nadie te había avisado de que aquello era tan bestia. La propaganda de los sesenta se había borrado, y, de todas formas, en España, la dictadura se había encargado de hacernos completamente inmunes a ella: todo lo que se decía del "comunismo", era falso, por definición. En Alemania la situación era diferente, y aun más extraña: la nación vivía totalmente de espaldas al hecho de su división. La "Ostpolitik" inaugurada años atrás por los socialdemócratas de Willy Brandt, era asunto de los políticos. Imbuida en el consumismo, la rechoncha sociedad germano-occidental fundamentalmente la ignoraba. En enero de 1981, en Berlín Oeste, entonces una ciudad vibrante e inquieta que vivía del subsidio, la gente política y socialmente más activa ignoraba por completo al Este. La progresía berlinesa estaba mucho más pendiente de la enésima "ofensiva final" de la guerrilla en El Salvador, o de la situación en Nicaragua, que de lo que ocurría en el Este de Europa. "Nikaraguistik" En la redacción de "Die Tageszeitung", el diario "alternativo" de Berlín, Centroamérica era la estrella. Había en marcha una campaña, "Armas para El Salvador", que recaudaba dinero para la guerrilla, y el diario informaba de todo aquello con gran lujo de detalles. Legiones de jóvenes alemanes estudiaban lo que los latinos denominábamos con sorna "Nikaraguistik", y se iban a la exótica América Central con el dinero de sus becas estudiantiles y sus mochilas, en las que se llevaban hasta el papel higiénico. Muchos de aquellos personajes vivían en Kreuzberg, el barrio de la "escena del cuero", unos tipos de aspecto y actitud hostil que resultaban ser de izquierdas, eran mantenidos por las subvenciones sociales de la república burguesa de Bonn, y vivían sin mezclarse en guetos con sus bares, sus comercios, sus agencias de viajes y su mundillo estrictamente separado de los otros mundos, el del emigrante turco o el de la clase media alemana local. Era la época en la que los gobierno carniceros de Centroamérica apoyados por la administración Reagan, alimentaban la matanza de 200.000 personas en América Central, el 1% de la población de los siete países. Aquel interés y compromiso estaba más que justificado, pero chocaba con la ignorancia hacia aquel otro mundo del Este. Y en una ciudad que era una isla occidental inserta en el Este, aquel mundo comenzaba, literalmente, al otro lado de la calle. Al salir de su casa en Kreuzberg, aquel sujeto de la chaqueta de cuero se topaba de narices con el muro, pero lo ignoraba, porque no existía. Del Este, de Berlín Este se desconocía todo en Berlín Oeste. Había un "Sozialistisches Osteuropakomitee", pero estaba formado, por ex ciudadanos del Este, checos, rumanos, húngaros, ex ciudadanos de la RDA... nunca por alemanes del Oeste. La general ignorancia del Este, naturalmente con algunas excepciones como la de políticos como la luego diputada verde Petra Kelly, que venía de Estados Unidos, retrataba a aquella "escena alternativa" tan teutona como los comunistas del KPD que Arthur Koestler había retratado en sus memorias medio siglo antes; dogmática hasta en su presunto antidogmatismo, capaz de discutir durante horas si en una WG, un piso comunal, los usuarios masculinos del retrete debían sentarse para hacer pipí, o dejar siempre bajada la taza del retrete. Aquella gente a veces tan dura y bruta como la clase media alemana que despreciaba, era la misma que ignoraba las realidades sociales y políticas de su entorno más inmediato, en beneficio de la exótica "Nikaraguistik". Su participación en la caída del muro, ocho años después, fue nula. Y lo mismo puede decirse del resto de la sociedad alemana occidental. Waldemarstrasse En pocos lugares el muro de Berlín era más apabullante que en los alrededores de la Moritzplatz de Kreuzberg. Aquello era el "finis Africae" de Berlín Occidental, un límite urbano marginal en el que los cacos abandonaban los coches desvalijados. En las calles Waldemar y Sebastian, el muro tenía un recorrido particularmente anguloso y caprichoso, sin parangón en el resto de la ciudad. En algunos lugares, durante varios centenares de metros, el muro apenas dejaba tres o cuatro metros entre los portales de las casas habitadas y su gris y teutona presencia. Aquel frío enero de 1981, ese fue uno de los primeros escenarios que fotografié. Veintiocho años después he regresado al lugar. No fue fácil reconocer los escenarios exactos. El cauce seco de un canal que después de la guerra fue rellenado con escombros y en los noventa fue recuperado y ajardinado, atraviesa la Waldemarstrasse, el límite del muro, y toda la zona de seguridad, desembocando en un gran estanque. Se han trazado nuevas calles y levantado edificios. Busco testimonios. En la Sebastianstrasse, en el mismo lugar en el que te topabas con el muro al salir de casa, encuentro a una pareja tomando el sol. Son nuevos vecinos. No saben. Otros son demasiado jóvenes para acordarse de nada. Finalmente encuentro a la Señora María Schingen, jubilada de setenta años de edad y vecina "desde siempre" de la Waldemarstrasse. Su lengua se desata a la vista de las fotos de su calle hace 28 años. "Esta es la Iglesia de San Miguel", dice mostrando la cúpula que aparece en el ángulo superior izquierdo de la foto. Fue levantada en 1861 para los 20.000 católicos del barrio. Por deseo del Kaiser Federico Guillermo IV, el templo debía parecerse a la Iglesia de San Salvador de Venecia, pero el resultado, del habitual ladrillo rojo, fue modesto. En abril de 1945 la iglesia fue destruida por las bombas, y aun lo está, pero un trozo se rehabilitó y se abrió ya en los cincuenta. "Era nuestra parroquia, la de los católicos del barrio". "Cuando levantaron el muro en 1961 nos quedamos sin ella. Pensamos que sería provisional, pero pasaban los años, el muro seguía ahí, así que en 1965 convertimos un local que había quedado de este lado en segunda parroquia de San Miguel", explica la Señora. "Han pasado veinte años desde la caída del muro, pero las dos comunidades católicas de lo que antes era un mismo barrio se han mantenido divididas", dice. "Los del antiguo Este siguen yendo a la parroquia original y nosotros a la nueva". "Tenemos más relación con los protestantes del Oeste que con los católicos del Este", explica. Veinte años después, la parroquia es como una metáfora de esta ciudad, aun hoy profundamente dividida en dos sectores.

viernes, 20 de noviembre de 2009

¿DONDE ESTAN LOS RESTOS DEL MURO DE BERLIN?




Por Jon Henley
Hace 20 años que cayó el muro y por entonces pocas personas pensaron en salvar algo de él para la posteridad. Los periodistas van ahora en búsqueda de sus últimos remanentes.


Durante los años en que el muro fue desmantelado, los mauerspechte -o picadores de muros- se aseguraron de llegar antes que los soldados, ya sea por convicciones históricas, ideológicas o sólo comerciales.


Para ser algo que se cernió tan imponente, físicamente y en las mentes de una generación, queda asombrosamente poco del muro de Berlín. Junto a la “franja de la muerte” fronteriza, y a las patrullas, torres de vigilancia, puestos de guardia, vallas de señalización, líneas telefónicas, reflectores, bloqueos camineros y a todo el resto de la parafernalia siniestra que le acompañaba, los 164 kilómetros de muros de concreto de 3,6 metros de altura y 1,2 metros de espesor y los 154 kilómetros de frontera con rejas se han básicamente desvanecido.
A los 12 meses de esa loca noche del 9 de noviembre de 1989, el Ejército Nacional Popular había desmantelado una buena parte del total del muro, con la misma eficiencia con que lo habían erigido, mantenido, mejorado y defendido durante los 28 años previos.
La mayor parte fue a repavimentar los caminos alemanes orientales, aunque 360 segmentos particularmente coloridos se vendieron en remates en Berlín, París y Montecarlo. En muchas partes, también, los mauerspechte -o picadores de muros- llegaron antes de los soldados ya sea por convicciones históricas, ideológicas o sólo comerciales.
Un previsor emprendedor de Alemania occidental, Volver Pawlowski, se hizo de 300 metros y ahora abastece a más del 90% del floreciente mercado conmemorativo del muro.
El Pastor Fischer, de la Iglesia de la Reconciliación, fue de los primeros en luchar, ya en 1990, para que por lo menos se preservara una pequeña parte del muro. “El muro fue un crimen y teníamos que tener las evidencias. Tenía que haber algo que nos dijera de dónde veíamos y que no dejara lugar a discusiones”.
Frente a la oficina parroquial de Fischer, junto al Centro de Documentación del Muro de Berlín, se yergue una sección reconstruida de 70 metros del muro, la única que queda en la ciudad para dar por lo menos alguna idea de la escala de las ex fortificaciones.
CABARET DE LA GUERRA FRÍA
Parte del problema es que hay tanta historia en Berlín. En Niederkirchnerstrasse, cerca del Parlamento prusiano y del Ministerio de Aviación nazi, está el mayor pedazo de muro que queda en el centro de la ciudad: 160 metros de carcomido concreto gris lleno de grafitis, con sus refuerzos de acero asomándose como huesos donde se aplicaron los picadores de muros. Al otro lado de la calle, se publicita safaris Trabi de 20 minutos, en el auténtico automóvil alemán oriental de motor a dos tiempos. A la vuelta de la esquina está el Checkpoint Charlie, hace apenas dos décadas un cruce fronterizo fuertemente fortificado y enteramente aterrador de 10 pistas, que ofrece ahora una especie de cabaret de la guerra fría.
Los puestos de comida rápida compiten por la clientela con quioscos llenos de gorros de piel del Ejército Rojo ruso (hechos en China) y hay un escritorio donde se puede sellar el pasaporte con una visa de la ex Alemania oriental. Por 1 euro, usted puede fotografiarse con un actor en el uniforme de un guardia fronterizo aliado.
PEQUEÑOS VESTIGIOS
Pero ocurre una cosa extraña cuando se busca el muro de Berlín. Uno comienza eventualmente a darse cuenta de que, debido a que queda tan poco de él y debido a que esos pocos fragmentos restantes pueden ser invariablemente localizados por la presencia frente a ellos de un grupo guiado de turistas, es cuando uno se tropieza con un vestigio pequeño, no anunciado y no recordado de su antigua existencia.
En la calle Bernauer, por ejemplo, un puñado de monolitos esparcidos recuerda la suerte de media docena de hombres y mujeres que murieron por disparos o al saltar desde las ventanas de edificios ya hace tiempo demolidos. Es difícil, si no imposible, hallar mucho más sin un guía especializado.
Eventualmente hallamos la ruta del muro cuando cruza la Blankenfelderchaussee, en el lugar de un curioso y pequeño memorial a los “valientes” bomberos de Lübars que, en junio de 1990, se congregaron a derribar el muro y abrir la ruta.
De regreso en la ciudad, camino por las calles Norwger y Schwedter, encajonadas entre líneas ferroviarias y edificios que todavía deben ser renovados. Aquí también estuvo una vez el muro. Esta zona completa (28 grandes bloques de departamentos) era considerada especialmente sensible y objeto de medidas especiales de seguridad. Una cuarta parte de los departamentos era ocupada por oficiales confiables de la Stassi o del ejército y sus familias. Ahora los grafitis dicen: “Jódanse los yuppies” y “A abolir la realidad”. Y eso es todo.
Excepto por esas reliquias punzantes pero no reconocibles para el ojo no experto, el muro de Berlín es, verdaderamente, historia.
The Guardian, derechos exclusivos para La Nación

jueves, 19 de noviembre de 2009

REGRESAN A LA MODA LOS PRODUCTOS DE LA RDA




Por Olga Borobio. Corresponsal
Berlín
Casi 20 años después de la caída del Muro de Berlín, los productos típicos de la extinta República Democrática Alemana (RDA) vuelven a estar de moda: las salchichitas de Halberstadt, el famoso refresco Vita Cola o los pepinillos agrios Spreewald.
Las pastas de Riesa, las bolitas dulces de Halle o el pan crujiente de Burg son también productos con marcas de la ex RDA que si durante mucho tiempo apenas podían encontrarse en los supermercados, ahora están experimentando un renacimiento, afirman expertos en mercado.
Se acabó el cliché de que quien consume esos productos del Este está anclado en el pasado y cada vez hay menos diferencias con los productos del oeste, indicó a medios alemanes Hubertus Pellengahr, de la Asociación de Pequeños Comerciantes HDE.
Además, hay algunos productos que están perdiendo la imagen de pertenecer a la antigua RDA: es el caso de los pepinillos Spreewald, la ceveza Wernesgruner o la famosa harina Kathis, que según el experto "abandonaron la esquina ideológica".
En general, lo que se está haciendo con estos productos es dejar su nombre antiguo en el envase, pero renovando el contenido y el mismo envase.
A principios de la década de 1990, los productores orientales luchaban por estar en las grandes listas de los consorcios comerciales y los pocos productos que lograban introducir en los supermercados occidentales ocupaban lugares poco atractivos para la compra.
Sin embargo, las cosas han cambiado mucho y la oferta de productos orientales se valora cada vez más.
"En un mundo globalizado, los empresarios apuestan por la regionalidad, beneficiando a productos como de Sajonia o Mercklemburgo", afirmó el experto en consumo Wolfgang Twardawa, del Instituto de Investigación del Consumo, con sede en Nurenberg (GfK).
Uno de los precursores de la idea fue la cadena de supermercados de bajo costo "Penny", que vende una gran variedad de productos de diversas regiones de Alemania.
El verano pasado comenzó a ampliar su oferta del Este, bajo el lema: "Östlich gleich köstlich", un juego de palabras que en español significa algo así como "lo germanoriental es sinónimo de sabroso".
Pero, ¿qué fue de los productores? Tras la unificación alemana, algunas viejas marcas orientales cayeron en manos occidentales después de la caída del Muro: Henkel compró Spee y la Binding-Brauerei de Frankfurt absorbió la cervecera Radeberger Pils.
Pero algunas marcas consiguieron sobrevivir a la tendencia como la famosa crema de manos Florena, también llamada "la Nivea del este": se vende muy bien en el este y el oeste de país.
Vita Cola pertenece desde 2005 al grupo Hassia, de Hessen. Y con su desacostumbrado sabor a limón, la bebida del este pudo sobrevivir a la competencia de su competidora estadounidense de Atlanta y sigue bebiéndose en el este del país.
Una historia de éxito, la del Sekt del este (la versión alemana de la champaña), que es reconocible por su tapa roja, fue considerado por los alemanes occidentales demasiado dulce.
En 1993, el productor de bebidas espirituosas Harald Ecke entró en la empresa de Freiburgo, en el estado oriental de Sajonia-Anhalt, y en 2001, el consorcio oriental compró marcas de tradición occidental como Mumm o MM y se convirtió en el productor número uno del país.
Y mientras, en Internet, los vendedores juegan por la nostalgia por la RDA, vendiendo en paquetes típicos de la RDA pan ruso o dulces.
En total: mil 200 productos de la antigua RDA pueden conseguirse por la red. Y el auge de la demanda es imparable, según los expertos.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

ANARQUIA EN LA ALEMANIA ORIENTAL


Al hilo del 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín
Hace 20 años se produjo en la República Democrática Alemana (RDA) un giro social impensable hasta entonces.
Bernd Drücke

Las manifestaciones masivas y la caída del Muro de 1989 llevaron al fin del régimen del SED (Partido Socialista Unificado), sellado definitivamente con la anexión del país a la República Federal Alemana (RFA).
Las elites alemanas celebran hoy los “20 años de revolución pacífica de 1989”, mientras la historia de la resistencia pacífica contra la dictadura de la Alemania oriental se muestra a menudo falseada en los medios.
Así, l@s autor@s de un documental emitido en abril del 2009 en la ARD (primer canal de televisión estatal) sobre el papel de la Iglesia en la RDA no se cortaron un pelo en presentar la biblioteca “Umwelt” (medio ambiente) de Berlín Este y su boletín llamado Umweltblätter como parte de la “resistencia eclesial”, sin mencionar que ambos proyectos horizontales se definían como “proyectos anarquistas”.
Quisiera confrontar la tergiversación de la historia en favor de l@s poderos@s con un poco de historia desde abajo.
Ciertamente, en la RDA no había un gran movimiento anarquista. Sin embargo, los medios por la democracia de base y libertarios jugaron un importante papel en la formación del movimiento pacífico de masas que acabó mandando el régimen autoritario y militarista del SED al estercolero de la historia.

Anarquismo y prensa libertaria en la ZOS y la RDA
Tras la Segunda Guerra Mundial, l@s poc@s anarquistas que habían sobrevivido a doce años de dictadura nazi trataron de reorganizar el movimiento anarquista, que en los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial llegó a contar con más de 150.000 activistas.
En la Zona de Ocupación Soviética (ZOS, 1945-1949) lo tuvieron especialmente difícil, dadas sus posturas antiautoritarias y antiestalinistas. Tanto los dirigentes de la ZOS como los de la poterior RDA (1949-1990) se mostraron hostiles a l@s socialistas libertari@s.
Siguiendo a pies juntillas los postulados de Lenin, consideraban el anarquismo como una “corriente política e ideológica pseudorrevolucionaria pequeñoburguesa que rechaza por principio cualquier forma de organización política y estatal y que sirve objetivamente a los intereses del Capital monopolista” (Pequeño Diccionario Político, Berlín Este 1988).
Debido a la escasez de papel y la represión por parte de la administración militar soviética y el SED, tanto en la ZOS como luego en la RDA sólo era posible realizar y poner en circulación una cantidad muy limitada de octavillas y circulares. El agitador Willi Jelinek, de Zwickau (Sajonia), organizó en 1945 con sus amistades una “oficina de información” para socialistas libertari@s en la ZOS, además de poner en marcha algunas circulares. Con el fin de llevar adelante la reorganización del movimiento libertario, l@s anarquistas organizaron en noviembre de 1948 un congreso en Leipzig para todos los grupos libertarios de la ZOS. Tod@s l@s participantes fueron detenid@s, incluidos Jelinek y un secreta infiltrado que había participado en la planificación del congreso.
Jelinek murió en marzo de 1952 en la prisión de Bautzen, en circunstancias todavía sin aclarar. Se supone que de extenuación, como la mayoría de muertos en las penitenciarías de la ZOS/RDA, según le contó por carta Hermann Furnes, antiguo preso de Bautzen, a Hans Jürgen Degen, estudioso del anarquismo.
L@s marxistas estatistas lograron contrarrestar en gran medida las tendencias libertarias en la RDA. La influencia de la propaganda de los grupos anarquistas apenas fue perceptible hasta mediados de la década de 1980. No obstante, ya en las décadas de 1950 y 1960 habían circulado octavillas ilegales. Hubo indicios de una subcultura germanooriental especialmente allí donde la clase media con estudios logró abrirse algún hueco. El movimiento de oposición extraparlamentaria que surgió en Alemania Federal a mediados de la década de 1960 y los grupos neoanarquistas que de él surgieron también influyeron en el movimiento de oposición de la RDA.
A partir de la década de 1970, amplios sectores de la oposición en la RDA se declaraban socialistas, “evidentemente, a diferencia del régimen, socialistas en un sentido democrático, de democracia de consejos o anarquista”, según el redactor de Umweltblätter Wolfgang Rüddenklau.
Como pequeña parte de una oposición poco estructurada, l@s anarquistas que se mostraban abiertamente más radicales no tuvieron prácticamente ninguna oportunidad de actuar fuera de la clandestinidad durante la década de 1970.
Los medios del “socialismo real” reflejaban exclusivamente los puntos de vista y las declaraciones oficiales del gobierno. La ley apenas permitía otras fuentes de información. Las fotocopiadoras de instituciones y empresas estaban estrechamente vigiladas y sólo eran accesibles a una elite leal al partido.
Las condiciones previas para la creación de medios anarquistas y por una democracia de base sólo mejoraron a finales de la década.
En 1978, tras unas negociaciones con el obispo de las iglesias evangélicas de Berlín Este, Albrecht Schönherr y en medio de una creciente crisis de la política económica y social, el presidente Erich Honecker concedió permiso de impresión a la Iglesia, aunque limitado a las necesidades organizativas de la misma. Con los años, los grupos de oposición fueron ampliando esta fisura en la praxis represiva que afectaba a cualquier tipo de texto impreso. En la primera mitad de la década de 1980, creció a la sombra de la Iglesia evangélica “un serio movimiento por los derechos civiles completamente desligado del SED”. Parte de dicho movimiento se radicalizó y fue adoptando cada vez más abiertamente posturas anarquistas. De este modo, en 1982 surgió dentro de la Iglesia de Dresde un grupo que pronto fue conocido en toda la RDA como Anarchistischer Arbeitskreis Wolfspelz (grupo de trabajo anarquista Piel de Lobo) y que, gracias a la implicación de un impresor del periódico Sächsische Zeitung, puso clandestinamente en circulación octavillas con tiradas de hasta 20.000 ejemplares, logrando movilizar para diversas acciones. Su actividad política duró más de diez años.
Otr@s anarquistas difundieron durante la década de 1980 textos de Mijaíl Bakunin, Emma Goldman, Piotr Kropotkin, Gustav Landauer y otros clásicos anarquistas escritos a máquina y después reproducidos en matrices hasta la ilegibilidad.
En 1986 se crearon las primeras publicaciones de orientación libertaria del movimiento clandestino de la RDA. Como casi todas las publicaciones de la oposición, fueron impresas y distribuidas bajo el relativo amparo de la Iglesia evangélica.‘Kopfsprung’
Una publicación marcadamente anarquista de la clandestinidad en la RDA fue Kopfsprung, que siguió apareciendo hasta 1991. La historia de su creación comenzó en el Congreso regional de la Iglesia de 1986.
Allí se formó, como “oposición a la burocracia eclesiástica (dominante)”, la llamada Kirche von Unten (KVU, Iglesia de abajo), que no se definía ni como organización cristiana de base contra los “líderes espirituales cargados de prebendas” ni como “grupo de reforma religiosa”. El grupo, de orientación más bien atea y formado en su mayoría por anarquistas y punks, se involucró en la lucha contra el estado reinante de las cosas.
Con el tiempo, la KVU se convirtió en un grupo con contenidos propios que ya no se definía únicamente como mero movimiento contestatario. Se dividieron en diversos grupos que se ocuparon de cuestiones diversas. La KVU publicó en 1986 al menos tres números de mOAning-STAR, de orientación libertaria.
El primer número de Kopfsprung (salto de cabeza), publicado por redactor@s anónim@s, apareció en primavera de 1987 en Berlín Este, sin indicación alguna de fecha ni lugar de publicación. Consistía en una serie de textos políticos escritos a máquina a una columna y pobremente maquetados, acompañados de dibujos propios y textos líricos.
En 1986, Initiative Frieden und Menschenrechte (Iniciativa por la Paz y los Derechos Humanos, de tendencia izquierdista liberal) de Belín Este fundó Grenzfall (caso límite), que sirvió como boletín no censurado de la oposición a nivel de toda la RDA. Al contrario que l@s de Umweltblättern, fundado poco después, l@s redactor@s de Grenzfall no consideraban su proyecto como anarquista. Los grupos de corte anarquista como KVU, Anarchistischer Arbeitskreis Wolfspelz y la Biblioteca Umwelt Berlín Este perseguían otras metas y creían poder poner en marcha el proceso deseado de desarrollo de “una nueva sociedad desde abajo” a base de ampliar los espacios liberados, fuese mediante la reforma de la RDA o a través de la destrucción del aparato del Estado.‘Umweltblätter/telegraph’
En otoño de 1986 apareció en Berlín Este el primer número de Umweltblätter. En un principio lo publicó mensualmente la Biblioteca Umwelt (BU), fundada ese mismo año en los locales de la parroquia de Sión y, según el redactor Wolfgang Rüddenklau, “de orientación anarquista”.
Al igual que la mayoría de publicaciones de oposición en la RDA, el “Boletín informativo del Círculo por la Paz y el Medio Ambiente” (título secundario) se reproducía mediante ciclostilado y hectografía. Aparecía en formato DIN A4 con el sello añadido de “Sólo para información interna de los miembros de la Iglesia”. Dada la mala calidad de impresión de los textos, escritos a máquina a una columna y con poca o ninguna maquetación, la publicación resultaba a menudo bastante ilegible.
Umweltblätter sirvió también como portavoz del reducido movimiento libertario en la RDA. Según Rüddenklau, trataba de “transmitir una discreta postura anarquista”.
Ante todo se publicaban artículos referentes a informaciones ocultadas por las autoridades sobre la vida cotidiana en la RDA. En invierno de 1986/87, Umweltblätter reveló que los niveles de smog en la capital multiplicaban por nueve el límite admisible. Todo ello contrariaba a las autoridades tanto como el propio hecho de que la publicación se estuviera convirtiendo en un órgano de discusión de diversas agrupaciones independientes ecologistas, pacifistas y de defensa de los derechos humanos y ciudadanos. A pesar de su escasa tirada de 600 ejemplares, constituía un auténtico espacio abierto de comunicación disidente.
En noviembre de 1987, el conflicto entre el aparato del Estado y los grupos disidentes dio un salto cualitativo: en la noche del 24 al 25 de noviembre, la policía secreta (Stasi) registró por primera vez los locales de la Iglesia evangélica y detuvo a cinco personas. La acción estaba dirigida contra Umweltblätter, que ya iba por el duodécimo número, y Grenzfall, que se imprimía en la BU. Alrededor de 20 miembros de la Stasi y la fiscalía del Estado confiscaron, entre otras cosas, aparatos de reproducción, manuscritos y libros publicados en el Oeste.
En muchas ciudades de la RDA se produjeron concentraciones y actos de protesta. L@s opositor@s deportad@s a la República Federal en los años anteriores organizaron la llegada regular de información desde la RDA y su posterior difusión internacional. Finalmente, tod@s los detenid@s fueron liberad@s y se suspendió el procedimiento judicial.
Umweltblätter siguió publicándose.
También recibieron el apoyo de libertari@s de la República Federal. La publicación anarcopacifista Graswurzelrevolution, la publicación anarcosindicalista direkte aktion, la publicación autónoma de Berlín occidental Interim, así como el diario berlinés de izquierdas taz reprodujeron artículos de Umweltblätter. De este modo, los contenidos del boletín se difundieron también fuera de la RDA y además se reforzó la relación y el intercambio de información entre libertrari@s de ambos lados de la frontera. El “Círculo de amigos de la Biblioteca Umwelt“ (Freundeskreis Umwelt-Bibliothek), formado en 1986, el taller horizontal Graswurzelwerkstatt de Colonia y el Umweltzentrum de Münster se encargaron, con moderado éxito, de la construcción de una red de distribución de Umweltblätter en la República Federal. En en número 138 de Graswurzelrevolution (noviembre de 1989) se llamaba a la solidaridad de l@s lector@s: “¡Encargad Umweltblätter!”
Dado que las informaciones aparecidas en Umweltblätter cada vez salían más a relucir en las discusiones cotidianas, las autoridades se vieron forzadas a hacer llegar fotocopias de artículos destacados del “panfleto negativo y hostil” a “determinados organismos”.
“Y hubo más: por todas las ciudades de la RDA, incluso a veces en pueblos, surgieron como setas publicaciones de diversas tendencias de oposición. No es que el monopolio estatal de la verdad hubiese sido quebrado de una forma ejemplar, es que se vino abajo. El régimen perdió la cara y no podía hacer gran cosa para remediarlo”, reflexionaba en colectivo de la Biblioteca Umwelt de Berlín en el telegraph nº 10/95.
Entretanto, Umweltblätter comenzó a aparecer bimensualmente con una tirada de hasta 3.000 ejemplares. Como órgano ampliamente leído de la oposición convertida en movimiento de masas, cumplía una función muy destacada.
En 1994, Rüddenklau analizó los acontecimientos en torno a la redada de otoño de 1987: “Fue el principio del fin de la RDA. A partir de ese momento se vino a demostrar en una serie de crisis internas consecutivas que el régimen ya no podía recurrir al terror que había mantenido a la población a raya y asegurado la existencia de la RDA. La gente comprendió que el emperador estaba desnudo, por así decirlo, y comenzó a salir a la calle en cada vez mayor número, hasta que a finales de 1989 se hundió el régimen.”
Para las publicaciones opositoras, el desenlace favorable de los acontecimientos supuso un enorme impulso, a pesar de que la Stasi logró, mediante numerosas acciones de sabotaje a cargo de un colaborador extraoficial, la aparición de nuevos números de Grenzfall. Sin embargo, Umweltblätter asumió el papel de Grenzfall como boletín de noticias de la oposición en toda la RDA. En el conjunto de la república se hallaron corresponsales que enviaban noticias, comentarios, descripciones generales de la situación y análisis de muchas ciudades y pueblos de la RDA a Berlín oriental y que aparecían en Umweltblätter.
A comienzos de octubre de 1989, la redacción de Umweltblätter decidió ponerse a la altura de los cada vez más vertiginosos acontecimientos y publicar un boletín de siete a diez páginas “según se vea necesario”. El 9 de octubre, “el primer momento de ralentización de la crisis de política interior” (Rüddenklau), la publicación apareció por primera vez bajo el título que conserva en la actualidad, telegraph.
Se habían desplegado tropas contra la manifestación de los lunes en Leipzig.
Vehículos militares patrullaban por el centro de la ciudad.
“Con mucho esfuerzo, imprimimos en nuestras achacosas y agotadas multicopistas los 4.000 ejemplares del primer número. Al cabo de 20 minutos fueron vendidos en la iglesia de Getsemaní (Gethsemanekirche) a los manifestantes. Se volvieron a imprimir 2.000 ejemplares mientras se preparaba la siguiente edición”, recuerda Rüddenklau. De ahí en adelante, la Biblioteca Umwelt de Berlín oriental sacó el telegraph cada siete-diez días. A través de investigaciones, en parte exclusivas, impregnadas de enfoques tanto antiestalinistas como anticapitalistas, la redacción logró hacer un seguimiento crítico del paso de uno a otro sistema. Dedicaron numerosos artículos a la superación del pasado, la Stasi y el movimiento de oposición (en parte también anarquistas).
En mayo de 1990 se fundó sag nein! (¡di que no!), “publicación por la insumisión total en la RDA”, como miembro asociado de la Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG) [http://wri-irg.org/es/].
El mismo mes surgieron otras publicaciones, como BesetzerInnenzeitung, que funcionó como portavoz de las hasta 130 casas ocupadas que había en 1990 en Berlín oriental.
Al igual que muchas otras publicaciones libertarias que aparecieron en la RDA antes de la “Reunificación”, sag nein! y BesetzerInnenzeitung desaparecieron al cabo de pocos años.
El telegraph es una excepción, pues sigue publicándose, aunque con menos tirada y de forma irregular.‘El Cambio’
En 1989 se consumó un cambio en la RDA. A finales de verano y otoño, miles y miles de personas abandonaron el país cuando la embajada de la RFA en Praga permitió la entrada libre a la República Federal. La pequeña movida opositora se convirtió en movimiento de masas, cientos de miles se manifestaban todos los lunes contra los gobernantes en Berlín oriental bajo el lema “¡Somos el pueblo!”. El 2 de octubre de 1989 se manifestaron en Leipzig alrededor de 20.000 personas, el 9 de octubre fueron 70.000, el 16 de octubre, 150.000 y el 23 de octubre, la víspera de la planeada elección de Egon Krenz como nuevo presidente del Consejo de Estado, se manifestaron alrededor de 250.000 personas. El 4 de noviembre de 1989 se celebró en la Alexanderplatz de Berlín oriental una manifestación en la que participó alrededor de meido millón de personas de diversas tendencias políticas. El discurso del antiguo general de la Stasi, Markus Wolf, fue interrumpido con silbidos cuando intentó defender el trabajo de la Stasi. El 8 de noviembre dimitió el Politburó en pleno. El mismo día se reconstituyó bajo el mando de Krenz.
Tras la apertura del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, los grupos libertarios de la RDA comenzaron a conseguir papel y medios de impresión más allá de las estructuras eclesiales. Se reforzaron los contactos con grupos y colectivos editores del oeste. Mientras que comunistas y “antiimperialistas” tachaban el movimiento libertario de la RDA de “anticomunista”, much@s anarquistas de ambos lados de la frontera se alegraron de la “caída del Muro” y el incipiente “hundimiento del capitalismo de Estado”.

martes, 17 de noviembre de 2009

EL DEPORTE TAMBIEN SALTO EL MURO


IÑAKI IZQUIERDO SAN SEBASTIÁN.DV. El día que cayó el Muro de Berlín Michael Ballack tenía 13 años. Jugaba con sus amigos en las calles de su pueblo, Görtlitz, en la República Democrática Alemana. Su club era el Motor, de la cercana ciudad de Karl-Marx-Stadt. Hoy, Ballack es una de la máximas figuras del fútbol internacional, juega en el Chelsea de Londres, suele ser capitán de la selección alemana y Karl-Marx-Stadt no ha cambiado de sitio pero ahora se llama Chemnitz.
El deporte, como parte integrante de la sociedad, también sintió los efectos de la caída del Muro el 9 de noviembre de 1989 y la reunificación alemana. Ballack aún era un niño cuando sucedió todo y es un caso extraño porque, pese a la fuga de talentos hacia el Oeste, Ballack se mantuvo en el Chemnitzer, en el Este, hasta 1997, cuando el Kaiserslautern aprovechó la decadencia del club, hundido en tercera división, para ficharle.
Sin embargo, hubo muchos deportistas de élite a quienes el terremoto de 1989 les pilló en mitad de sus carreras. En el fútbol, el caso más conocido fue el de Matthias Sammer, centrocampistas de enorme despliegue, personalidad tremenda y fuerza incontenible. La caída del Muro le cogió en el Dínamo de Dresde y en 1990 ya le había fichado el Stuttgart, de la parte occidental. En dos años pasó al Inter de Milán y de ahí al Borussia Dortmund, donde alcanzó el éxito y ganó la Copa de Europa.
Antes de la caída del Muro, Sammer había jugado 23 veces con la Alemania Democrática. La reunificación no le apartó de la selección. Disputó 51 partidos con la República Federal, la Alemania unificada. Es uno de los ocho futbolistas que fueron internacionales en los dos lados. Sólo él y Ulf Kirsten fueron figuras en tras la reunificación.
Kirsten, compañero de Sammer en el Dínamo de Dresde, fue el primer germano oriental en pasarse a la Bundesliga. Delantero al que comparaban con Gerd Muller, fichó en 1990 por el Bayer Leverkusen, donde jugó 14 temporadas y sigue como técnico de la base. Fue cien veces internacional con Alemania, 49 con la del Este y 51 con la unificada.
La Bundesliga del Oeste
Si en el plano individual los futbolistas del Este tuvieron poco peso en la nueva Alemania, la caída del Muro significó el principio del fin para los clubes de la RDA. Ninguno ha ganado el título de Liga en estos 20 años y, tras el descenso del Energie Cottbus en mayo pasado, ahora no queda ningún equipo de la zona oriental en la Bundesliga.
El Cottbus es el equipo de la canciller Angela Merkel, también originaria de la Alemania del Este. Su máximo éxito fue llegar a la final de Copa de 1997 para perder ante el occidental Stuttgart.
El Muro cayó en 1989, pero la DDR Oberliga se disputó hasta 1991. Tras la reunificación, sólo dos equipos, el Hansa Rostock y el Dínamo de Dresde, se integraron en la competición de la RFA. La primera Bundesliga unificada fue la 1991/92.
La mayoría de los clubes de la antigua RDA deambulan perdidos por las categorías inferiores, como el Dinamo de Berlín, que fue el equipo de la Stasi y gran dominador de aquella Liga, milita hoy en la NOFV-Oberliga Nord, de la quinta división.
Antes de la caída del Muro, el fútbol germano oriental sólo logró un triunfo internacional, la Recopa de Europa en 1974 que ganó el Magdeburgo -hoy hundido en una liga regional- al derrotar al Milán. El Carl Zeiss Jena (hoy en Tercera) y el Lokomotiv Leipzig (en regional) fueron finalistas en esta misma competición en 1981 y 1987 ante Dinamo Tbilisi y Ajax de Amsterdam, respectivamente.
El gol del jugador del Magdeburgo Jurgen Sparwasser que dio la victoria a la RDA ante la RFA en el Mundial de Alemania 1974 fue una oportunidad que el régimen comunista no dejó pasar para su propaganda, pero el fútbol de la RDA nunca estuvo a la altura del de sus hermanos occidentales.
Excepción del balonmano
Magdeburgo, sin embargo, representa el éxito de otra disciplina deportiva en la Alemania del Este: el balonmano. El Magdeburgo fue el dominador de la Liga en la RDA y también ha ganado la Bundesliga unificada. Pero no sólo eso, desde 1989 ha logrado, entre otros éxitos, una Liga de Campeones, tres EHF, una Liga, una Copa y dos supercopas. Antes de la caída del Muro era uno de los mejores equipos del mundo (dos copas de Europa, entre otras cosas) y veinte años después sigue siéndolo.
Pero es una excepción a la regla. El Magdeburgo es el único equipo del Este en la Bundesliga. Los otros 17 son de la antigua RFA. Por sus filas han pasado todo tipo de figuras, entre ellos el jugador proveniente del Este más mediático, Stefan Kretzschmar. Nacido en Leipzig, en 1989 tenía 16 años y ya jugaba en el Dinamo de Berlín.
Su viaje a occidente le llevó al Gummersbach, pero regresó al Magdeburgo para finalizar su carrera, hace dos años. Además de por su extraordinaria calidad, Kretzschmar se hizo famoso por sus múltiples tatuajes y piercing. Se convirtió en una celebridad y en un habitual del papel couché.
En el Este, los deportistas de élite tenían ciertos privilegios, pero resultaban ridículos ante las posibilidades que tenían sus colegas occidentales. Kretzschmar vio claro el mundo que se abría ante él y no dejó pasar la oportunidad.
Tuvo un romance con Franziska Van Almsick, la deportista proveniente del Este más popular en Alemania. Además de magnífica nadadora, Franzi era una «famosa» en el más amplio sentido de la palabra, con apariciones en el mundo de la televisión, la moda y el cotilleo incluidos. Ambos se hicieron millonarios.
A Van Almsick, nacida en Berlín Este, la caída del Muro le cogió con 11 años, pero ya estaba en el omnipresente Dinamo, y en 1993, sólo cuatro años después, ya fue elegida nadadora del año por Swimming World magazine. Ganó diez medallas olímpicas para la nueva Alemania unificada -ninguna de oro-, fue doble campeona del Mundo y 18 veces campeona de Europa, entre 1993 y 2002.
Ullrich llegó del Este
La RDA aportó a la nueva Alemania atletas de muchas disciplinas, pero el paso del tiempo hizo languidecer al deporte oriental. El ciclismo fue la excepción gracias sobre todo a Jan Ullrich. El único vencedor alemán del Tour de Francia nació en Rostock en 1973, por lo que cuando cayó el Muro ya había completado su formación en la estructura del deporte oriental, en el Dínamo de Berlín, y sus brutales cargas de entrenamiento.
Ullrich se pudo beneficiar durante toda su carrera profesional del cambio de sistema. Ganó el Tour de 1997, con 23 años, una edad muy temprana para el ciclismo, y se abría ante él un futuro sin límites. No ganó ninguno más. Su adaptación rápida al estilo de vida occidental le pasó factura. Dotado de un talento descomunal, siempre pareció llegar falto de forma a las grandes citas. Lance Armstrong hizo el resto.
La caída del Muro también permitió a los aficionados ver en directo a campeones a los que sólo conocían por referencias de sus hazañas en la Carrera de la Paz, el Tour del Este: Uwe Ampler, Uwe Raab y, sobre todo, Olaf Ludwig. La caída del Muro les cogió ya más veteranos y trataron de prolongar sus carreras al máximo.
Fueron muchos más los deportistas que vieron sus carreras atravesadas por aquel acontecimiento histórico. Sin embargo, veinte años después, parece que el deporte alemán es una cuestión que se dirime en el Oeste, como tantas otras en la Alemania unificada.

http://www.diariovasco.com/20091101/deportes/mas-deportes/deporte-tambien-salto-muro-20091101.html

lunes, 16 de noviembre de 2009

LA CRISIS ALEJA EL SUEÑO CAPITALISTA EN LETONIA


El país báltico sufrirá este año una caída del PIB del 18%, la mayor del mundo - El colapso económico obliga a buscar un modelo de crecimiento alternativo
ANDREA RIZZI (ENVIADO ESPECIAL) - EL PAIS



Dos décadas después de la desaparición del Muro de Berlín, EL PAÍS inicia la publicación de una serie de reportajes sobre los Estados de Europa central y del Este que se liberaron entonces de las dictaduras comunistas
Enfundado en ropa vieja pero limpia, periódico abierto entre las manos, Oleg Lukoshko aguarda su turno en una cola de unas 80 personas que se alarga sobre una escuálida acera de la periferia de Riga. Los letones creían haber tumbado para siempre las colas humillantes junto con sus peores pesadillas soviéticas, pero el capitalismo también puede infligir esperas infames a sus adeptos. Unos 30 metros más adelante, desde un portal verde que se abre todos los días a las doce, personal de un monasterio ortodoxo distribuye sopa de verduras y pan gratis.
"Me quedé en el paro hace un año", dice Oleg en la cola de la beneficencia
A diferencia de muchos de sus compañeros de espera, cuyos alientos delatan asiduas relaciones con el alcohol, Oleg, de 52 años, tiene el tipo de pinta que uno no se esperaría encontrar ahí. No es el único que no encaja. La recesión de caballo que azota a Letonia no parece mirar a la cara a nadie. El país báltico, junto con su vecino Lituania, sufrirá la contracción del PIB más fuerte del mundo en 2009: una caída del 18%, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).
"Me quedé en el paro hace más de un año, el subsidio de desempleo dura sólo nueve meses, hay que pagar el alquiler. Mis hijos me ayudan lo que pueden, pero no es suficiente", resume Oleg, que presume de su formación de soldador de astillero y de su calificación de sexto grado en la escala profesional soviética.
El ascenso del paro ha sido vertiginoso en Letonia, un país con 2,3 millones de habitantes. En septiembre, la tasa se situaba en el 18%, frente al 8% de hace un año. Una situación dramática, si se considera que el Estado está al borde de la bancarrota. Sólo un rescate de 7.500 millones de euros -un tercio del PIB del país- liderado por el FMI y la UE lo ha mantenido a flote.
El impacto brutal de la crisis ha agrietado de repente el sueño de bienestar y libertad que animó el apasionado abrazo del país a Occidente tras la independencia lograda en 1991. En la actual década todo parecía ir viento en popa. Tasas de crecimiento del 10%, admisión en la UE y en la OTAN, mejores sueldos. Se hablaba de tigre báltico.
"En 2005 ya empezamos a advertir que iba todo demasiado rápido, que había demasiado crédito fácil y consumo, y poca producción de bienes. Pero los políticos no pisaron el freno a tiempo", comenta Andris Vilks, asesor para Economía y Finanzas del actual primer ministro, que tomó posesión del cargo en marzo.
La balanza de pagos con el exterior arrojaba cifras rojas del 20% del PIB al año, la deuda del sector privado se disparaba. Letonia vivía por encima de sus posibilidades. La película se acabó de repente y empezó un doloroso ajuste de cuentas. En enero pasado hubo disturbios en Riga, con un centenar de detenidos. Cayó el Gobierno. El país parecía a punto de irse al garete.
La comunidad internacional no lo permitió. Las repercusiones sobre países vecinos y varios grandes bancos habrían causado daños mucho más allá del reducido tamaño de la economía báltica. "Ahora la situación es algo más estable. El cuadro macroeconómico mejora, aunque el social sigue empeorando. El paro seguirá creciendo. Pero no tenemos otra elección que duros recortes de gasto", dice Vilks.
Así, en la misma cola de Oleg, se halla también Pavils, de 55 años, guardia fronterizo jubilado. "Yo cobraba 158 lats. Ahora me dan 142 (poco más de 200 euros)", dice. A los jubilados hubo que recortarles la pensión un 10%. Profesores, médicos y policías... todos han ido a peor. Los servicios básicos tiemblan bajo los golpes de tijera. Como Oleg, Pavils tiene las manos limpias y lleva una revista de historia en la bolsa.
"Algunos dicen que, ganada la independencia de Moscú, la hemos perdido ahora a favor del FMI y Bruselas", comenta Janis Dripe, ex ministro de Cultura y presidente de los arquitectos de Riga. "Es cierto que somos de alguna manera prisioneros. Pero creo que, a pesar de la frustración, sigue primando un sentimiento de libertad. ¡Al menos ahora somos víctimas de nuestros propios errores!", observa.
"Hubo mucha ingenuidad. Creímos que tras entrar en la UE todo podía ir sólo a mejor. La gente se endeudó locamente y dio rienda suelta a sueños acumulados durante décadas de penurias", reflexiona el director de la Biblioteca Nacional, Andris Vilks (casualmente homónimo del economista). "Ahora hay varias cosas que me preocupan", dice. Se interrumpe. Se acerca a una estantería y vuelve con un ladrillo. "Con esto rompieron una de nuestras ventanas durante los disturbios de enero. El desorden social puede ser un problema. Pero, más todavía, me preocupan la criminalidad y la emigración".
Por las calles de Riga, las octavillas que publicitan cursos de yudo invitan a prepararse para defenderse en la selva en que podría convertirse la ciudad. La emigración es un espectro inquietante en un país con un claro declive demográfico.
Quienes se queden tendrán que poner el país en un nuevo carril, reformular un modelo que ha fracasado. No les falta talento y cultura para lograrlo.
-¿De dónde viene usted? Ah, España. ¡Siempre soñé con visitar el Prado!-, dice uno de los ciudadanos que hacen cola con Oleg y Pavils.


domingo, 15 de noviembre de 2009

VARIOS ANALISIS SOBRE EL MURO DE BERLIN

(Muro de división en Melilla)
20 AÑOS DE LA CAIDA DEL MURO DE BERLIN

Este mes se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín que permitió pasar libremente de un lado a otro a miles de alemanes, nada más. Como pasa el tiempo verdad, si parece que fue ayer cuando veíamos cientos de Alemanes del Este picar el muro que no les dejaba de ver las bondades del capitalismo, para la mayoría de ellos este sería su último trabajo ya que miles de ellos se irían al paro, hasta la fecha imposible en la RDA. Pero es lo que tiene la libertad de mercado, que para que unos vivan bien la mayoría tiene que ser explotada. ¡20 años! Y ha pasado de todo, se han construido más muros, como el de Melilla, Sahara, Israel, pero no pasa nada, estos son normales y necesarios dentro de la verborrea socialdemócrata vendida al capital. El muro cayo,, como deberían de caer todos, y la única melodía que nos ha dejado, no fue precisamente la de U2 en la puerta de Brandemburgo, la melodía la puso en los bombardeos B52 (orden dada por otro socialdemócrata que ha recibido su premio siendo contratado por ACCIONA) arrasando Belgrado o Gaza o tantas partes del mundo, pero lo vergonzoso fueron los 250 alemanes que murieron en atravesar ese muro ignominioso que dividió el mundo, los otros son daños colaterales de sistema métrico decimal.
Yo, que soy muy empático, me pongo en la piel de estos alemanes deseando que llegue la ansiada libertad, que lucho por ella, que soy de una sociedad clandestina para acabar con el estado y cuando por fin se consigue derrocar al gobierno y cuando llega el nuevo estado, seis meses después me despiden de mi trabajo, me ponen un alquiler altísimo en la casa que tenía del estado y me hacen pagar por un montón de cosas que eran gratuitas , yo creo que esto es para cabrearse o por lo menos pedir la hoja de reclamaciones para quejarse de que eso no es lo que le habían dicho o contado. Es el precio de la libertad de comprarse un BMW o un AUDI.
Llevamos una semanita de cuidado con esto de muro, una semanita que estoy harto de escucha sandeces de cuidado, de defensores de los derechos humanos como Bush padre, de artistas también opinando sobre estas cosas (que tienes todo el derecho del mundo) e incluso a la Cadena SER que un día de estos se va al mismísimo Berlín ha hacer un programa especial con el patrocinio de algún banco, el mismo que embarga cientos de viviendas de los trabajadores españolitos sin importarles nada los derechos humanos. ¡Como nos vende humo!
Me quedo con las palabras de la Canciller Alemana Ángela Merkel en una entrevista que le ha hecho la TVE y que hacía referencia a los trabajadores que se dedicaban a la agricultura en la RDA que según sus palabras “paso de un doce por ciento a un uno por ciento cuando los dos países se unieron, a los trabajadores excedentes no se los podía manda a Múnich claro está, ni tampoco se podía hacer nada con ellos” y aquí termino su frase, queriéndonos decir que ese excedente se quedo en la indigencia más absoluta. En estas palabras se condensa todo lo que vino para los alemanes del Este después. Pero como saben el derecho al trabajo es algo tan elástico como un chicle.





ULTIMO COHETE DE LAS CELEBRACIONES DEL MURO DE BERLIN

Me emocione... mucho... al oír el discurso de Iñaki Gabilondo en el Canal Cuatro a las nueve de la noche. A todo españolito de bien se le tuvo que poner la carne de gallina al escuchar semejante sinfonía de uno de los mejores periodistas de este país. Parecía que estaba en la noche del 24 de diciembre oyendo a nuestro monarca con la diferencia de la fecha, 9 de noviembre, y que Iñaki habla mejor, no tenía ninguna fotografía con la family real, unos libros y la bandera monárquica a su espalda. Nos hablo de la libertad y de cómo los muros lo hacen los hombres y los tira la historia y de tantas palabras bonitas y rimbombantes. Llego un momento que me emocione tanto, que me puse de pié y con la mano en el pecho tararee nuestro himno nacional entre lagrimas y VIVAS A ESPAÑA y a nuestra modélica democracia. Como no, compaginó palabras como comunismo y sistemas putrefactos pero sin ninguna mala intención, es Iñaki y todo lo que hace y dice lo hace desde su bondad. Fue muy valiente en denunciar los otros muros que se han construido después de la caída del de Berlín y fue más valiente aún al referirse a la valla que divide Melilla, no como frontera sino también como muro. Referencias también dedico a otros muros no físicos como el de las desigualdades, entre multimillonarios y las diferencias que existen entre países pobres con respecto aquellos olvidándose que también en nuestro modelo de sociedad, la nuestra, la genuinamente ibérica, existen este tipo de desigualdad y si no vean la diferencia de salario de nuestro buen Iñaki y un trabajador que gane 800 euros mensuales y con esto no quiero decir que nuestro icono Iñaki no se lo merezca. Oyendo todas estas cosas no me quedó claro de quien era la culpa, puede ser del capitalismo o de vete tú a saber, el en ningún momento hizo referencia a el como algo malo pero si nos dejo caer el binomio comunismo putrefacción como algo muy malo, pero creo que Iñaki no tenía ninguna mala intención en esto, simplemente se le olvido las maldades del gran capital. Tampoco aporto ninguna solución a los muros y las desigualdades que dividen al ser humano, pero creo también que sin ninguna mala intención ya que todos intuimos de alguna manera, que nuestros problemas nos los genera el capitalismo y no hace falta hacer ninguna mención a ello.
Iñaki aportó su granito de arena para lavar conciencias progresistas al hablar de estas cosas de la libertad y las denuncias de las diferencias sociales siendo este el peaje necesario y diario que todo que se considere de izquierdas debe de hacer por lo menos para poder dormir tranquilo. Y con este doy por zanjadas mis estradas referidas a la caída del Muro de Berlín prometiéndoles que si me vuelven a provocar volveré, y que si no lo hacen, dentro de cinco años volveremos a hablar del tema cuando se celebre por todo lo alto los 25 años de aquel hecho histórico


POR ENESIMA VEZ, EL MURO DE BERLIN.

Mira que les prometí no volver sobre este tema, pero es que no me dejan de dar la matraca con el y yo que soy de sangre muy caliente tengo la necesidad imperiosa (que no Imperioso con el caballo del Gil y Gil) de salir a la palestra a cantar las verdades del barquero.
Resulta que ahora los comentaristas del diario PÚBLICO (y otros del ala izquierda de nuestras sociedad) y a la cabeza uno de los grandes Nacho Escolar, andan pesarosos por lo que supuso la caída del Muro de Berlín y todas las consecuencias que hemos tenido después y lo que nos toca por pasar. ¿Pero que se pensaban? Yo como saben ustedes, no soy una persona que haga unos análisis buenos, todo lo contrario, son subjetivos y tendenciosos, (yo por lo menos lo reconozco) cuando todo el bloque del Este de Europa se desmoronó me imaginaba todo lo que se nos venía encima. Recuerdo una imagen que se me ha quedado retenida en mi retina cuando la bandera de la URSS fue arriada y sustituida por la tricolor de los Zares de todas las Rúsias, en mi pensamiento surgió la reflexión siguiente: “me da la sensación que algo estamos haciendo mal en todo esto y la que nos va a caer” y efectivamente así ha sido. Cuando parte de la izquierda apoyaba sin fisuras la caída del Muro y se caminaba de la mano de otros sectores capitalistas en esta brutal critica no se estaban dando cuenta que lo que hacían era alimentar a una bestia que era difícil de parar luego en el futuro. Cuando nadie levanto la voz (yo sí) a que un país reconocido por la ONU fuera literalmente fagocitado por otro, sin ningún proceso democrático de por medio, estábamos también dando aire a ese monstruos al que he hecho referencia antes. Cuando gran parte de la izquierda le sacudió el polvo de la caída “porque no había nada bueno detrás de muro”, no se daban cuenta que estaban suministrando gasolina al pirómano del mercado “libre” y la desaparición de los derechos sociales. Se hicieron los sordos ante el clamor popular de los ciudadanos de la RDA “somos un pueblo” “queremos más socialismo” o “cuando se cantaba la Internacional” en las concentraciones de Leipzig. Al final fueron compradas sus voluntades con dinero del Oeste. Los fuegos artificiales y la fiesta permanente que se organizaron nos impidieron ver la realidad que ahora estamos sufriendo.
Cuando el muro cayo, solo se pretendían tres cosas, una desaparición de un referente socialista a que otro mundo era posible (con sus reformas en cuanto a las libertades individuales), dos abrir un inmenso mercado para los productos del “mundo libre” para darles salida (por eso hemos tenido estos años la expansión económica que hemos tenido –también reflexionado por mi-) y tres, borrar del mapa a la izquierda emancipadora.
Ahora los análisis y las correcciones son demasiado tarde para solucionar nada, solo nos queda por hacer el parchear este sistema putrefacto que nos ha tocado domar.

lecorbusier

http://estetica-de-la-maquina.blogspot.com/

viernes, 13 de noviembre de 2009

EL MURO DE BERLIN NO SE ABRIO EN EL LUGAR DONDE SE CREIA



Lo afirman protagonista del hecho histórico en un documental de la televisión alemana transmitido hoy. Hasta ahora se decía que los primeros berlineses del este pasaron por el puesto de la calle Bornholmer, pero en realidad fue por el de la Walterdorfer Chaussee.

El Muro de Berlín se abrió la noche del 9 de noviembre, pero no en el puesto fronterizo de la Bornholmer Strasse, como se viene diciendo desde hace 20 años, sino en el sur de la ciudad, revelaron hoy protagonistas del hecho en el canal ZDF de la televisión pública alemana.
Hasta ahora, se decía que el puesto de Bornholmer Strasse (al norte de Berlín) fue el primero en ser abierto a Occidente. En un documental titulado "El más bello error de la historia", dos testigos cuentan que fue en el puesto fronterizo de la Walterdorfer Chaussee donde los primeros berlineses del este pasaron a Occidente sin dificultades, informa el diario francés Le Monde.
El 9 de noviembre de 1989, el portavoz del comité central del SED (partido comunista gobernante) Günter Schabowski anunció la apertura inmediata del Muro, error de comunicación que significó un viraje decisivo en la historia alemana.
Heinz Schäfer, en aquel momento comandante del puesto fronterizo de la Waltersdorfer Chaussee, contó en ZDF haber oído la noticia en su casa. De inmediato se precipitó a su puesto, confiscó todas las municiones de sus soldados y les ordenó dejar pasar a los ciudadanos. "Entre las 20:30 y las 21 cruzaron por aquí, estaba abierto," revela en el documental."Cuando se dice hoy que el puesto fronterizo de Bornholmer Strasse fue el primero en abrirse hacia las 22.30 horas, a esa hora centenas de personas ya habían pasado al otro lado a nuestro puesto fronterizo" asegura Schafer.
Algo que confirma en el mismo documental Andreas Gross, uno de los primeros que atravesó el puesto de Waltersdorfer Chaussee junto a su cuñado.
Hacia cerca de las 20.30 horas "nos acercamos al puesto fronterizo, dubitativos en un principio y dijimos cortesmente que habíamos escuchado que era posible viajar sin ningún problema a la República Federal", recuerda.
"Y allí el guardia fronterizo nos responde: "sí, eso es posible" a lo que le digo "bueno, queremos hacerlo ahora" cuenta.
En el marco de los festejos por los 20 años de la caída del Muro, la canciller Angela Merkel va a volver a recorrer el sendero junto a los berlineses del Este que atravesaron el muro para pasar al Oeste la noche del 9 de noviembre de 1989, en Bornholmer Strasse.

jueves, 12 de noviembre de 2009

"MI PENSAMIENTO SIGUE VIGENTE" MARGOT HONECKER




Por: Claudia Farfán M.
Fue una de las mujeres más poderosas de la órbita soviética, pero hoy Margot Honecker camina por las calles de La Reina como una simple vecina. Justo cuando se cumplirán 20 años de la caída del Muro de Berlín y el fin de la RDA, indagamos sobre la vida en Chile de la otrora influyente primera dama. Una cosa está clara: aún reivindica el régimen que encabezó su marido, Erich Honecker.
Margot Honecker decidió usar una antigua blusa color gris con tenues brillos para la celebración que la esperaba esa tarde del miércoles 7 de octubre pasado. La prenda estaba casi intacta en su clóset, pese a que muchas veces la había lucido antes de la caída del Muro de Berlín. Por unos segundos, frente a un espejo de su actual residencia en La Reina, el tiempo retrocedió más de dos décadas y ella se vio a sí misma vestida como en su época de esplendor. Pero el reflejo mostraba a una mujer de 82 años de edad, que se preparaba para festejar en Chile los 60 años que habría cumplido la República Democrática Alemana.
Salió de su casa en el condominio Andalué pasadas las siete de la tarde. Con paso ágil y una postura erguida, poco frecuente para alguien de su edad, se despidió de algunos vecinos con la usual amabilidad con que siempre los trata. Menos suerte corrieron los periodistas que también la esperaban ese día, en las afueras de su vivienda, a quienes ella ni siquiera divisó mientras abandonaba el lugar a bordo de un auto.
Cuando uno le hace preguntas, esta mujer de 82 años sonríe con simpatía, pero nunca deja de mirar con desconfianza. Algo de eso proyectaba la mañana del jueves 1 de octubre, mientras caminaba por su barrio, e insistimos en conversar con ella. -¿Existe alguna buena biografía suya en Alemania? -¡No, ninguna! Todo lo que se ha dicho allá ha sido malo.
A diferencia de los tiempos en que era la primera dama de la RDA, Margot Honecker iba sin guardaespaldas. Y en contraposición a lo que ocurría en Berlín Oriental en esos años, cuando sus discursos eran televisados ante millones de alemanes, esta vez la cita era muy íntima, en una sencilla casa de Ñuñoa que pertenece a Marta Friz, una antigua militante comunista chilena que fue amiga entrañable de Gladys Marín. Friz y los otros 25 invitados estaban ahí para agradecer la solidaridad que recibieron en la ex RDA mientras vivieron su exilio. En su mayoría, eran profesionales y dirigentes intermedios del PC y del PS.
En el encuentro, Margot Honecker estuvo relajada. Como pocas veces logra hacerlo mientras está en una reunión social. Sabía que ninguno de los presentes le enrostraría aquella imagen de implacable primera dama y ministra de Educación que le atribuían sus detractores de la RDA y que para ella es un temor con el que ha vivido los 17 años que lleva en Chile. Porque está consciente de que su nombre aún desata una resistencia profunda entre miles de alemanes.

Sin guardaespaldas ni chofer, la ex mujer fuerte de la RDA lleva una vida solitaria en Santiago.
Pero esa tarde del 7 de octubre, sólo recibió elogios. Una de las presentes alabó incluso la blusa de color gris que ella conservaba de sus años en el poder. Margot esbozó una tenue sonrisa. Y pocos minutos después sorprendió a los invitados con una cerrada defensa del gobierno socialista que encabezó su marido Erich Honecker. En un pausado español, leyó el discurso que había preparado y que en una de sus partes principales dice: "Todo lo logrado (en la RDA) no se puede borrar ni negar, eso permanece no sólo en la memoria, sino que hay una juventud que reflexiona al respecto y que dice: debemos construir otra sociedad; como fue aquel tiempo".
Durante estos años en Chile, ella se ha cuidado mucho de no emitir opiniones políticas. Pero esta vez quiso dejar claro que seguía firme en sus convicciones, a pesar de haber transcurrido casi 20 años desde aquel 9 de noviembre de 1989 en que cayó el muro que dividía a las dos Alemanias y que significó para ella y su marido -ya entonces destituido de la jefatura de Estado- iniciar un largo y definitivo destierro.
El silencio de Margot
Margot Honecker lleva una vida solitaria desde que se radicó en Santiago en julio de 1992. Ha optado por salir lo menos posible del refugio inexpugnable en el que convirtió su casa en La Reina, en la cual ha vivido estos 17 años. Primero, tomó los resguardos necesarios para no exponer en público a su marido. Y después de la muerte de Erich Honecker, en mayo de 1994, se mantuvo inflexible en su decisión de tener un bajo perfil público.

Erich Honecker, el hombre que gobernó la RDA durante 18 años, junto a su mujer en 1993.
Jamás ha dado una entrevista. Nunca, a pesar de las muchas veces en que los periodistas han tratado de conmoverla aduciendo largas horas o días de espera en las inmediaciones de su condominio. En esos casos, su carácter suele ser tan inflexible como sus convicciones políticas. Aunque a veces, muy escasas veces, puede mostrar cierta consideración.
Ocurrió el pasado lunes 28 de septiembre, a las 11:30 de la mañana. Margot Honecker se bajó rápidamente del radiotaxi que la traía del supermercado Lider, situado en Príncipe de Gales con Padre Hurtado, a sólo dos cuadras de su casa. Pese a su avanzada edad, sorprende la agilidad con que se mueve. Cuando se dio cuenta de que la esperamos, corrió para no ser interceptada en la calle. Sin embargo, en el portón de entrada, repentinamente se detuvo.
-Señora Margot, ¿leyó la carta que le dejamos hace unos días pidiéndole una entrevista?
-Sí, la he visto. Yo les he escrito una carta también, pero está en alemán. Espere un momento, que la voy a traer.
La señora Honecker habla un español difícil de entender. Se muestra amable. Deja las bolsas con las compras en el antejardín y entra a su casa. Su promesa, sin embargo, cae en el vacío. No vuelve a aparecer. Envía su carta con el conserje de la comunidad.

http://www.quepasa.cl/articulo/19_1203_9.html

miércoles, 11 de noviembre de 2009

¿POR QUE SE CONSTRUYO EL MURO DE BERLIN Y POR QUE CAYO?


Malime

Quien haya tenido la oportunidad de visitar con espíritu crítico, no burocrático, alguno de los países del llamado “Socialismo Real” podrá explicarse la base material objetiva que dieron lugar a aquel muro y su posterior caída que arrastró al conjunto de ese “Socialismo Real”, capitaneado por el país con mayor poder burocrático socialista que era la URSS.

Los condicionantes históricos en que se fraguó aquel socialismo que en su origen llenó de ilusión a los trabajadores y de temor al orden capitalista, comenzó a degenerarse sobre todo por la prematura muerte de Lenin el revolucionario que más desarrolló la filosofía marxista en la praxis, agudizada por la guerra interior y exterior, el aislamiento que tuvo que soportar la joven revolución rusa en un país, donde, como el propio Lenin dijo no se daban las condiciones objetivas para que el socialismo pudieran mantenerse, que determinaron el posterior desarrollo más burocrático que revolucionario de aquel socialismo en Rusia y en los demás países. Tal vez el error de Lenin fue el de confiar en que la experiencia soviética influyera en los países europeos más desarrollados y la revolución internacional triunfase, ayudando a aquel país tan atrasado que era Rusia.



Gracias a Lenin si se logró desarrollar las condiciones subjetivas hasta hacerla objetiva, que dieran lugar a la revolución más importante en la historia de los explotados, y que posteriormente ante el desarrollo del imperialismo fascista alemán y tras el fin de la II Guerra Mundial influyera sobre todo en los países de la Europa oriental invadidos por el nazifascismo, liberados con la ayuda “soviética”.



Tras la muerte de Lenin el poder soviético, es decir, los trabajadores liberados del trabajo enajenado que dijera Marx, organizados como clase dominante de abajo arriba controlando desde los centros de producción la actividad productiva-política, no se desarrolló. Los partidos comunistas se erigieron en clase dominante impidiendo la democracia directa y permanente de los trabajadores. La sociedad socialista siguió dividida en sociedad civil, la de los ciudadanos productores y en clase política al estilo capitalista hegemonizada por el partido dominante por muy comunista que se denominara. El papel eminentemente educador que corresponde a un partido con una filosofía con base científica que debe llevar al conjunto del pueblo, mediante la praxis, teoría y práctica, nunca se llevó a efecto.



Aquel socialismo burocratizado que interpretó el marxismo de forma economicista, siguiendo las pautas desarrollistas del capitalismo, permitió un alto grado de desarrollo tecnológico y productivo, a fuer de cercenar la democracia participativa de los trabajadores controlando el poder político-productivo que debió ser el desarrollo del poder soviético, dando lugar al trabajo enajenado impuesto desde las alturas burocráticas.



La planificación burocrática impuesta desde arriba, sin la participación directa del pueblo, tuvo aspectos positivos en cuanto a la formación del pueblo sobre todo en el aspecto técnico productivo, multitud de ingenieros y técnicos con salarios muy inferiores a los existentes en mundo capitalista. Cualquier ciudadano tenía derecho a la formación especializada, cosa que no es posible en el capitalismo donde las familias más adineradas son las que pueden acceder a la Universidad y los master. Aquella enseñanza tenía un coste que se detraía de aspectos de consumo no básico como los que vemos en los países capitalistas, con productos innecesarios pero que proyectan una visión de falsa riqueza y que contribuyen al consumismo estúpido del pueblo enajenado y que como estamos comprobando está deteriorando el medio ambiente y amenazando la propia existencia de los seres humanos y demás especies.



El Muro se construyó para impedir que los enajenados ciudadanos de la Alemania Oriental, mejor preparados tecnológicamente se pasaran al paraíso capitalista donde eran mucho mejor retribuidos y podían disfrutar de los falsos manjares del capitalismo consumista y depredador. El gran error del socialismo burocrático fue el no comprender el marxismo en algo tan básico como es que, los trabajadores estén organizados como clase dominante ejerciendo el poder directamente, sin intermediarios, sin delegar su responsabilidad política en ninguna clase política.



Cuando al ser humano se le discrimina de forma tan brutal hasta considerarle una mercancía de usar y tirar como sucede en el capitalismo, por muy buenas intenciones que pudieran tener los Stalin de turno y los que le siguieron, los Honecker de Alemania y los de los demás países socialistas, esos mandatarios son los responsables de la enajenación del pueblo. El pueblo trabajador por nacer en esa condición no nace con conciencia comunista, esa filosofía con base científica requiere de teoría y práctica, de la praxis que dijera Gramsci, cuando eso no se lleva a efecto, no se estimula de forma real, por parte de los partidos que se consideran marxistas, el retorno al paraíso de la mayor burocracia inhumana que es el capitalismo es cosa de tiempo.



En mi viaje a Cuba para asistir a las “III Jornadas sobre la obra de Carlos Marx y los desafíos del Siglo XXI”, en mi recorrido por la Habana Vieja, se me acercó un joven vestido con una camiseta de las Juventudes Comunista que conducía un taxi-bici, me comentaba que era descendiente de familia asturiana, y que se veía en esa condición de taxista para poder mantener su economía, que su proyecto como médico pediatra, era el de emigrar a España y ejercer su profesión que sabía era mejor retribuida que en Cuba. Decía que al solicitar el poder emigrar, el Estado cubano durante dos años le impedía ejercer su labor de pediatra. Después de una larga charla sobre el falso paraíso capitalista español, comprobé que su semblanza había cambiado, aunque no puedo asegurar que cediera en su empeño después de mis palabras que mutaron la expresión optimista que al principio tenía.



Pero aquella evidencia me mostró que en Cuba como dijo el propio Fidel el 17 de noviembre de 2005, el peligro de la revolución es interior. Ese joven no estaba liberado del trabajo enajenado, se veía como un productor al servicio de un Estado ajeno, no comprendía el sacrificio del conjunto de pueblo cubano para que pueda adquirir de forma gratuita esos conocimientos que en el mundo capitalista pueden estar mejor retribuidos, porque él no estaba organizado, no se consideraba parte del Estado de los trabajadores organizados como clase dominante, ejerciendo la democracia directa permanente.



Tampoco se consideran Estado ni dueños de las empresas en los lugares donde trabajan los empleados que roban gasolina, tabaco y otras cosillas que venden en un mercado muy poco negro. El peligro de la revolución no reside en los elementos antisociales que puedan darse en cualquier lugar, sino en que al no estar organizados los trabajadores como clase dominante ejerciendo el poder, controlándolo todo, los más atrevidos puedan robar sin que los demás compañeros de la empresa robada se lo impidan.



Para que la democracia popular funcione hay que sustituir el sufragio universal burgués que se ejerce cada cuatro o seis años por el sufragio permanente y directo, eligiendo a los mandatarios no por un tiempo, sino por un mandato a cumplir del que tienen que dar cuenta de él en todo momento, y con capacidad de revocar en cualquier momento cuando los electores le retiren la confianza depositada anteriormente, o por la simple razón de que ha surgido un compañero con mayor capacidad para desempeñar el cometido.